Cien años de la proeza del ‘Plus Ultra’: 59 horas y 30 minutos de España a Argentina
EL REPORTAJE
El vuelo de este hidroavión fue el primer enlace aéreo entre España y América del Sur realizado por aviadores españoles

Por el Atlántico Sur.El ‘Plus Ultra’ alimentó el sueño de futuras rutas comerciales, aunque solo la ida fue en vuelo y los cuatro protagonistas regresaron a España en barco

Pasa desapercibida para casi todos los que suben o bajan del castillo de Montjuïc. Es una estatua de 1928 y pocos se detienen a leer la inscripción de la base. Recuerda a Juan Manuel Durán, aviador naval muerto en accidente en julio de 1926 frente al litoral de Barcelona. Seis meses antes había participado en una de las mayores gestas de la aviación española: el vuelo del Plus Ultra .
Al pie de esa montaña, en el muelle del Contradique del puerto de Barcelona, actualmente dedicado al tráfico de cereales y cemento, estuvo durante años la base de hidroaviones de la Aeronáutica Naval. No queda rastro físico de aquella época, más allá del monumento y de una calle en Sarrià que lleva el nombre de uno de aquellos hidroaviones. Hace ahora cien años, el 22 de enero de 1926, uno de ellos, adscrito a la Aeronáutica Militar Española, hizo historia.
Desde Palos de la Frontera, en Huelva, despegó aquel día un Dornier Do J Wal bautizado Plus Ultra (“más allá”) con destino a Buenos Aires. Se decidió que el inicio de la aventura fuera en el mismo enclave simbólico del que zarpó el primer viaje de Cristóbal Colón al mando de tres carabelas. España quiso unir por aire lo que durante siglos había estado conectado por mar. Fueron 10.270 kilómetros cubiertos en 59 horas y 30 minutos de vuelo efectivo, repartidos en 19 días y varias escalas: Canarias, Cabo Verde, Fernando de Noronha, Recife, Río de Janeiro y Montevideo antes de alcanzar Argentina. Fue el primer enlace aéreo entre España y América del Sur y también el primer gran cruce del Atlántico Sur realizado por aviadores españoles.
Fue el primero de los grandes raids de 1926 y el más ambicioso: Filipinas y Guinea completarían la trilogía
A bordo iban cuatro hombres: el piloto, comandante e ideólogo del proyecto, Ramón Franco; el capitán Julio Ruiz de Alda como navegante; el teniente de navío Juan Manuel Durán fue el responsable de radio; y el sargento Pablo Rada, de 24 años, el más joven del grupo, ejerció de mecánico de vuelo. Antes del despegue oficial hubo incluso un quinto pasajero inesperado. El periodista Emilio Herrero Mazorra embarcó de madrugada en Melilla escondido entre las lonas. Descubierto en pleno vuelo hacia Palos, la tripulación decidió no desembarcarlo hasta tierra firme. Era el primer polizón aéreo de la historia.
El Plus Ultra era una máquina robusta aunque limitada: casco metálico, alas de madera, cabina abierta y dos motores Napier Lion de 450 caballos en tándem. La velocidad media apenas superó los 170 kilómetros por hora. El tramo decisivo fue el Atlántico. A pocas millas de Fernando de Noronha, en Brasil, cayó la noche y Ramón Franco optó por amerizar y esperar el amanecer avanzando a la deriva. Días después, rumbo a Pernambuco, se rompió la hélice trasera a una hora de la costa. El aparato perdió altura hasta rozar el mar. En la desesperación por no caer, arrojaron herramientas y víveres para aligerar peso y lograron llegar con un solo motor. Lo repararon, continuaron hacia Río de Janeiro, Montevideo y el 10 de febrero aterrizaron en Buenos Aires entre multitudes.
La dictadura de Primo de Rivera, bajo el reinado de Alfonso XIII, aprovechó la hazaña como símbolo de modernidad y de vínculo con América Latina. Fue el primero de los grandes raids españoles de 1926 –Filipinas y Guinea completarían la trilogía– y el más ambicioso. Demostraba que el Atlántico Sur podía cruzarse por aire y alimentaba el sueño de futuras rutas comerciales, aunque solo la ida fue en vuelo y los cuatro protagonistas regresaron a España convertidos en celebridades… en barco.
La velocidad media apenas superó los 170 kilómetros por hora; el tramo decisivo fue el Atlántico
La épica aeronáutica del Plus Ultra tuvo su reverso. Durán murió medio año después en Barcelona. Ruiz de Alda, cofundador de Falange, sería fusilado en 1936 por milicianos anarquistas. Pablo Rada fue fiel a la República y vivió el exilio en distintos países antes de regresar enfermo a España. Y Ramón Franco, convertido en una de las figuras más populares del país, llegó a ser elegido diputado e integrarse en el grupo parlamentario de ERC, para luego dar un giro de 180 grados y unirse a los sublevados al estallar la Guerra Civil. Desde la base de hidroaviones de Pollensa, de la que acabó siendo responsable, despegaron aparatos que bombardearon Barcelona. Su último vuelo, el 28 de octubre de 1938, acabó en el Mediterráneo durante una tormenta. Nunca quedó claro si su objetivo final era Valencia o la propia capital catalana. Llegó a tener tantos enemigos por su personalidad contradictoria, que eso alimentó muchas versiones sobre su muerte.
El aviador que ayudó a unir continentes acabó participando, desde el aire, en la fractura de su país, apoyando a su hermano mayor, que acabaría siendo jefe del Estado. El Plus Ultra original se conserva hoy en Luján, Argentina como reliquia histórica y una réplica construida en Sabadell descansa en el Museo del Aire de Cuatro Vientos en Madrid. Un siglo después, los Boeing 787, Airbus A330 o A350 cubren la ruta entre España y Buenos Aires en poco más de doce horas de manera cotidiana, sin escala alguna y varias veces al día. Conviene recordar que todo empezó con un hidroavión salpicado de salitre y cuatro hombres convencidos de que, más allá del horizonte, siempre habría tierra.

