
“El EMBA no es solo una inversión en conocimiento, es claridad para decidir tu futuro”
Carrera
Jordi Utgés, director del Executive MBA de IESE Business School, explica por qué este programa para profesionales, emprendedores y directivos de todo el mundo abre oportunidades y aporta perspectiva en un contexto marcado por cambios tecnológicos profundos y una creciente inestabilidad geoeconómica y política

Desarrollo de liderazgo en un entorno de alta exigencia
“¿Quién empieza un EMBA hoy? Lo que antes se consideraba un paso relevante para adquirir conocimientos, crecer profesional y personalmente y acceder a mejores oportunidades, se ha convertido en algo más: una herramienta valiosa de adaptación, incluso de supervivencia. Muchos sectores están en transformación acelerada, los avances tecnológicos progresan a un ritmo vertiginoso y todavía no podemos prever con precisión cómo impactarán en cada industria. A esto se añade un escenario geoeconómico complejo, marcado por crisis regionales con efectos globales.
Lo que sí parece claro es que aquellos profesionales capaces de navegar la incertidumbre, de liderar sus equipos y de guiar a sus organizaciones en escenarios no cartografiados estarán mejor preparados, tanto a corto como a largo plazo. Y si, además, son capaces de canalizar ese potencial con un propósito más amplio —mejorando la sociedad desde la dirección de empresas apoyándose en valores humanistas y éticos—, estaremos más cerca del tipo de liderazgo que promueve IESE Business School y que explica su presencia recurrente entre las mejores escuelas de negocios del mundo en los principales rankings globales.

Sin embargo, muchos candidatos dudan. Ven el EMBA como una inversión económica importante y, en un entorno incierto, se preguntan si es el momento adecuado. En ese contexto, el análisis suele centrarse en el conocido ROI (Return on Investment).
Pero, tras 25 años de experiencia y mas de 3000 entrevistas y conversaciones con profesionales de todos los ámbitos, me he dado cuenta de que el concepto ROI ha quedado obsoleto. Es corto placista y puede abocarnos al fracaso. Por eso elaboré otro tipo de perspectiva mas amplia a la que he denominado ROC: Return On Career. Engloba todas las decisiones que tomamos que afectan a nuestra carera profesional centrándonos en el largo plazo y la capacidad de adaptarnos y reinventarnos con éxito.
En un entorno donde el cambio es constante y la incertidumbre forma parte de la normalidad, esperar a que todo esté claro puede convertirse en el mayor obstáculo”
En este sentido, un EMBA no se mide únicamente por su impacto en el salario o en la posición dentro de la empresa al finalizar el programa. Es una inversión en capacidad de decisión, en visión estratégica, en red de contactos y en criterio. Es, en esencia, una apuesta por desarrollar el propio potencial y por adquirir las herramientas necesarias para identificar oportunidades, evaluar riesgos y liderar en contextos complejos. Todo ello con una conciencia creciente de la responsabilidad que conlleva tomar decisiones con impacto.

Pero antes de profundizar en ese impacto, conviene detenerse en una pregunta básica: ¿qué es exactamente un Executive MBA en IESE?
Durante 18 meses, aproximadamente 350 participantes de más de 30 nacionalidades en los cuatro campus de Barcelona, Madrid, Múnich y São Paulo viven una experiencia de aprendizaje intensiva basada en el método del caso. A través de la discusión en clase, simulaciones, sesiones con expertos y experiencias internacionales, los participantes se enfrentan a situaciones reales que requieren análisis, criterio y toma de decisiones.
El claustro, formado por profesores doctorados por algunas de las mejores universidades del mundo, genera un entorno de alta exigencia intelectual donde se fomenta la participación. Profesores que tienen como meta elevar tus capacidades a su máximo potencial.
Profesionales de distintos sectores y perfiles aportan sus perspectivas en cada sesión, enriqueciendo el aprendizaje colectivo y permitiendo analizar los retos empresariales desde múltiples ángulos.

El objetivo es desarrollar una visión global de la empresa. Los participantes adquieren conocimientos en áreas como marketing, estrategia, finanzas o contabilidad, siempre conectados con los grandes temas actuales: la sostenibilidad, la digitalización, la inteligencia artificial o los cambios geopolíticos que afectan a los mercados.
El programa es, en cierto modo, un entrenamiento de alto rendimiento. Como en un gimnasio, se ejercita de forma constante la capacidad de analizar problemas complejos, formular las preguntas adecuadas y tomar decisiones bajo presión. Con el tiempo, los participantes desarrollan una intuición más afinada, basada en la práctica y en el conocimiento estructurado de sus propias fortalezas y áreas de mejora. Esta visión de dirección general les permite ver la empresa como un todo y entender el impacto de sus decisiones en cada una de las áreas de la empresa.
En ese proceso, la dimensión colectiva es clave. La comunicación, el trabajo en equipo y la red de contactos juegan un papel fundamental. Saber a quién preguntar, cómo contrastar una decisión o cómo apoyarse en otros se convierte en una competencia crítica.

Esa red se construye tanto en el aula como fuera de ella. En el segundo año, los módulos internacionales reúnen a participantes de los cuatro campus en ciudades como Nueva York, Shanghái o Nairobi, conectando el aprendizaje con contextos empresariales específicos. En estos encuentros, se cruzan sectores, culturas y experiencias, ampliando aún más la perspectiva de los participantes.
Los equipos están diseñados deliberadamente para maximizar la diversidad. Esa mezcla genera debates más ricos, estimula el pensamiento crítico y crea entornos de aprendizaje donde todos crecen. Con frecuencia, estos equipos evolucionan hacia redes de confianza y apoyo que perduran mucho más allá del programa.
Y es aquí donde vuelve la pregunta inicial: ¿cuánto impacto quiero tener en marcar el camino hacia el futuro y cuándo es el momento adecuado?
En un entorno donde el cambio es constante y la incertidumbre forma parte de la normalidad, esperar a que todo esté claro puede convertirse en el mayor obstáculo. Las circunstancias perfectas rara vez llegan, y cuando lo hacen, el contexto ya ha cambiado.

Por eso, la decisión de hacer un EMBA no debería basarse únicamente en el momento, sino en la intención de prepararse para lo que viene y para impactar activamente tanto en el propio futuro como en el mundo. Más que ROI, como he dicho, se trata de ROC: entender la propia carrera como un recorrido a largo plazo, donde la capacidad de adaptación, la calidad de las decisiones y la red construida marcan la diferencia. Se trata de tener todas las cartas en la mano pese a lo que está por venir.
El primer paso no es necesariamente matricularse, sino empezar a explorar. Hablar con antiguos alumnos, asistir a sesiones informativas, entender el formato y reflexionar con honestidad sobre las propias aspiraciones. Preguntarse qué tipo de profesional se quiere ser y qué impacto se quiere tener.
Porque muchas decisiones importantes no se toman cuando desaparecen las dudas, sino cuando uno decide avanzar a pesar de ellas.
El EMBA no es solo una inversión en conocimiento, crecimiento personal y confianza en uno mismo. Es una gran oportunidad para tomar el timón de tu carrera profesional y estar preparado para todo lo que nos depare el futuro”.