Sociedad
Juan José Omella

Juan José Omella

Cardenal arzobispo de Barcelona

¿Por qué no leemos más la Biblia?

Hoy la Iglesia celebra el Domingo de la Palabra de Dios y en las diócesis catalanas también iniciamos la 10ª Semana de la Biblia, cuyo lema es: “Que la Palabra de Cristo habite entre vosotros” ( Col 3,16). Espero que estos dos acontecimientos sean una ocasión para que descubramos la importancia de la Palabra de Dios en nuestra vida y en la vida de la Iglesia.

Seguramente todos nosotros tenemos en casa alguna Biblia. Puede ser la Biblia que nos regalaron cuando recibimos el sacramento de la Confirmación o la que hemos heredado de nuestros padres. Es posible que la tengamos en una estantería y que apenas la hayamos abierto, que sea tan solo un bonito adorno.

Cuando la leemos, descubrimos personajes a través de los cuales vivimos valores universales atemporales como la paz, la fraternidad, la justicia, la solidaridad y la belleza del amor

¿Por qué no leemos más la Biblia? Quizás por pereza, por poco interés o porque nos parece un texto desfasado que no tiene nada que ver con nuestra realidad. La Biblia es una carta de amor de Dios a la humanidad. Cuando la leemos descubrimos personajes a través de los cuales vivimos valores universales atemporales como la paz, la fraternidad, la justicia, la solidaridad y la belleza del amor. ¿Qué tesoros esconde este libro que ha sido traducido a tantas lenguas y ha sido escrito a lo largo de siglos?

La Biblia es un texto escrito en un contexto histórico que recoge relatos de la experiencia de fe del pueblo de Dios. Cuando la leemos aprendemos a conocer a Dios, aprendemos a conocer a Jesús. Descubrimos cómo amaba, cómo acogía a los más necesitados y cómo se relacionaba con Dios Padre. Pidamos a Cristo que la lectura de la Biblia nos ayude a tener sus mismos sentimientos.

Un hombre sujetando la Biblia
Un hombre sujetando la BibliaPUERTAS ABIERTAS / Europa Press

La Biblia nos ayuda a salir de nuestra zona de confort. En ella encontramos a personajes de diferentes épocas que sufren por su vulnerabilidad o por ser víctimas de situaciones injustas. Estas vivencias relatadas, sin duda, nos interpelan y nos mueven a comprender y a atender a nuestros hermanos vulnerables de hoy día.

La Palabra de Dios nos da fuerza para vivir la vida con alegría. Nos alimenta y cura nuestras heridas más profundas. Podemos decir que es una guía segura que ilumina nuestros pasos cuando nos sentimos perdidos y no encontramos sentido a la vida. La Palabra de Dios siempre está fresca, no caduca. Así lo expresa el profeta Isaías: “[…] se seca la hierba, se marchita la flor, pero la palabra de nuestro Dios permanece para siempre” ( Is 40,8). Es luz para interpretar muchas de las situaciones que vivimos y vive nuestro mundo.

Queridos hermanos y hermanas, cojamos la Biblia que adorna nuestro hogar, no tengamos miedo de abrirla. Y es que cada vez que leemos la Sagrada Escritura, Dios enciende una lamparita en nuestro interior. Dejemos que la Palabra de Dios habite en nosotros.

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