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Levantarse a las cinco de la mañana para hacer ‘burpees’ y otras formas de ser el arquetipo de hombre que circula en la manosfera

Fact-checking

Expertos alertan de que los discursos de disciplina extrema, autosuperación y éxito individual en las redes esconden una ideología antifeminista, neoliberal y conservadora

Un hombre levantando una barra de pesas

Un hombre levantando una barra de pesas

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Levantarse a las cinco de la mañana para hacer burpees, venerar el gimnasio y prometer una rápida riqueza se han convertido en rituales digitales de un nuevo ideal masculino. Sin embargo, los expertos y expertas alertan a Verificat de que esta estética de fuerza, disciplina extrema y éxito individual alimenta una narrativa que va más allá de la cultura fitness y la mejora personal, y conecta con la cultura antifeminista y conservadora de la manosfera.

Presentados a menudo en las redes sociales como mensajes de inspiración o motivación personal, estos discursos actúan como una forma de pedagogía que, tal y como muestra un estudio de la revista Redes sociales + Sociedad, sirve para dar argumentos para que los “hombres no sean confundidos con afeminados u homosexuales”. Lejos de ser contenidos neutros, configuran imaginarios colectivos sobre lo que significa ser hombre hoy en día.

El ‘gym’ y la cultura del ‘bro’

En las plataformas como Instagram y TikTok proliferan los influencers del fitness, conocidos popularmente como gymbros. Rosa Márquez, doctora en Estudios de Género por la Universidad Rey Juan Carlos (URJC), explica en un artículo publicado en Comunicación y Género que estas figuras “utilizan el ejercicio físico para reforzar un ideal masculino basado en el control de la fuerza y el dinero como símbolo de estatus de poder”.

Como ocurre con la presión estética que afecta a las jóvenes, la narrativa del gimnasio ofrece unas representaciones corporales poco realistas en las redes. El ideal gymbro sin embargo, va más allá del cuerpo: también prescribe una manera de ser y de relacionarse con el entorno. «Promete control y seguridad emocional a cambio de disciplina y obediencia, deslegitimando la vulnerabilidad», asegura Márquez. En este marco, se genera una «fuerte dependencia hacia la comunidad que actúa como red de validación de la masculinidad». El propio origen del término bro, recuerda la experta en su artículo, remite a la idea de hermandad masculina y lealtad al grupo.

El hombre en la manosfera: autoexigente, antifeminista, conservador y conspirativo

Según Márquez, los gymbro funcionan como punto de entrada “amable” a la manosfera: “su contenido parece motivacional y, por tanto, inofensivo, pero las misoginias y la ideología neoliberal se cuelan a través de estos consejos”.

La cultura del gimnasio y la disciplina física son sólo dos piezas del arquetipo neoliberal masculino que se vende en las redes y así lo evidencia un artículo de la Universidad de Guelph (Canadá). Los hombres que se representan son “protectores, económicamente seguros, racionales, en constante mejora y libres de sí mismos, las mujeres y la sociedad”.

Los investigadores en masculinidades y feminismos Lionel S. Delgado (Universitat de Barcelona) y Alejandro Sánchez-Sicília (Universitat Autònoma de Barcelona), explican que estas características, a pesar de parecer nuevas, “siguen ligadas a la sostenibilidad de los privilegios masculinos y al estatus del hombre”, y constituyen una “renovación de los patrones de dominación de género”. Alexandre Pichel-Vázquez, investigador de masculinidades en la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), lo confirma en declaraciones a Verificat: “Es la traducción de las masculinidades hegemónicas tradicionales, pero volcadas en los nuevos espacios digitales”.

Este arquetipo viral también se vincula con ideologías conservadoras, antifeministas y conspiratives. Una investigación de la Universidad de Antwerp (Bélgica) muestra que los algoritmos asociados a contenido sobre masculinidad no sólo recomiendan vídeos de gimnasio, sino también mensajes sobre Donald Trump o Elon Musk, el movimiento antitrans, el antiecologismo, teorías conspirativas, contenido antivacunas o racista, entre otros.

