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Conforme crece nuestra confianza en la inteligencia artificial, disminuye el conocimiento que obtenemos de la misma.

La IA en la educación

Una confianza desproporcionada en este progreso técnico puede crear subordinación y colocarnos en una situación precaria si se avería (o “equivoca”); por otra parte, la suspicacia podría causar un uso deficiente o el rechazo íntegro a su implementación.

La inteligencia artificial es útil para completar las tareas académicas, pero esto no implica necesariamente que lo sean para aprender

La inteligencia artificial es útil para concluir las tareas académicas, si bien esto no implica necesariamente que sea eficaz para el proceso de aprendizaje.

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El surgimiento de la inteligencia artificial (IA) generativa está transformando nuestra interacción con los avances tecnológicos. Una herramienta dotada de IA es capaz de ofrecernos una respuesta errónea sin que presente fallos técnicos o se esté utilizando de forma incorrecta. Sencillamente puede “equivocarse” y, tal como ocurriría con una persona, poseemos la alternativa de rectificar su error.

Dicha circunstancia provoca que la seguridad que otorgamos a la inteligencia artificial así como su modo de uso se transformen de manera considerable en comparación con el manejo de otros instrumentos tecnológicos en los cuales resulta habitualmente más evidente si ha ocurrido un fallo. Las plataformas con IA nos fuerzan a cuestionarnos si su desempeño es incorrecto y a validar las respuestas que nos proporcionan.

Innovación y credibilidad: un vínculo alterado.

La confianza es un factor esencial en el uso de la tecnología
La confianza es un factor esencial en el uso de la tecnologíaÀlex Garcia / Propias

Esta disparidad repercute de manera muy directa en el entorno de la enseñanza, involucrando tanto a docentes como a estudiantes. Dentro de este marco, las capacidades de la IA varían desde su empleo para optimizar el estudio hasta un uso que resulte perjudicial para la formación. Asimismo, la seguridad que le otorgamos se encuentra íntimamente ligada a cada una de estas dos alternativas.

La seguridad resulta un elemento fundamental al emplear herramientas tecnológicas. Si bien una fe desmedida puede crear subordinación y vulnerabilidad ante averías técnicas (o si ocurre “equivoca”), la carencia de seguridad suele derivar en un aprovechamiento pobre o incluso en la negativa total a usarla. Dentro del ámbito pedagógico, este último escenario resulta menos perjudicial que el anterior: el recelo motivaría al estudiante a verificar la veracidad de los datos recibidos, favoreciendo así su proceso formativo.

Con el fin de verificar esta premisa, he analizado el grado en que los alumnos universitarios otorgan credibilidad a los datos suministrados por la inteligencia artificial y los métodos que utilizan para validarlos.

Las conclusiones de la investigación indican que cerca del 80% de los 132 alumnos involucrados la emplean de manera habitual o muy asidua. Ninguno de los encuestados declaró haber prescindido totalmente de este recurso en sus tareas escolares.

Visión propia ante la realidad

Por encima del 75 % de los alumnos recurren a procedimientos poco seguros para validar los datos recibidos. Cerca del 40 % no llega a ejecutar tareas sencillas como requerir el origen de la información suministrada. Resulta bastante alarmante dado que más del 75 % confiesa que las plataformas de inteligencia artificial entregan resultados incorrectos de forma puntual o muy habitual.

No obstante, lo más llamativo es que la gran parte (por encima del 90 % de los encuestados) se cree apta para reconocer contestaciones erróneas al menos de vez en cuando, y nadie afirmó carecer de esa habilidad. Por el contrario, opinan que los docentes no cuentan con la destreza para notar dichos fallos.

Subjetividad irracional

La mayoría de los centros universitarios promueven el empleo de la IA mediante capacitaciones concretas dirigidas a profesores y alumnos por igual. A modo de ilustración, la Universidad Camilo José Cela, centro donde ejerzo la docencia y la investigación, realiza una labor destacada que abarca desde el aprendizaje permanente hasta la gestión de encuentros de gran escala tales como el Global Education Forum o el patrocinio de estudios como el presente.

No obstante, una cifra considerable de estudiantes desconfía de los servicios de inteligencia artificial de pago facilitados por la universidad por temor a que su privacidad se vea perjudicada. Estiman que la institución puede monitorizar sus preguntas y descubrir si han hecho un uso incorrecto de la IA.

Nuestra investigación demuestra un nivel de subjetividad carente de lógica en los estudiantes, lo cual sugiere que la utilización de este recurso resulta inapropiada. Dicha situación se manifiesta en la validación de los datos, así como en la elección de los instrumentos más pertinentes para el ámbito educativo y su correcta aplicación. Gran parte del profesorado nota cotidianamente que el alumnado ni siquiera percibe que está haciendo un uso erróneo de la misma durante su formación académica.

A mayor seguridad, menor aprendizaje

La inteligencia artificial resulta beneficiosa para finalizar los deberes escolares, aunque esto no garantiza forzosamente la adquisición de conocimientos. Si los estudiantes dependen de las soluciones entregadas por la IA y omiten verificar sus sugerencias, el proceso educativo no logra el mismo impacto.

Esa desmedida seguridad en la IA obstaculiza su empleo como recurso educativo, ya que no se activan el juicio crítico ni la metacognición: las operaciones cognitivas que operan al momento de solucionar un conflicto. De forma irónica, mucha de la duración que los alumnos se “ahorran” en dichos trabajos la emplean para suprimir las probabilidades de ser descubiertos utilizando la IA.

Si bien el empleo de la IA puede resultar fundamental para su rendimiento en el trabajo, el alumnado requiere formación para emplearla como un recurso didáctico, lo cual difiere de su posible aplicación en el entorno laboral. Aún resta una extensa trayectoria para lograr que la IA se incorpore de manera eficaz en el sistema de enseñanza, y las investigaciones de esta clase son fundamentales para evaluar la situación y establecer las acciones pertinentes.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. 

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