Surgen los medicamentos para adelgazar y revolucionan la industria alimentaria.
El negocio del adelgazamiento
Especialistas en salud alertan sobre los riesgos de minimizar una condición como la obesidad.

El Wegovy, un medicamento inyectable indicado para adelgazar, contará en breve con una versión en formato de comprimido oral.

Las variantes orales de las populares terapias para adelgazar –los medicamentos agonistas del receptor GLP-1– están próximas a lanzarse. La píldora Wegovy (semaglutida), desarrollada por Novo Nordisk, ya dispone de la autorización en EE.UU. Por parte de la FDA y su comercialización podría iniciarse el próximo mes. Otra gran farmacéutica, Eli Lilly, prepara igualmente su comprimido (tirzepatida): a la espera de la validación de la FDA, su venta podría arrancar en 2026. Diversos expertos vaticinan un aumento en el número de usuarios de estos fármacos. Especialmente por su coste más ventajoso y la modificación del formato: actualmente, la mayoría se administran mediante inyecciones, un factor que desanima a posibles usuarios que evitan las agujas. El sector de la alimentación está convencido de que esto representará una transformación radical. Firmas como Conagra Brands o Nestlé ya están publicitando mercancías adecuadas para el tratamiento con GLP-1.
Especialistas y compañías de bienestar tecnológico (con gran presencia en EE.UU. Y que comercializan medicamentos de forma directa al público) auguran que los comprimidos brindarían una versatilidad superior para ajustar dosis mínimas del fármaco e incluso facilitar la ingesta en jornadas alternas. Dicha opción permitiría, de acuerdo con los testimonios recogidos por Reuters, establecer pautas personalizadas para periodos vacacionales o la época estival.
La obesidad es una patología seria que no admite frivolidades
Al dialogar con Guyana Guardian, el médico Antonio Pérez, responsable de unidad del departamento de endocrinología y nutrición del hospital Sant Pau y máximo representante de la Fundación de la Sociedad Española de Diabetes, difiere de esa opinión. “El concepto importante es que hablamos de una enfermedad crónica y progresiva. Por tanto, hemos de asumir que el tratamiento tiene que ser crónico y progresivo”.
Una opinión similar manifiesta la doctora Núria Vilarrasa, experta en endocrinología y nutrición del hospital de Bellvitge. “Es un tratamiento farmacológico y tiene unas indicaciones médicas específicas. Hay que tomarse en serio la obesidad, que es una enfermedad, y no frivolizar. No es un fármaco para adelgazar en verano, eso es hacer un mal uso. Estos medicamentos tienen que estar prescritos por un médico y hay que realizar un seguimiento”.
Pérez señala que al hacer efecto el medicamento, se pierde el hambre, de igual forma que si se interrumpe su consumo, esta volverá, lo que causará que se recobre el peso eliminado. “En realidad, es uno de los problemas que tenemos con estos medicamentos. Mucha gente se los toma antes del verano para perder unos quilos y que el bikini les sienta mejor. Hay que entender cómo funciona el fármaco y la enfermedad que se está tratando”.
Si, como es de suponer, estos comprimidos adquieren fama y ostentan un coste más económico que las opciones inyectables, las empresas farmacéuticas focalizarán su actividad en alcanzar al usuario final directamente, sin requerir la intervención de los servicios de salud estatales. Al menos, en regiones como EE.UU., donde resulta posible comercializarlos —con prescripción médica igualmente— a través de sitios digitales como Amazon. En España se pueden conseguir de forma lícita mediante la red, lógicamente con receta, aunque solo en boticas virtuales debidamente autorizadas.
La industria mundial de la pérdida de peso podría situarse en los 150.000 millones de dólares de valoración en el transcurso de la década venidera
“Puedo vender el producto más barato y llegar a más personas a gran escala, en realidad no necesito un sistema de salud”, destacó el mes anterior Dave Ricks, el máximo responsable de Lilly.
Si el desembarco de estos fármacos inyectables ya representó un éxito rotundo para las grandes farmacéuticas, qué impacto podría tener la aparición de los comprimidos. Entidades bancarias como UBS Group AG calculan que el mercado internacional de la obesidad llegará a una valoración de 150.000 millones de dólares durante los próximos diez años.
Únicamente en EE.UU., cerca de tres cuartas partes de la población adulta presentan obesidad o exceso de peso. No obstante, un sondeo reciente indica que apenas un 12% utiliza actualmente un fármaco GLP-1. Los comprimidos podrían incrementar significativamente esa proporción. Especialmente por su valor, mucho más reducido que el de los inyectables, al menos inicialmente. Si el coste mensual de Wegovy inyectable en EE.UU. Fluctúa, según la dosis, entre 1.000 y 1.400 dólares (en España resulta bastante más barato: de 180 a 292 euros), su versión en pastilla, al menos en las dosis de lanzamiento del producto, podría alcanzar los 149 dólares mensuales.
La doctora Vilarrasa cuestiona que estas medicinas no cuenten aún con financiación pública sanitaria. Ella señala que sus ventajas superan el simple adelgazamiento, pues logran disminuir de forma notable el fallecimiento de personas con gran probabilidad de sufrir incidentes cardiovasculares graves. Sin embargo, es cierto que pueden generar reacciones adversas, tales como molestias digestivas severas, episodios aislados de pancreatitis o cuadros depresivos. Las consecuencias de su uso prolongado todavía se desconocen.
Existen personas que sin duda elegirán el inyectable, pues solo requiere aplicarse una vez por semana.
Especialistas como el doctor Pérez afirman que la llegada de los fármacos orales no sustituirá a las inyecciones. “Hay personas que seguro preferirán el inyectable, que solo hay que administrarse una vez a la semana, mientras la pastilla es diaria. Y eso lo tendrán en cuenta aquellas que toman otras píldoras por otras dolencias”.
Vilarrasa aporta un segundo motivo. En la actualidad, los fármacos inyectables aún facilitan una reducción de masa corporal ligeramente más alta. Existirán personas que los precisen, mientras que otras no tendrán que bajar ni un 16% ni un 20% (el descenso que, de acuerdo con las pruebas clínicas, ofrecen la semaglutida y la tirzepatida de forma respectiva) y que al alcanzar un 13% ya verán optimizadas significativamente las afecciones médicas vinculadas a la obesidad.