Tal y como apunta Márquez de la URJC, la actual manosfera se construye a partir de “discursos híbridos que mezclan diferentes ideas”, como pueden ser ideas anti-ecologistas y antifeministas. “Andrew Tate, un referente indiscutible de la manosfera [en parte por su contenido fitness], tiene un discurso misógino, homófobo y racista”, lamenta la investigadora. Pese a presentarse como mensajes de superación personal, “estos contenidos tienen un fuerte componente político”, advierte Pichel-Vázquez de la UOC. En la misma línea, una investigación publicada en ScienceDirect señala que la fuerza física se asocia simbólicamente con el conservadurismo político, reforzando la conexión entre cuerpo, ideología y poder.

Amadeo Lladós y el negocio del malestar social

Pichel-Vázquez alerta de que estos mensajes «dan respuestas simples a malestares complejos y ofrecen sentido a jóvenes que se sienten desorientados», en un contexto de precariedad, incertidumbre vital y falta de horizontes claros.

Un ejemplo claro es Amadeo Lladós. El influencer construye la figura del hombre hecho a sí mismo que ha “despertado” del sistema y ha alcanzado el éxito económico y sexual gracias a la disciplina extrema y al esfuerzo individual. Según Rosa Márquez, esta promesa es especialmente atractiva porque simplifica el camino hacia el éxito: levantarse a las cinco de la mañana, entrenar duro y seguir las normas del líder. “Es una narrativa fácil de asimilar, pero profundamente engañosa”, advierte, ya que lo único que realmente acumula beneficios es el influencer, a través de cursos, mentorajes y sistemas de captación de nuevos miembros.

Márquez subraya que muchos hombres que conectan con estos discursos se sienten engañados por el sistema. Estudiaron, se esforzaron y, sin embargo, viven precarizados, con dificultades para acceder a la vivienda o sin el éxito social y afectivo prometido. La manosfera identifica ese descontento, lo canaliza y ofrece una comunidad de apoyo y reconocimiento. En palabras de Pichel-Vázquez, “estos mensajes permiten a los jóvenes dar sentido a su vida en un momento en el que nada tiene sentido”.

Pero ese sentido se construye sobre una lógica individualista que esconde las causas estructurales del malestar. Tal y como alerta Márquez, insistir en que todo depende de la voluntad personal «niega la precariedad laboral, la desigualdad social o la crisis de la vivienda», y convierte problemas colectivos en fracasos individuales. De hecho, el artículo de la Universidad de Guelph evidencia cómo en la manosfera proliferan debates y narrativas conspirativas que buscan responsabilidades en los problemas sociales.

En este contexto de malestar social, explica Márquez, “aparecen con bastantes ideas como el mito del emprendedor, la promesa de enriquecimiento rápido, la desconfianza hacia la educación formal, el desprecio por el que es colectivo y una espiritualidad difusa muy compatible con el neoliberalismo”. Todo ello, añade, construye “un relato donde el éxito es individual, pero también lo es el fracaso”, y en el que “cualquier forma de organización colectiva, como el feminismo, se presenta como una amenaza”. En términos de feminismos, Alejandro Sánchez-Sicília, investigador de masculinidades por la UB, recuerda a Verificat que estas narrativas presentan a los hombres como víctimas de un sistema que habría sido distorsionado por el feminismo, al que le atribuyen pérdidas de derechos y estatus”.

Para ayudar a identificar y desmontar estos relatos, Desfake, el proyecto educativo de Verificat, ofrece el recurso pedagógico «Discursos machistas y antifeministas en las redes», que analizan cómo personas influyentesy creadores de contenido difunden mensajes que normalizan el machismo, y aporta herramientas para reconocer estas estrategias y defenderse de la desinformación online.


Verificat es una plataforma catalana de fact-checking sin ánimo de lucro. Se dedica a verificar el discurso político y el contenido que circula en las redes y a la educación para el consumo crítico de la información. Forma parte de la International Fact-Checking Network (IFCN) y la European Fact-Checking Standards Network (EFCSN)