Una guerra por el poder en los Cárpatos hace 2.800 años desembocó en la aniquilación selectiva de mujeres y niños
Arqueología
Arqueólogos estudian los restos de

La fosa común de Gomolava apenas tenía 2,9 metros de diámetro y medio metro de profundidad

Mujeres y niños eran el objetivo. Y la aniquilación fue total. Sus cuerpos fueron arrojados hace 2.800 años a una fosa común de apenas 2,9 metros de diámetro y medio metro de profundidad en Gomolava (norte de Serbia). Esta guerra por el poder en la cuenca de los Cárpatos prehistóricos no respetó absolutamente nada.
Un equipo internacional de arqueólogos ha analizado los restos de hasta 77 personas. Hasta 51 de ellas eran niños y adolescentes y, de los 72 individuos de los que se ha podido determinar su sexo biológico, se ha descubierto que 51 eran mujeres, según explican en un artículo publicado este lunes en la revista Nature Human Behaviour.
Lesiones violentas en la cabeza
Habían muerto por culpa de lesiones violentas, especialmente en la cabeza, que no tuvieron tiempo de cicatrizar. Los cuerpos también presentaban heridas por proyectiles. “Fue una matanza selectiva a gran escala, dirigido principalmente contra mujeres y niños, que pudo tener consecuencias duraderas en toda la región”, dicen los investigadores.
El yacimiento de Gomolava, que empezó a estudiarse en 1953 en la llanura panónica meridional, junto al río Sava, cuenta con una de las fosas comunes prehistóricas más grandes excavada hasta la fecha. Punto de encuentro de diferentes culturas y tradiciones, durante la Edad del Hierro Temprana, cuando tuvo lugar esta masacre, las comunidades de la región experimentaron importantes cambios y reorganizaciones.

“El asesinato de estas 77 personas se extendió más allá de una familia o de un grupo. Aunque fueron enterradas juntas, no eran parientes cercanos y sus dietas eran de orígenes distantes. El episodio es una evidencia contundente de un cambio agresivo en el poder de la región”, escriben los autores del estudio.
La matanza tuvo lugar en una época inestable, cuando las comunidades semisedentarias se agrupaban alrededor de tells (colinas artificiales) y megafortalezas. Diferentes estilos de vida entre las tribus locales y los grupos recién llegados pudieron dar lugar a conflictos por el uso y la propiedad de la tierra.
“Gomolava se encontraba en un punto crítico físico, político y conceptual”, apuntan los arqueólogos. La fosa común, que data de mediados del siglo IX antes de Cristo, es un ejemplo “notable” de la intensificación de la violencia con un “sesgo de género” fuera de lo habitual.
“La aniquilación -escriben los investigadores- puede haber sido coercitiva o punitiva para imponer la hegemonía de un grupo o sofocar la resistencia, lo que la convierte en un acto intencional y con visión de futuro. Y tuvo lugar cerca del sitio de entierro, porque las personas fueron sepultadas poco después de morir”.

La hipótesis de los especialistas es que las víctimas procedían de diferentes asentamientos, dado que incluso los pueblos más grandes contaban en esa época con apenas con una población de entre 100 y 200 habitantes. “Los isótopos de estroncio muestran que algunos provenían de una red que abarcaba cientos de kilómetros” dicen.
“La fosa común de Gomolava no tenía como objetivo destruir un único grupo, como sí pasó en Koszyce alrededor del 2800 antes de Cristo, ni pretendía reducir la capacidad de combate para subyugar a una tribu. Fue la expresión de un conflicto que implicó asesinatos selectivos en la llanura panónica suroccidental”, señalan.
Una masacre intencional y calculada
En ese lugar perdido de los Cárpatos, los objetivos de la violencia fueron seleccionados de forma intencional y calculada por género y edad. “Mujeres y niños eran valiosos para el futuro de las comunidades o incluso como mano de obra esclavizada”, escriben los autores del artículo.
Lo que no tienen claro los especialistas es el destino que afectó a los hombres. “Quizás fueron los que perpetraron la brutal matanza o se salvaron por razones desconocidas o fueron asesinados y enterrados en otro lugar”, añaden.

Gomolava acabó convirtiéndose en un lugar de conmemoración. Un monumento que los investigadores han interpretado como un poderoso y pragmático intento de reequilibrar las relaciones de poder y afirmar el dominio sobre la tierra y los recursos.


