En una entrevista con Nicolás Sesma, historiador y profesor en la Universidad de Grenoble, se destaca la importancia de la memoria histórica como un “mínimo común” en democracia para evitar repetir errores y entender la identidad colectiva. Sesma subraya que “no tenemos que tener miedo de hablar de nuestro pasado” pues constituye parte fundamental de la condición ciudadana, pero advierte que “la polarización viene cuando queremos imponer un determinado relato”. En su libro “Ni una, ni grande, ni libre”, explica cómo la dictadura franquista fue capaz de imponerse durante cuarenta años y consolidar un relato sobre la historia del país que aún sigue vigente.
Sesma apunta que la memoria histórica no debería asociarse exclusivamente a la izquierda o al mundo republicano, pues la Iglesia Católica, por ejemplo, ha participado en procesos de memoria sin generar polémicas. En cambio, las leyes de memoria surgieron para rescatar a las víctimas del franquismo, que “fue un pasado cerrado en falso porque faltaba la reparación” a estas personas. El historiador enfatiza que recordar y debatir el pasado no debe generar miedo sino fortalecer la democracia.
Nicolás Sesma
Las leyes de memoria surgieron para rescatar a las víctimas del franquismo, que “fue un pasado cerrado en falso porque faltaba la reparación” a estas personas
Uno de los aspectos preocupantes que menciona Sesma es la percepción idealizada que algunos sectores juveniles tienen hoy sobre la dictadura. Esta idealización, según él, surge de “problemas reales del presente” como la crisis de la vivienda o la falta de confianza en el futuro, y proyectan esos deseos en el pasado. “La idea de que en la dictadura todo el mundo podía tener una vivienda es completamente falsa”, y pone como ejemplo “los barrios de chabolas en los cinturones de las grandes ciudades” y una gestión deficiente ante catástrofes naturales, que mermó la legitimidad del régimen.
El papel de los medios y las redes sociales es crucial para construir una memoria colectiva sólida y plural. Sesma considera que tienen “una gran responsabilidad de preguntar a expertos acreditados y darle voz a los jóvenes para que construyan su memoria”. Apunta también a la importancia de recuperar testimonios directos de la dictadura y de hechos como las exhumaciones de fosas comunes, que comenzaron en la transición gracias a colectivos y familias que buscaban verdad y reparación.
Finalmente, Sesma describe la dictadura franquista como un sistema “coral” en el que, aunque Franco era la figura central, existía una compleja red de actores y mecanismos para sostener el régimen. Subraya que “toda dictadura es una pirámide de dictadores”, y destaca la necesidad de analizar el franquismo como sistema y no reducirlo a la figura de un solo hombre. Sobre la enseñanza actual, valora positivamente la labor del profesorado en España, pero recuerda que la educación, por sí sola, no basta para erradicar tendencias de extrema derecha, un fenómeno que también se observa en otros países europeos.