De los drones a la IA: cómo Ucrania ha cambiado el mundo de la guerra
Cuatro años de conflicto
La contienda europea se ha convertido en un gran laboratorio bélico

Un soldado ruso lanzando un dron de vigilancia desde un lugar no identificado de Ucrania, el pasado 15 de febrero

La guerra Ucrania comenzó de la manera más clásica: columnas de blindados avanzando hacia los puntos más estratégicos del país con el apoyo de cazas, helicópteros y artillería de largo alcance.
De hecho, Rusia no pensaba que estaba a punto de embarcarse en una contienda prolongada. La “operación especial” lanzada por Vladímir Putin el 24 de febrero del 2022 tenía que ser un golpe rápido. Existía la convicción de que los ucranianos recibirían a los invasores con los brazos abiertos. La caída de Kyiv era cuestión de días.
Nada más lejos de la realidad.
Las tropas rusas se toparon con una resistencia feroz, y aquella incursión exprés derivó en un conflicto bélico de alta intensidad que ahora va a cumplir cuatro años.
En todo este tiempo –y en gran parte debido a la necesidad de Ucrania de paliar su inferioridad militar frente a Rusia–, el campo de batalla se ha convertido en un gran laboratorio bélico. Lo que sucede en el frente está redefiniendo el mundo de la guerra.
El principal cambio que ha traído esta contienda es la entronización del dron. Los vehículos no tripulados ya habían hecho acto de presencia en guerras anteriores, como la de Afganistán, pero en Ucrania han adquirido un protagonismo inédito. Su uso es masivo: se calcula que son responsables del 80% de bajas. Y no solo se emplean como arma táctica, en ataques de gran precisión. También asumen tareas de vigilancia y de logística, aprovechando su capacidad para escurrirse entre las líneas enemigas. Kyiv incluso los emplea para evacuar a sus heridos.
Los drones han alterado además la economía de guerra. Son baratos y fáciles de producir, pero pueden causar daños millonarios. Lo sabe bien Rusia, que desde el inicio de la invasión ha perdido incontables tanques bajo el fuego de dispositivos que apenas cuestan unos cientos de dólares. En ese sentido, muchos consideran que la contienda ucraniana ha supuesto el fin de la era de los blindados.
“La proliferación de drones ha estancado las operaciones terrestres”, dice Guillermo Pulido, analista militar de la revista Ejércitos y autor del libro Guerra multidominio y mosaico (Catarata, 2021) “La guerra mecanizada tradicional del siglo XX ya no puede ejecutarse, los blindados y carros de combate se han vuelto vulnerables”, opina este experto, quien también destaca la pérdida de eficacia de la aviación.
El uso extendido de la inteligencia artificial es una segunda novedad destacada de esta contienda. Desde la identificación de objetivos a la gestión de bases de datos, pasando por la contrainteligencia, la evaluación de amenazas o la ejecución de ciberataques: prácticamente no hay ámbito en el que no haya penetrado la IA. “Esta tecnología ha tenido una influencia enorme”, explica José Pardo de Santayana, coronel retirado y vicepresidente de Real Instituto Universitario de Estudios Europeos, quien remarca que la ayuda de EE.UU. En este terreno ha permitido a Ucrania compensar su desventaja militar.
Se prevé que la adopción de la IA se intensifique en los próximos años, y eso ya ha hecho sonar algunas alarmas: los más críticos creen que delegar en un software decisiones como el lanzamiento de una bomba puede disparar las vulneraciones de derechos humanos.

Adiós a la opacidad
El campo de batalla se ha vuelto transparente, cualquier movimiento puede ser detectado en tiempo real
Estrechamente vinculada al auge de la IA y de los drones, la transparencia del campo de batalla es otro cambio de calado que ha traído esta guerra. Los mandos militares tienen información en tiempo real de lo que sucede tanto en el frente como en la retaguardia enemiga. Ahora ya no hay tanto margen para la sorpresa: ocultar los movimientos de tropas y de suministros se ha vuelto una tarea casi imposible. Realizar ataques quirúrgicos, en cambio, resulta más fácil que nunca.
En este fenómeno ha tenido mucho que ver la irrupción de los sistemas de internet por satélite, que permiten tener acceso rápido a la red en zonas donde esto no es posible mediante medios convencionales. Starlink, la compañía de Elon Musk, ha sido pionera en este campo, y ha desempeñado un papel clave en el actual conflicto, facilitando las comunicaciones estables incluso bajo bombardeos masivos. Ambos bandos se han beneficiado de sus servicios, aunque a inicios de este mes Musk decidió desconectar a Rusia de sus terminales. Según el Instituto de Estudios para la Guerra, think tank con sede en Washington, este bloqueo ha permitido a Ucrania registrar su mayor avance territorial en un año. Una muestra de la enorme relevancia que ha adquirido la tecnología satelital. Como remarca Guillermo Pulido, “el espacio es una columna vertebral de la guerra moderna”.
Todas estas transformaciones parecen imparables, ejércitos de todo el mundo están tomando nota, pero ¿hasta qué punto se va a producir un cambio generalizado de la doctrina militar?
“Todavía estamos en una fase de estudio, no se ha cerrado el ciclo de análisis”, responde Pardo de Santayana. “Además, las fuerzas armadas son resistentes al cambio. Pero, cuando acabe la guerra, estoy seguro de que veremos modificaciones”. Eso sí, como subraya este analista, las lecciones que hoy se extraen de Ucrania quizá no sean válidas para las contiendas de mañana: “Cada guerra es distinta”.
El factor humano
Los soldados todavía importan
Los avances tecnológicos invitan a pensar en una guerra sin humanos, pero la realidad es que, en Ucrania, los soldados se han demostrado tan imprescindibles como irremplazables. Sin ellos, no se puede ocupar el territorio. Son un recurso esencial para ambos bandos. Y también escaso. Para Ucrania, la renovación de efectivos se ha convertido en un problema de primer orden. Desde el inicio de la invasión, las autoridades han adoptado varias medidas para fomentar el reclutamiento, pero sin demasiado éxito. La población está fatigada y las deserciones son habituales. El panorama tampoco es halagüeño para Rusia: los analistas creen que el Kremlin tendrá que recurrir en breve a la movilización forzosa de reservistas para paliar sus múltiples bajas.


