Personas que oyen voces: “Antes me sentía rara; ahora ya no”

Salud mental

Conjuntos permanentes de individuos que experimentan alucinaciones mantienen encuentros regulares, frecuentemente supervisados por expertos de la salud, a modo de tratamiento terapéutico.

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Marta Torrent y Joan Torres se encuentran entre los componentes de la agrupación de escuchadores de voces de Girona, entidad que suma ya una década de existencia. 

Pere Duran / Nord Media

Las Claves

  • El colectivo de escuchadores de voces de Girona celebra diez años reuniendo a personas que comparten experiencias auditivas y visuales singulares.
  • Susana Romero explica que estas voces suelen ser ecos de traumas pasados y no necesariamente síntomas de una patología mental grave.
  • Integrantes como Marta Torrent y Joan Torres encuentran apoyo en la biblioteca Carles Rahola para gestionar sus vivencias sin estigma social.
  • Esta iniciativa sigue el modelo de Intervoice y Marius Romme para transformar el vínculo emocional que los individuos mantienen con sus voces.

Alrededor de los 9 años, Marta Torrent (57) comenzó a percibir una silueta de forma habitual. En esa época, creía ser la única persona con una visión similar, lo que la hacía sentirse extraña. Efectivamente, extraña, aunque nunca agobiada: asimiló dicha vivencia en su existencia con naturalidad, sin repercusiones anímicas. Al cumplir los 35, aparte de continuar observando esa figura (que no cambia), comenzó a oír una voz. Al igual que ocurrió con la anterior, incorporó esta sensación a su rutina cotidiana sin otorgarle gran relevancia. Actualmente, Marta -quien carece de diagnóstico por trastorno mental alguno- forma parte del colectivo de escuchadores de voces de Girona, fundado en 2015 y que celebra su décimo aniversario este 2025.

Esta agrupación, vanguardista en Catalunya, tomó como referencia modelos establecidos previamente, específicamente durante la década de los 80 en los Países Bajos y Reino Unido. Entre sus promotores destaca el psiquiatra social holandés Marius Romme, quien atendía a personas que percibían voces y experimentaban malestar por tal motivo. En cierto momento, encontró a una enferma para quien los fármacos resultaban ineficaces y optó por un enfoque diferente: conectarla con otra persona afectada que compartiera la misma experiencia auditiva.

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El colectivo de oyentes de Girona, a lo largo de la reunión del pasado lunes 17 de noviembre. 

Pere Duran / Nord Media

Romme no se detuvo en ese punto. Avanzó un poco más y localizó a sujetos que, de forma similar a Marta, poseían la vivencia de oír voces sin que esto les perjudicara en su estado de ánimo. El propósito consistía en integrar a este colectivo con aquel formado por gente que experimentaba dicha situación con un profundo dolor. De este modo, dedujo que el inconveniente principal no radicaba en la audición de voces en sí, sino en el vínculo que el individuo generaba con las mismas y su manera de gestionarlas.

En aquel periodo surgieron las agrupaciones iniciales de oyentes, las cuales posteriormente originaron Intervoice, la organización global dedicada al análisis, la formación y la indagación acerca de la audición de voces, liderada por Romme y que actualmente dispone de cientos de colectivos en más de 25 naciones. Dicha entidad sostiene que aproximadamente el 13% de los habitantes del planeta las percibe. Diferentes investigaciones ubican esta cifra en un rango que oscila entre el 3% y el 10%.

Más de 200 individuos han integrado la agrupación de Girona a lo largo de diez años.

Ese planteamiento, consistente en reunir en un mismo espacio a gente que se encuentra estable con sujetos que atraviesan dificultades, optó por implementarlo en este sitio Susana Romero, especialista en psicología clínica del área de recuperación mental de l’Institut d’Assistència Sanitària y cofundadora del colectivo de oyentes de voces de Girona. 

