‘Tradwives’ y el relato manipulado de los cuidados
Fact-checking
Estos discursos en las redes romantizan la dedicación exclusiva al hogar como “libre elección” y esconden la precarización laboral

Capturas de pantalla de varios TikTok de contenido ‘Tradwife'

Hacer pan desde cero, preparar una cena elaborada sin prisas y sorprender a la pareja con un detalle hecho a mano. En las redes sociales, el fenómeno de las tradwives presenta la dedicación de las mujeres en el hogar y en el cuidado de los demás como una elección serena y libre de conflicto. Bajo la premisa de que dedicarse a las tareas domésticas puede ser elegante y satisfactorio, son muchos los perfiles que promueven un estilo de vida inspirado en los roles de género de los años cincuenta, en los que se priorizaba el bienestar familiar, especialmente el del hombre.
En Estados Unidos, una de las figuras más visibles de este movimiento es Estee Williams. Con una imagen que evoca la estética femenina de los años cincuenta, presenta su perfil como un espacio “donde las mujeres rechazan perseguir una carrera profesional y abrazan el papel de amas de casa, dedicándose plenamente a sus familias”. Solo en TikTok acumula casi 200 millones de hinchas.
Aunque se ha desmarcado públicamente de la etiqueta tradwife, en España una de las referentes de este fenómeno en el imaginario colectivo es Rocío Bueno, conocida como RoRo. Con casi 10 millones de seguidores en TikTok, construyó su identidad digital a partir de vídeos donde cumplía los deseos de su pareja, Pablo. De hecho, buena parte de su contenido sigue este patrón: recetas elaboradas desde cero, con todos los ingredientes hechos a mano, y manualidades pensadas para complacer a su pareja. Todo ello, con una estética meticulosamente cuidada, en la que el esfuerzo queda diluido detrás de una puesta en escena muy amable y tranquila.
En la esfera digital, estas tareas se romantizan, pero en la vida real, asumir los cuidados en el hogar muestra dos caras: por un lado, dobles jornadas y desigualdad de género para las mujeres; por otro, salarios bajos y falta de derechos para aquellas que se dedican profesionalmente. Cuidar no es siempre una elección libre.
Una reacción antifeminista
El fenómeno de las tradwives no es solo una estética, avisa en conversación con Verificat Sonia Herrera, profesora de Estudios de Ciencias de la Información y de la Comunicación de la UOC. Para la experta, estos discursos representan una reacción antifeminista que idealiza la vuelta al trabajo doméstico y la subordinación femenina, desplazando el foco del debate estructural y difuminando cuestiones centrales como la división sexual del trabajo, la doble jornada de las mujeres o la dependencia económica. Los datos lo evidencian: solo un 5,6% de los hombres asume las tareas de crianza de forma habitual o siempre, frente al 37,1% de las mujeres, según Oxfam.
Estas ideas se presentan a menudo bajo el relato de la “libertad de elección”. En este sentido, Rosa Márquez, doctora en estudios de género por la Universidad Rey Juan Carlos (URJC), advierte que “habrá mujeres que se dediquen a los cuidados porque quieren, pero para la gran mayoría no es una opción, sino una carga impuesta por la falta de conciliación y la desigualdad material”. La romantización de este pasado a través de las redes, afirma la experta, invisibiliza las condiciones estructurales que sostienen esta supuesta elección y hace olvidar que muchas de las principales referentes mediáticas del movimiento han alcanzado sus logros gracias a los derechos conquistados por el feminismo que ahora desprestigian. “Dedicarse en exclusiva a los cuidados y colgar vídeos de recetas es un privilegio de clase que no está al alcance de todos”, añade.
Asimismo, Herrera alerta de que este relato aparentemente amable “sirve como estrategia para inocular ideas de ultraderecha, no desde la confrontación política, sino desde la estética del orden y la propaganda de una vida deseable”. La experta avisa que “detrás de las recetas de galletas se despliegan discursos de supremacismo blanco y racismo, negacionismo de la violencia machista —como se explica en el recurso pedagógico de Desfake sobre discursos antifeministas en las redes— o ataques a los derechos LGTBIQ+”. Todo ello, dentro de un ecosistema digital donde los algoritmos amplifican este tipo de mensajes.
De la estética a la precariedad estructural
A diferencia del relato manipulado que se difunde en las redes sociales, dedicarse laboralmente a los cuidados es sinónimo de precarización. En España, por ejemplo, según otro informe de Oxfam Intermón, el salario medio de las trabajadoras del hogar y de los cuidados apenas alcanza los 1.000 euros al mes. A esta situación se le añade una falta de protección laboral, recalca el documento: solo cuatro de cada diez trabajadoras recibe la indemnización por despido que les corresponde, las enfermedades profesionales no están reconocidas, no son posibles las inspecciones laborales en el puesto de trabajo y no siempre se respetan las horas de jornada y los descansos pactados.
Márquez, de la URJC, advierte que la romantización del trabajo doméstico y de cuidados no es un fenómeno inocuo. Según explica, presentar estas tareas como una supuesta “vocación femenina” tiene consecuencias directas en su valoración social y económica, contribuyendo a su precarización. Esta mirada, sostiene la experta, refuerza la idea de que cuidar “no es realmente trabajar”, un planteamiento que dificulta el reconocimiento y la dignificación de las personas que sostienen el sistema de cuidados.
En esta línea, un informe del Instituto Internacional de Investigaciones y Capacitación de las Naciones Unidas para la Promoción de la Mujer explica que el trabajo de cuidados lo llevan a cabo aquellos que “tienen menos capacidad de elección o decisión, de ahí la segmentación por sexo, etnia y estatuto migratorio de estos trabajos».
En España, los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) muestran que casi nueve de cada diez personas que trabajan en el servicio doméstico son mujeres. Entre las que están afiliadas a la Seguridad Social, más del 44% son extranjeras. De hecho, tal y como evidencia una investigación de la UB, la ocupación del hogar ha sido uno de los principales destinos de la emigración internacional femenina a España procedente de los países considerados del Sur global por las lógicas coloniales. Lo explicamos en este reportaje a El Periódico.