Los últimos dulces monacales de Barcelona
Repostería de convento
Las Hermanas Clarisas del monasterio de Jerusalén confeccionan turrones y polvorones navideños y otros confites para todo el año

Sor Jerusalén, con las cajas de productos elaborados por las monjas clarisas
Todos los días, de lunes a viernes, las hermanas Luz, Felicidad, Inmaculada, Estela, Jacinta, Alegría, Anna y Jerusalén bajan al obrador del monasterio de las Clarisas de Santa María de Jerusalén, en la falda de la sierra de Collserola, para trabajar en los dulces que la Guía Repsol ha reconocido recientemente entre los mejores de España.
Las hermanas clarisas, que llevan afincadas en Barcelona desde 1453 y han sufrido distintos cambios de sede hasta la llegada al actual monasterio, al final del pasaje Mare de Déu de l’Estrella, han recibido la distinción con entusiasmo y felicidad pero, también, conscientes de la responsabilidad y el esfuerzo que conlleva. “Antes vendíamos bastante en Navidad pero nunca como este año. No damos abasto”, explica sor Jerusalén, abadesa del monasterio. Pastas de té, nevaditos, lenguas, corazones, rocas de chocolate, pastas de nata, corazones y todavía más se puede adquirir en su tienda online o en la pequeña tienda en una esquina del monasterio que las clarisas atienden todos los días, de 9 h a 13:30 h y de 15 h a 17 h, por un precio que ronda entre los 5 y los 8 euros en función del producto. A este surtido tan variado de dulces se le añaden incorporaciones estacionales que brillan en las mesas de otoño (preparan panellets por encargo) y también de Navidad. Sus fieles clientes han agotado el turrón de almendra, del que ya están preparando otra remesa, pero todavía se pueden comprar otros tipos de turrón, como el de chocolate con coco, así como polvorones y mantecados.
Las hermanas llevan elaborando los dulces desde 2011, cuando construyeron un obrador a tal efecto
“El mantecado es el que siempre lleva más manteca que almendra y el polvorón, al revés”, recuerda sor Jerusalén. Natural de Cabra, en la provincia de Córdoba, recuperó la receta de magdalenas de su madre, que es uno de los productos más vendidos junto a los dulces de almendra, las alegrías y las estrellas de Jerusalén: “queríamos hacer unas magdalenas pero no nos salían, así que recordé las que hacía mi madre, que en paz descanse, que eran muy buenas, y nos regaló la receta porque no quería que se perdieran con su muerte”. Las elaboran todos los días debido a su alta demanda e incluso la charcutería La Garriga, en el vecino barrio de Sarrià, se hace con más de treinta bolsas todas las semanas para su clientela.
“Por la buena tierra que es toda bendición y que produce frutos para nuestra sustentación, loado sea el señor”, se lee en su tienda. Las hermanas, que llevan elaborando los dulces desde 2011, cuando construyeron un obrador a tal efecto, “con un cuartito especial para preparar el chocolate”, habían trabajado en otras labores anteriormente. “Como necesitamos trabajar para mantenernos, habíamos hecho barcos de artesanía y rellenado botes de champú natural, pero se nos ocurrió hacer dulces ya que no había otras monjas que los hicieran en Barcelona”.

Sor Jerusalén explica que todas las hermanas saben cocinar, “cada una al estilo de su país”, y las que trabajan en el obrador están muy bien avenidas en la confección de los dulces. “Muchas de las recetas han sido peticiones de nuestros clientes, como las alegrías (pastas de té con chocolate blanco o negro y las estrellas de Jerusalén) y otras han surgido de un error como, por ejemplo, las roscas de anís. Nos equivocamos en añadir un ingrediente extra a la receta y para aprovechar la masa decidimos hacer roscas”, comenta la madre superiora, que cuenta que al inicio de esta andadura repostera, tres de las monjas más jóvenes se desplazaron a otro monasterio para poder aprender de manos de otras hermanas unas recetas con las que empezar a preparar sus dulces.
Sor Jerusalén cuenta que el santo de alguna hermana se celebra con sus propias magdalenas, y que también comen los productos que han salido del horno menos gloriosos. “Pero no nos excedemos, porque si no, ¡cómo nos pondríamos”, dice entre risas.
