Longevity

“Tenía terror a quitarme las gafas y que todo el mundo viera mi cara”: Rosa, 63 años, tras sufrir dos parálisis faciales y aprender a mostrarse sin miedo en redes sociales

Relatos de vida

Sufrió dos parálisis faciales, la segunda tras un momento personal muy duro y, ya entrada en la cincuentena, encontró en Instagram una forma inesperada de dejar atrás el miedo a cómo la miraban los demás

Rosa entendió que su complejo no se iría si no se mostraba, y decidió hacer eso que poca gente se atreve

Rosa entendió que su complejo no se iría si no se mostraba, y decidió hacer eso que poca gente se atreve

Cedida

Rosa tenía 16 años cuando una mañana se despertó con la mitad de la cara completamente caída. No podía beber agua porque se le escapaba por un lado, el ojo le lloraba sin parar y nadie, ni siquiera los médicos, sabía muy bien qué estaba ocurriendo. Era una patología poco conocida entonces y, en una ciudad como Burgos, la sensación fue la de estar ante algo extraño, inesperado y sin respuestas claras. Aun así, decidió no faltar ni un solo día al instituto. Estuvo meses recuperándose, y aunque sin un tratamiento eficaz claro, ya que los médicos no sabían muy bien qué tenía, terminó recuperándose por completo.

Décadas después, ya con 40 años, tres hijos y una vida completamente normal, la parálisis volvió al mismo lado del rostro, en uno de los momentos personales más complicados de su vida. Entonces pensó que esta vez sería irrecuperable. Lo que no imaginaba era que, años más tarde, abriría una cuenta de Instagram animada por sus hijos y que esa ventana al mundo acabaría convirtiéndose en la herramienta más poderosa para reconciliarse definitivamente con su imagen.

Relatos de vida

Una primera parálisis de muy jovencita

Usted tenía solo 16 años cuando sufrió la primera parálisis facial. ¿Qué recuerda de aquel momento?

Yo recuerdo que estaba en primero de BUP y me desperté un día con la mitad de la cara caída completamente, tanto que no podía siquiera beber agua, y el ojo me lloraba constantemente. Fue una cosa sorprendente porque es una patología un poco extraña y, si no tienes a alguien alrededor que le haya pasado, no es habitual. En aquella época no teníamos ni idea de qué podía pasar y tampoco lo sabían los médicos. Me pinchaban vitamina B todos los días, pero no me hizo absolutamente nada.

Rosa junto a su hermana, sus padres y sus tres hijos, un apoyo incondicional para ella durante toda la vida
Rosa junto a su hermana, sus padres y sus tres hijos, un apoyo incondicional para ella durante toda la vidaCedida

¿Cómo lo vivió emocionalmente siendo adolescente?

La primera vez lo viví regular, claro, porque era adolescente. Yo me veía horrible, con la cara caída, sin saber si eso iba a ser recuperable y sin que pareciera haber una solución médica. Y, aun así, no falté ni un solo día a clase. Fue una decisión personal. Iba con gafas negras porque el ojo no lo podía controlar, con un pañuelo porque me lloraba constantemente, pero iba. La recuperación fue larguísima, seis o siete meses.

¿Sintió que empezó a aislarse?

Sí. Es la edad de los complejos y yo desarrollé un grado de timidez muy fuerte. Me iba mucho al campo con mi padre y estaba allí todo el día. Lo disfrutaba, pero también era una forma de apartarme. Leía muchísimo, me leí todos los clásicos que había en casa y en el colegio. Salía con amigas, pero con las de mucha confianza. Me costó luego salir adelante, porque esa timidez se queda.

Tenía tres hijos pequeños y pensé: ¿qué voy a hacer? Pues tirar para adelante

Rosa María Rodrigo

A los 40 años volvió a sufrir otra parálisis en el mismo lado. ¿Qué pensó entonces?

Fue en un momento personal muy complicado. Yo me separé con 40 años, fue muy traumático, y entonces me volvió a dar. Ahí ya dije: “Esto no va a haber manera, esto va a ser irrecuperable”. Pero tenía tres hijos pequeños y pensé: ¿qué voy a hacer? Pues tirar para adelante. Ellos no podían tener una madre hundida en la miseria.

¿Llegó a dejar de hacer cosas por miedo a cómo la veían los demás?

Más que dejar de hacer cosas, me protegía. Yo no quería salir en fotos. Durante mucho tiempo utilicé gafas en las publicaciones porque no me atrevía a mostrarme sin ellas. Las gafas eran como mi protección.

Para ella, la moda se ha convertido en una vía de escape
Para ella, la moda se ha convertido en una vía de escapeCedida

¿Cómo surge entonces la idea de abrir Instagram?

