Longevity

Luigi Ferrucci, geriatra: “La inflamación es el biomarcador más claro de que algo no está funcionando bien”

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Director Científico del National Institute on Aging (NIA) de Estados Unidos, está dedicado a comprender las bases biológicas del envejecimiento y las intervenciones para una longevidad saludable, que estos días ha explicado en el Longevity World Forum, en Madrid

Luigi Ferrucci, Director Científico, National Institute on Aging (NIA), NIH de Estados Unidos. 

Luigi Ferrucci, Director Científico, National Institute on Aging (NIA), NIH de Estados Unidos. 

Cedida. Longevity World Forum

“La inflamación es la señal de que algo no está funcionando bien bajo la superficie”. Luigi Ferrucci habla del envejecimiento como un proceso biológico medible, lleno de matices y profundamente desigual entre individuos. Tras décadas analizando datos del estudio más longevo del mundo sobre envejecimiento humano, el Baltimore Longitudinal Study of Aging (BLSA) que lidera, sostiene que no todos envejecemos al mismo ritmo ni por las mismas vías, y que entender esa heterogeneidad es la clave para preservar la autonomía hasta el final de la vida.

Director Científico del National Institute on Aging (NIA) de Estados Unidos, Ferrucci es una de las figuras centrales de la gerociencia contemporánea. Sus trabajos sobre fragilidad, resiliencia biológica e inflamación crónica asociada a la edad han ayudado a redefinir el envejecimiento como un proceso sistémico que afecta a todo el organismo. Desde esa posición, combina investigación básica, epidemiología y salud pública con un objetivo: no añadir años a la vida, sino salud a los años. Estos días ha participado, desde el otro lado del Atlántico, en el Longevity World Forum que se ha celebrado en Madrid, y ha hablado en exclusiva con Guyana Guardian.

Usted lleva décadas estudiando el envejecimiento humano a través del Baltimore Longitudinal Study of Aging. Si tuviera que resumir qué hemos aprendido hasta ahora, ¿cuál es el hallazgo más importante sobre cómo envejecemos?

Hemos entendido que el envejecimiento no es un fenómeno homogéneo, existe una enorme heterogeneidad entre individuos, temporal y cualitativa. Temporal, porque algunas personas desarrollan las características del envejecimiento más rápido que otras. Y cualitativa, porque algunas tienen mayor propensión a envejecer en una determinada dirección: por ejemplo, hacia la enfermedad cardiovascular, hacia más riesgo de cáncer o enfermedad pulmonar. En la juventud y la mediana edad —hasta los 65 años— existe cierta convergencia. Después, el envejecimiento se convierte en un fenómeno más complejo. En algunos individuos culmina en fragilidad, la capacidad para afrontar incluso los desafíos de la vida diaria se vuelve muy limitada.

Su investigación ha sido clave en el desarrollo del concepto de inflammaging. ¿Cómo explicaría el papel de la inflamación en el proceso de envejecimiento?

Hace muchos años publiqué un estudio que mostraba que la concentración de interleucina-6, un biomarcador inflamatorio, predecía el desarrollo de discapacidad. Fue la primera vez que se sugería que la inflamación tenía valor predictivo para resultados relevantes asociados a la edad. Posteriormente, vimos que también se asociaba con enfermedades crónicas, multimorbilidad, demencia, infarto de miocardio y otros procesos. En un primer momento pensamos que era un “mal comportamiento” del sistema inmunitario, como si en algún momento se descontrolara, se volviera loco y empezara a emitir señales de alarma que, en lugar de ser protectoras, resultaban dañinas. Hoy entendemos que la inflamación es probablemente una señal secundaria. Debido a la entropía —un principio físico inevitable— se acumulan daños en macromoléculas como proteínas, ADN y lípidos. Aunque el organismo los repara, nunca lo hace por completo. Ese daño molecular, celular, es detectado por el cuerpo como una agresión. En algunos casos, incluso se exponen antígenos que recuerdan a los de bacterias o virus. El sistema inmunitario responde con inflamación.

