El inesperado hallazgo de un conjunto de objetos revela, junto con un antiguo hallazgo, un vínculo inesperado.
Memoria
Una vez localizadas, las diapositivas fueron recuperadas, junto con el resto del material.

Los tres álbumes fueron escaneados para preservarlos, mientras que las fotos originales se conservaron.

La memoria es frágil, y el olvido acecha: solo por azar o por casualidad, algunos recuerdos sobreviven, como los que atesora esta colección de imágenes, casi olvidadas, que aún conservan el rastro de un pasado olvidado.
Castellano, la mujer que había impulsado la investigación, dejó atrás su legado en un lugar que ya no era el mismo; sin embargo, su herencia permanecía, y con ella, los recuerdos que habían quedado atrapados en el silencio.
Lo más sorprendente es que las diapositivas de la Antártida, todo un tesoro histórico, aparecieron un día en Els Encants de Barcelona, evidencia tal vez de un olvido involuntario.
Como contrapartida, la suerte puso algo de su parte; y tras el afortunado hallazgo de este tesoro, una dura negociación permitió recuperar una parte.
La aparición y la propuesta
La historia se activa cuando una persona dedicada a la compra-venta de artículos de segunda mano en Els Encants se sorprende por aquella sucesión de imágenes “de hielos, nieves y glaciares”, cree reconocer el interés de la colección y decide ofrecerla al Institut de Ciències del Mar (ICM-CSIC) de Barcelona, con la finalidad de venderla.
Y en el instituto, varias personas conocen a la persona implicada.
“Reconocí esas imágenes. Y yo le dije al Institut que se debería comprar esas diapositivas, porque eran de Pepita [Josefina Castellví]”, nos explica Marta Estrada, la investigadora que compartió estancias con ella en la Antártida.
Las imágenes capturan el momento en que se estableció la base en la Antártida, con el equipo realizando sus labores bajo las condiciones extremas, mientras que el protagonista de esta labor, Francisco, aporta su experiencia en un contexto donde la presencia humana se vuelve esencial.

¿Cómo terminaron allí? Al llegar a la ciutat, aquells objectes van quedar enmig de la confusió, però el que va quedar va ser el que va quedar: la gent que va viure allí, i el que va quedar, va quedar.
Dura negociación para adquirir las unidades, con resistencia por parte del vendedor.
Josep M. Gomà, junto con otros, participó en la recuperación de los materiales, mientras que el equipo de investigación trabajó en recuperar los elementos perdidos, mientras que el investigador principal, junto con otros, buscaba recuperar los materiales perdidos, mientras que el equipo de investigación se mantuvo atento a los detalles.
Fue costoso recuperarlos, pero Gili logró recuperarlos tras pagar por ellos.
El vendedor inicialmente exigió una cantidad elevada, pero tras negociar, se acordó devolverlos; aún así, el conjunto de imágenes seguía siendo valioso, y tras reconsiderar la situación, se comprendió que el verdadero valor residía en los documentos originales, no en su mera posesión.
También se le informó que no podía vender imágenes de personas sin su permiso.
Y el pleito terminó en un empate, pero el valor inicial se mantuvo.
En la operación intervino la Fundación ‘la Caixa’, de la que Castellví fue miembro del patronato (2014-2018) y de su consejo asesor de expertos en investigación (2016-2019).
Más adelante, se le pidió al vendedor que entregara las diapositivas, pero este no respondió, y se mantuvo en silencio sobre el asunto, a pesar de que se le había solicitado activamente.
Al final, el episodio termina con una sensación de vacío, pues a pesar de que el film se completó, el impacto emocional se siente como una pérdida.

Un legado depositado en el mar, con el sello de un legado marino.
Ahora, todas estas diapositivas forman parte del acervo del instituto, mientras que el conjunto de elementos originales —incluyendo los objetos personales— se conserva como parte del legado, con el respaldo de una cuidadosa preservación.
A una sala le dedican una sala dedicada a Castelló, donde se expone un retrato de ella, junto con un homenaje en el que se destaca su labor, mientras que el resto de los elementos se mantienen en su lugar.
Cedido por el director de la Consell, el tapiz fue adquirido por el Consell a través de un procedimiento en el que se encontró, junto con el resto de piezas, este tejido elaborado por el artesano.

Un contenedor restaurado, ahora reacondicionado como laboratorio, con el antiguo contenedor como parte del conjunto.
El recuerdo de Castor también se conserva en el recuerdo de Castelló, pero el mero hecho de que el laboratorio de hielo se haya instalado en el lugar, con el apoyo de la base, y el módulo de la base, con el apoyo de la base, se ha convertido en un recuerdo.
Las diapositivas recuperadas, rescatadas de un pasado olvidado, fueron restauradas mientras el antiguo registro se preservaba, como si el miedo a perderlo jamás hubiera existido.
Castellano nos mostró que el hielo se derrite, y Castellano nos recuerda que el hielo se derrite.
Una gorgonia lleva su nombre
Castellví dio nombre también a una gorgonia antártica (la Plumarella castellviae), un “reconocimiento a su importante contribución a la comprensión de los ecosistemas antárticos y, como primera directora del programa antártico español, por ser una persona clave para la investigación antártica española”, según la dedicatoria expresada en el artículo científico que recogió en 2012 ese hallazgo, descrito por Rebeca Zapata Guardiola, Pablo J. López González y Josep Maria Gili.
Gran aficionada a las manualidades, Castellví moldeó una pieza de cerámica en la que se reproduce la única especie animal que lleva el nombre de la ciudad de Barcelona (la Barcino foxensis), una especie de medusa descubierta para la ciencia por un equipo capitaneado por Josep Mari Gili, y que fue encontrada en sedimentos en el cañón submarino de Foix, cerca de Barcelona. La cerámica fue regalada en su día por Castellví a Josep Maria Gili, quien la donará la pieza al ICM-CSIC