De cualquier forma, esta médica festeja la introducción comercial de las pastillas orales. “Estamos limitados por una cuestión de producción de estos fármacos. Producir los inyectables es más complejo. Y eso dificulta llegar a todas las personas que lo necesitan. A nivel estatal, hay un 22% de personas en edad adulta con obesidad (en Catalunya, un 16%). En términos globales, estamos hablando de millones de personas en el mundo con esta patología”.
Porciones menores y un incremento de proteínas
Durante este periodo, la FDA autorizó el fármaco Wegovy GLP-1 de Novo Nordisk, ocasionando un descenso en el valor bursátil de las compañías de alimentos. Asimismo, se prevé que el tratamiento competidor de Eli Lilly reciba el visto bueno de las autoridades sanitarias durante el siguiente ejercicio. Corporaciones del tipo de Conagra Brands y Nestlé ya enfrentan variaciones en las preferencias del público hacia raciones reducidas y ricas en proteínas, motivadas por el auge de los inyectables, y próximamente los comprimidos, para adelgazar. Diversos expertos consideran que la implementación masiva de GLP-1 podría derivar en transformaciones duraderas en el consumo. Con el fin de adaptarse, las firmas impulsan artículos con mayor aporte proteico, ajustando sus envases para señalar que resultan aptos para usuarios de GLP-1 y trabajando junto a importantes distribuidores para optimizar su venta. ¿Cuál es el motivo de priorizar las proteínas? Estas contribuyen a preservar el tejido muscular durante el proceso de adelgazamiento y favorecen la saciedad prolongada, un factor clave al reducir la alimentación bajo el efecto de los GLP-1. Tal estrategia permite gestionar el consumo calórico evitando la sensación de apetito recurrente.