Estábamos en una comida familiar y mis hijos hablaban de Instagram. Yo no tenía ni idea de lo que era. Les pregunté y me dijeron que era como otra ventana al mundo, donde la gente publicaba recetas, viajes, moda… Y yo dije: “¿Y yo puedo hacer algo?”. Mis hijos varones me miraron como diciendo que no lo veían, pero mi hija me dijo que sí, que lo hiciera, que en moda y estética lo podía hacer muy bien. Al día siguiente les dije: “Me voy a abrir un Instagram y quiero que me ayudéis”.

Relatos de vida

Instagram como forma de vencer su miedo

¿Cómo fueron esos primeros pasos?

Empecé poco a poco. Mi marido, que es fotógrafo, me ayudaba con las fotos. Yo vivo en el campo, siempre he tenido una forma de vestir muy campera, muy de botas, sombreros, chalecos verdes… y creo que eso llamó la atención. Al principio colgaba fotos con gafas, siempre con gafas. Me daba terror quitármelas.

¿Qué pasó la primera vez que publicó una foto sin gafas?

Fue durísimo. No me atrevía ni a mirar las fotos. Pensaba: “Voy a salir con un ojo más pequeño que otro”. Tenía miedo, mucho miedo. Mi marido me decía: “Pero si eres ideal”, pero yo no lo veía. Cuando me quité las gafas fue cuando tuve la lucha de verdad.

Rosa junto a su marido, otro de sus grandes apoyos y el que siempre le hace las fotos
Rosa junto a su marido, otro de sus grandes apoyos y el que siempre le hace las fotosCedida

¿Y qué le ayudó a dar ese paso?

Empecé a hacer un trabajo mental. Pensé: “Bueno, si está mal, es que soy yo”. Yo ya me había aceptado hacía años, pero una cosa es aceptarte en tu entorno y otra que te vea todo el mundo. Poco a poco vi que la gente ni se daba cuenta o no le daba la importancia que yo le daba. Y llegó un momento en que realmente no me importaba.

En redes sociales suele haber mucha comparación. En su caso ocurrió lo contrario.

Yo siempre he tenido la cabeza bien puesta. No me voy a comparar con una niña de 20 años. Yo soy una señora y muestro para señoras. En ese sentido, a esta edad no me ha afectado. Lo que me costó fue aceptar que todo el mundo iba a ver mi cara tal cual.

¿Instagram le ha ayudado más de lo que imaginaba?

Muchísimo. De no querer salir jamás en una foto a hacer ahora una sesión con valor y con ilusión. Me ha hecho mucho bien. Antes no hablaba nunca de la parálisis, era muy reservada. Ahora no me importa que la gente lo sepa.

Hay que desarrollarse como persona, apoyarte en los hobbies, en la lectura, en la música. Y tener la cabeza fría

Rosa María Rodrigo

Si pudiera hablar con la Rosa que se escondía hace años, ¿qué le diría?

Le diría que cosas malas en la vida nos van a pasar sí o sí, y que hay dos soluciones: o seguir adelante y aceptarte o hundirte en la miseria y convertirte en una rara. Yo pasé un poco por esa fase de timidez, pero tenía claro que quería estudiar, quería hacer mi carrera. Le diría que hay que vivir día a día, que esto es una carrera de fondo. No puedes querer que todo se solucione ya. Hay que desarrollarse como persona, apoyarte en los hobbies, en la lectura, en la música. Y tener la cabeza fría: vivimos una vez.

Rosa ha viajado por el mundo y ha normalizado por completo su situación hasta el punto que ya no tiene ningún miedo de que la gente la vea sin gafas
Rosa ha viajado por el mundo y ha normalizado por completo su situación hasta el punto que ya no tiene ningún miedo de que la gente la vea sin gafasCedida

Hoy, con 63 años, ¿cómo se siente?

Soy funcionaria, tengo tres hijos maravillosos que ya tienen su carrera y su trabajo, y llevo 25 años con una persona maravillosa. He pasado momentos muy duros, pero ahora puedo decir que soy feliz con lo que he conseguido y con haber superado todo esto.

Incluso ha podido ayudar a otras personas que pasan por lo mismo.

Sí. El otro día una chica en una gasolinera tenía la cara caída y pude hablar con ella. Me dio una satisfacción enorme decirle que yo había tenido dos parálisis y que con rehabilitación había mejorado mucho. Antes no hablaba de esto. Ahora sí. Y eso también es una forma de sanar.

Titulado por la Universitat Internacional de Catalunya y con una maestría en periodismo deportivo obtenida en la UPF Barcelona School of Management, me he desempeñado estos años en labores de redacción, seguimiento de actos y desarrollo de materiales para plataformas sociales. Hoy en día integro el departamento de Audiencias de Guyana Guardian.