La huerta de invierno, el mejor escudo natural para el sistema inmunitario
Salud & Vida
La alcachofa, el cardo o el brócoli son ideales para integrar en el dieta, aprovechar su densidad nutricional y proteger así el sistema inmunitario frente a las bajas temperaturas

Llenar la despensa de verduras de temporada ayudará al cuerpo a combatir el frío
Con la llegada del frío intenso, la naturaleza activa un mecanismo de supervivencia en las huertas. Lejos de aletargarse, muchas hortalizas aprovechan las bajas temperaturas para concentrar sus azúcares y nutrientes, desarrollando una mayor densidad biológica que en otras épocas del año. Esta resistencia natural convierte a los mercados de estos meses en un refugio de vitalidad donde cada pieza ofrece la energía que el cuerpo reclama para protegerse del clima exterior y mantener el equilibrio metabólico.
Entre las protagonistas de los meses invernales destacan la alcachofa y el cardo, que actúan como bálsamos para nuestro organismo. La primera es rica en fibra soluble, lo que ayuda a estabilizar los niveles de energía y a procesar mejor las digestiones tras las comidas más contundentes del invierno. Por su parte, si se incluye el cardo en la dieta se estará logrando una de las mejores fuentes de potasio, que ayuda a combatir la retención de líquidos de forma natural.
Muchas hortalizas aprovechan las bajas temperaturas para concentrar sus azúcares y nutrientes, desarrollando una mayor densidad biológica
Para quienes busquen una hortaliza depurativa, el apio se presenta como el rey de los caldos gracias a sus aceites esenciales, que ayudan a relajar el sistema nervioso en los días de más fatiga. Más contundentes resultan el nabo y los grelos, fundamentales para dar ese sabor tan especial a los guisos de cuchara que tanto apetecen durante estos meses. Estas raíces ayudan a limpiar el organismo y provocan una sensación de saciedad sin aportar apenas calorías adicionales. También demuestra su gran resistencia al frío la col, una verdura muy versátil que funciona tanto en ensaladas como en platos fermentados, como el chucrut, ideales para cuidar la salud de la flora intestinal y fortalecer las defensas durante toda la estación.
Color y vitalidad a los platos
En esta época también ganan protagonismo las raíces como la zanahoria y la remolacha. La primera no solo es buena para la vista, sino que cuida la piel agredida por el viento y la calefacción, mientras que la remolacha es un ‘chute’ de energía para quienes mantienen su actividad física, ya que ayuda a que el oxígeno llegue mejor a los músculos. Disfrutarlas crudas o ralladas es la mejor forma de aprovechar sus vitaminas sin que el calor de la cocina las dañe, aportando color y vitalidad a nuestros platos.
La despensa de invierno se completa con el puerro y la cebolla, que funcionan como escudos protectores para nuestra salud respiratoria, sin olvidar tampoco las espinacas y acelgas, el remedio perfecto contra el cansancio gracias a su aporte de hierro y minerales.
Por su parte, las crucíferas, familia que incluye al brócoli, la coliflor y las coles de Bruselas, no solo refuerzan el sistema inmunitario gracias a su alta concentración de vitamina C, sino que también son una fuente esencial de vitamina K y calcio, nutrientes clave que protegen la densidad de nuestros huesos.