La inflamación es el biomarcador global más claro de que algo no funciona

Luigi Ferrucci

Director Científico del National Institute on Aging (NIA) de Estados Unidos

La inflamación evolucionó para defendernos de infecciones…

Con el envejecimiento, sin embargo, no se resuelve completamente y persiste. Cuando el organismo percibe una agresión, prioriza la respuesta inflamatoria y suspende otras funciones de mantenimiento, como la síntesis de proteínas o la reparación tisular. Si esta situación se prolonga, el cuerpo no recupera su capacidad de mantenimiento. Se pierde resiliencia y esa pérdida sostenida contribuye al desarrollo de enfermedades degenerativas. La inflamación comienza como una respuesta positiva, pero con el tiempo participa en la degradación de los órganos que observamos en el envejecimiento. Es probablemente el biomarcador global más claro de que algo no está funcionando bien.

Hoy proliferan los test que prometen medir la edad biológica —relojes epigenéticos, biomarcadores, análisis avanzados—. ¿Son realmente fiables y clínicamente útiles?

Es una pregunta casi filosófica (ríe). En 2013, Steve Horvath hizo un descubrimiento extraordinario al identificar modificaciones del ADN que permitían estimar la edad cronológica con gran precisión mediante aprendizaje automático. Fue un hallazgo increíble: a partir de una gota de sangre se puede estimar la edad de una persona con buena aproximación. Eso demuestra que existe algo estereotipado en nuestra biología que cambia con la edad. Ahora bien, afirmar que eso mide el envejecimiento biológico es un salto conceptual. Sabemos que estas marcas cambian con la edad y podrían reflejar acumulación de daño, pero no sabemos qué mecanismos las impulsan. Incluso hoy, con relojes epigenéticos cada vez más sofisticados y predictivos de mortalidad o multimorbilidad, desconocemos qué procesos biológicos subyacentes los determinan.

¿Estamos preparados para aplicar esos relojes en la práctica médica?

Lo haremos, pero no todavía. Para aplicarlos clínicamente, necesitamos demostrar algo fundamental: que son sensibles al cambio en individuos. Cuando vas al médico y te dicen que tienes el colesterol alto, te dan un tratamiento. Lo que quieres saber es si ese tratamiento hace que tu colesterol baje, o tu presión arterial, lo que sea. Nosotros nunca hemos hecho ese tipo de estudio. La mayoría de los estudios son transversales, es decir, miden el biomarcador en un único momento. En medicina tratamos personas, no poblaciones. Si existiera una intervención que ralentizara el envejecimiento, deberíamos poder demostrar que el biomarcador cambia en el tiempo en cada individuo. Estamos empezando a hacer estudios longitudinales, pero aún no estamos preparados para el uso rutinario en la consulta de estos relojes.

¿Cree que el envejecimiento debería ser tratado como una enfermedad, como apuntan algunos investigadores, o es un proceso natural?

No creo que el envejecimiento sea una enfermedad. Si compra un coche y no lo usa nunca, los neumáticos igualmente se deteriorarán con el tiempo. Nuestro cuerpo dispone de mecanismos de resiliencia que retrasan el deterioro, pero si estos fallan, el deterioro se acelera, como ocurre en enfermedades genéticas que afectan a la reparación del ADN. Personas que tienen daños o enfermedades genéticas que afectan a la reparación del ADN viven muy poco tiempo y desarrollan un fenotipo de envejecimiento increíblemente acelerado.

La restricción calórica, especialmente la alimentación restringida en el tiempo, me parece prometedora. Tengo amigos que la practican

Luigi Ferrucci

Director Científico del National Institute on Aging (NIA) de Estados Unidos

¿Estamos sobremedicalizando el envejecimiento?

Yo no lo creo, porque nuestra esperanza es que todo el mundo llegue al final de su vida con buena salud. Lo que intentamos no es ampliar la longevidad. Nuestro objetivo no debería ser simplemente alargar la vida, sino lograr que las personas lleguen sanas al final de su vida. No se trata de expandir la longevidad, sino de expandir la salud. Desde esa perspectiva, intervenir no es una medicalización excesiva, sino un esfuerzo legítimo para reducir sufrimiento y costes sociales.

Metformina, rapamicina, senolíticos, restricción calórica… ¿Qué fármaco o intervención considera más prometedora actualmente?

La restricción calórica, especialmente la alimentación restringida en el tiempo, me parece prometedora. Tengo amigos que la practican. Yo soy una de esas personas afortunadas que ha mantenido el mismo peso desde los 15 años, he tenido suerte. Algunos de mis amigos estaban desesperados porque empezaron a hacer dietas. Y, debido a cómo reacciona su cuerpo —reduciendo la tasa metabólica—, la dieta funcionaba durante tres meses y luego recuperaban el peso, incluso más que antes. En cambio, las personas que empezaron a practicar la alimentación con restricción horaria me decían que parecía estar funcionando. Es un sacrificio, sí, pero no tanto como hacer una dieta muy estricta. Y los efectos parecen mantenerse durante mucho tiempo.