Marta representaría un modelo del primer perfil (quien asimila adecuadamente la experiencia de oír voces); y Joan Torres (69), del segundo, al menos hace un tiempo. Los dos llevan años –ella, ocho; él, seis– asistiendo cada lunes a la biblioteca Carles Rahola de Girona, sitio donde el colectivo se junta durante sesenta minutos. Hoy en día conforman un núcleo estable de cerca de diez integrantes, aunque por dichos encuentros han circulado más de 200 individuos en diez años.

Anhelo que las voces no se alejen nunca

Marta Torrent

Marta, quien no utiliza fármaco alguno, descubrió la agrupación mediante una psicóloga que le dio información sobre ella. “Me fue muy bien empezar a asistir a estos encuentros. Descubrí que había otra gente que también escuchaba voces y veía sombras. Dejé de sentirme rara”.

Divorciada y viviendo con su hijo, asegura sentirse a gusto con las visiones que experimenta, las cuales suelen manifestarse cuando está bajo estrés. En ocasiones, comenta, dialoga con esas voces y ellas le contestan. Además, recibe un trato amable de su parte. Tanto es así que, si algún día se esfumaran, las extrañaría. “Ojalá no se vayan nunca. Supongo que las personas a las que las insultan, sí quieren que se vayan, pero a mi me tratan bien”, narra.

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Marta lleva ocho años en el grupo 

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Joan igualmente recibe comentarios positivos, si bien, al contrario que Marta, él tuvo una época muy difícil con ellas hace tiempo. Según afirma, las percibe incluso desde antes de su nacimiento. Por suerte, el panorama es diferente hoy en día. “Me siento bien con las voces. Puede ser que las echara de menos si dejaran de hablarme. No quiero que se vayan”.

No todas resultan agradables. Existen ciertas que manifiestan hostilidad. “Si la persona no tiene ninguna que sea compasiva, la tenemos que entrenar para que la tenga, es fundamental”, sostiene Susana Romero. Esta especialista aclara que gran parte de las personas que perciben voces han atravesado una o diversas experiencias traumáticas a lo largo de su existencia. “Son el eco de situaciones vividas”.

Representan el testimonio de experiencias previas.

Susana RomeroPsicóloga clínica

Se trata de la situación de Marta y Joan. Este último –progenitor de dos descendientes y diagnosticado recientemente con un cuadro psicótico, si bien no se medica- padeció vejaciones sexuales durante su infancia. “Todos los que estamos en el grupo hemos pasado por traumas psicológicos”, sostiene. Por este motivo Romero manifiesta –al igual que plantean todos los colectivos de escuchadores- que las voces no constituyen el efecto de una patología mental, sino “una manifestación y un intento de hacer frente a sufrimientos psíquicos o situaciones que los afectados todavía no han podido articular, elaborar ni registrar en su psique”.

En realidad –sostiene–, dialogar con los pacientes sobre sus voces le proporciona bastantes detalles acerca de su vida. “Son una puerta a su inconsciente, algo que hay que aprovechar. Les pregunto sin son de seres humanos o no, si hay niños pequeños, o mujeres, en qué idioma hablan… todo esto me da una gran cantidad de información sobre lo que han pasado y así poder ayudarles”.

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De la misma manera que Marta, Joan no quiere que las voces se marchen 

Pere Duran / Nord Media

Sostiene que el camino hacia la mejoría reside en lo que estos individuos decidan hacer con las voces que perciben. “Los que intentan evitarlas, como si no estuvieran, acostumbran a tener más. También los que piensan que están locos por tenerlas”.

Los integrantes del colectivo comprenden que mantienen su juicio y que carecen de razones para ocultarse, y mucho menos para sentir pena. Al contrario. Buscan ser reconocidos. Hasta tal extremo que mensualmente, al finalizar su encuentro, invitan no solo a sus allegados, sino a cualquiera que desee tratar con ellos. Pretenden demostrar que son mucho más que sujetos que perciben voces. En la actualidad solo resta que les dediquemos interés.

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