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El agua con gas que se servía en el Titanic vuelve a la mesa más de un siglo después

Patrimonio gastronómico

El hostelero pontevedrés Carlos Fontán relanza Aguas del Lérez con una producción prevista de 100.000 unidades este año

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Las nuevas botellas de Aguas del Lérez se comercializan en formatos de vidrio y plástico, pensados para su distribución en hostelería y restauración. 

Las nuevas botellas de Aguas del Lérez se comercializan en formatos de vidrio y plástico, pensados para su distribución en hostelería y restauración. 

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Más de un siglo después, Aguas del Lérez, la marca de agua con gas que se servía en los salones del Titanic y en la Casa Real Española, vuelve a comercializarse tras décadas desaparecida. El proyecto renace ahora de la mano del hostelero pontevedrés Carlos Fontán, decidido a recuperar un legado industrial y gastronómico vinculado al pasado de Pontevedra.

El origen de la marca se remonta a 1906, cuando el indiano Casimiro García Cobas, tras hacer fortuna en Argentina, inauguró el Balneario del Lérez a orillas del río pontevedrés. En plena época dorada del termalismo, sus aguas mineromedicinales carbónicas se convirtieron en símbolo de modernidad, bienestar y estatus social. Tanto, que logró llegar a medio mundo.

Recreación realizada con inteligencia artificial del Balneario del Lérez, inaugurado en 1906 y hoy desaparecido.
Recreación realizada con inteligencia artificial del Balneario del Lérez, inaugurado en 1906 y hoy desaparecido.Instagram

Visionario para su tiempo, García Cobas impulsó una de las primeras plantas de embotellado de Galicia. Las botellas llegaron hasta China, India, Inglaterra, Argentina, Egipto o Australia, se suministraron a la Casa Real Española y acabaron siendo servidas en los salones del Titanic. En una época en la que el agua carbonatada era un producto casi medicinal y reservado a las élites, Aguas del Lérez representaba lujo y distinción.

La Guerra Civil puso fin a aquella aventura. El balneario cerró en los años treinta, el edificio quedó abandonado, el entorno natural cambió con el paso del tiempo y el acuífero original acabó contaminado. La marca desapareció durante décadas. Hasta ahora.

Casimiro García Cobas fue uno de los pioneros del embotellado en Galicia: sus aguas llegaron a cinco continentes, se sirvieron en la Casa Real Española y acabaron a bordo del Titanic

El responsable de esta segunda vida es Carlos Fontán, empresario pontevedrés vinculado a la hostelería, que hace unos años descubrió que la marca “Aguas del Lérez” no estaba registrada. “Detecté que el consumo de agua con gas crecía mucho en mis locales. Ahí había un filón”, explica. El proyecto se activó tras varios años de investigación hasta encontrar un manantial lo más parecido posible al original. La búsqueda terminó en el manantial Sanxinés, a pocos kilómetros del antiguo balneario. “Es un agua muy similar a la original y también emerge a 14,5 grados”, detalla Fontán.

Se trata de un agua de mineralización muy débil, con ligera presencia natural de gas reforzada con gas carbónico añadido y un perfil especialmente apreciado en la mesa: solo 12 mg/l de sodio, lo que la hace baja en sodio e indicada incluso para personas con hipertensión. Se embotella en la planta de Disbepo, en formatos de vidrio y plástico.

La nueva Aguas del Lérez nace de un manantial muy similar al original, con mineralización muy débil y solo 12 mg/l de sodio, indicada incluso para personas con hipertensión

La nueva Aguas del Lérez se dirige por ahora a un circuito selecto, centrado en hostelería y restauración, al margen del gran consumo. Consciente de la dificultad de competir en el mercado nacional con gigantes como Perrier, San Pellegrino o Vichy Catalan, Fontán apuesta por la exportación como principal vía de crecimiento. La previsión para 2026 es alcanzar las 100.000 botellas, con especial atención a mercados exteriores donde el consumo de agua con gas mantiene una fuerte tendencia al alza.

En ese camino, el proyecto contempla la presencia en ferias internacionales del sector en Miami, Boston y Barcelona, así como su posicionamiento en espacios de consumo premium y de alta rotación, como aeropuertos y restauración de nivel. Más allá de las cifras, Fontán quiere recuperar el “espíritu del Lérez”: el de un empresario adelantado a su tiempo cuya historia “no se conoce lo suficiente”, lamenta.