“La restricción calórica, sobre todo la alimentación restringida en el tiempo, es prometedora para frenar el envejecimiento”.&nbsp;<br>
“La restricción calórica, sobre todo la alimentación restringida en el tiempo, es prometedora para frenar el envejecimiento”. 
S.FRENCH

¿Está demostrado?

En modelos animales hay evidencia sólida de su efecto. En humanos, algunas personas la encuentran sostenible y eficaz para mantener el peso sin reducir en exceso el metabolismo, como ocurre con dietas estrictas. Probablemente deba combinarse con ejercicio moderado. En cuanto a la metformina, fue muy prometedora, pero no estoy convencido de que sea la solución definitiva. El envejecimiento es tan complejo y afecta a tantas vías biológicas que es improbable que una sola molécula lo resuelva. Envejecer bien se parece a una buena sopa minestrone: requiere la combinación adecuada de múltiples ingredientes en equilibrio.

Los hábitos son la clave, pero si tuviera que identificar los pilares con mayor evidencia científica para promover una longevidad saludable, ¿cuáles serían?

En primer lugar, no fumar. Es la evidencia más sólida que tenemos. En segundo lugar, mantener un peso saludable y evitar el aumento de peso a lo largo de la vida. Tercero, el ejercicio. Caminar regularmente ya tiene un impacto enorme comparado con el sedentarismo. El ejercicio no significa correr durante horas en el bosque; dar tres vueltas a la manzana es suficiente para empezar. Además, cuando uno empieza a moverse, suele sentirse mejor y eso motiva a continuar, a hacer más. El bloqueo inicial es lo que nos juega en contra.

El buen sueño está infravalorado, pero se asocia con mejores resultados de salud, incluido menor acúmulo de beta-amiloide cerebral. Siete horas parecen un punto óptimo 

Luigi Ferrucci

Director Científico del National Institute on Aging (NIA) de Estados Unidos

¿Qué otros hábitos tienen evidencia científica?

El buen sueño está infravalorado. Una buena higiene del sueño se asocia con mejores resultados de salud, incluido menor acúmulo de beta-amiloide cerebral. Siete horas parecen un punto óptimo. Rutinas regulares, evitar pantallas antes de dormir y mantener una temperatura adecuada en la habitación ayudan sin necesidad de medicación. Finalmente, las relaciones sociales y la creatividad.

Relaciones, amistades, propósito… Parecen términos soft pero se está demostrando que son esenciales en la salud y la longevidad.

La soledad se asocia de forma consistente con peores resultados de salud. Los vínculos sociales se construyen a lo largo de la vida; es difícil crearlos desde cero a los 80 años. A veces le digo a la gente que es más importante tener amigos que tener dinero. El dinero ayuda, pero no tanto como tener amigos a tu alrededor. Creo que es una inversión que haces para mejorar la calidad de vida que tendrás más adelante.  

Yo hago pilates tres veces por semana. No es solo ejercicio, es un espacio social con personas a las que conozco desde hace décadas

Luigi Ferrucci

Director Científico del National Institute on Aging (NIA) de Estados Unidos

¿Y su referencia anterior a la creatividad?

Es, sin duda, relevante. Pienso que las personas que pueden encontrar muchas formas de expresarse o de mantenerse activas… No se trata solo de pintar, o de escuchar música, o de ir a un club. Puedes tener un club de lectura donde interactúas con otras personas. Yo, por ejemplo, hago pilates tres veces por semana. No es solo ejercicio; es también un espacio social con personas a las que conozco desde hace décadas. No sabemos aún los mecanismos biológicos exactos por los que estas conductas funcionan, y eso es precisamente lo que necesitamos seguir investigando.

Rosanna Carceller Escuder

Rosanna Carceller Escuder

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Responsable de Canales Verticales de Godó Nexus - Guyana Guardian. Coordinadora de Longevity. Licenciada en periodismo por la UAB. Especializada en salud, envejecimiento, psicología, educación, sexualidad, nutrición y estilo de vida.