Cocinar y comer juntos nos engrandece.
Al día
Comer en grupo fortalece el vínculo
Tres de cada cuatro niños de 4 a 8 años comen frente a una pantalla

Cocinar lo que comemos y compartirlo mejora nuestro estado ánimo.

La calidad emocional de nuestra alimentación depende menos de los alimentos y mucho más de con quién compartimos la comida, de la desconexión digital y de vivir el momento presente. Así lo avala el estudio Identificando las emociones en los hábitos culinarios con IA y equipos biométricos realizado por la Universidad Rey Juan Carlos, la Sociedad Española de Neurología y el Centro de Investigación Biomédica en Red de Fisiopatología de la Obesidad y Nutrición (CIBEROBN) del Instituto de Salud Carlos II.
La investigación también apunta que “el bienestar se alcanza con la combinación de comida casera, acompañada y sin pantallas. Por el contrario, comer frente a una pantalla activa un estado cerebral similar a la alerta, impidiendo la degustación y convirtiendo el acto de comer en un simple trámite. Solo el 2 % de la muestra realiza sus comidas en un entorno libre de dispositivos electrónicos. En este sentido, la población más joven presenta una especial vulnerabilidad al aislamiento social asociado al uso de dispositivos digitales”.
Una de las principales conclusiones es que la compañía humana es el principal impulsor de bienestar durante la preparación y consumo de alimentos, superando ampliamente a cualquier interacción digital.
Así, cocinar acompañado triplica la emoción de alegría en nuestro cerebro que aumenta en un 232%, con respecto a hacerlo solo. La presencia de otras personas transforma una actividad rutinaria en una experiencia emocionalmente positiva, reforzando la idea de que la socialización alrededor de la comida sigue siendo un pilar de bienestar. Una tesis que conecta con el proyecto SALSA de la Fundació Alícia y otras iniciativas que trabajan con la socialización en las comidas para mejorar trastornos anímicos.

Esta investigación demuestra científicamente que la calidad emocional de nuestra alimentación depende menos de los alimentos que hay en el plato y mucho más de con quién compartimos la comida, de la desconexión digital y de vivir el momento presente. Así, el estudio ha demostrado que la compañía humana no puede ser sustituida por estímulos digitales o dispositivos electrónicos. Estar acompañado mejora la absorción de nutrientes (se come más despacio) y reduce el riesgo de obesidad al facilitar la saciedad consciente.
En contraste, según el mismo estudio, el uso pantallas y dispositivos electrónicos durante las comidas ejerce un efecto negativo: no provoca tristeza de manera directa, pero aplana las emociones positivas, hasta reducir la alegría en un 32%.
Conforme señala este estudio, el material digital, al propiciar una situación de alerta y dispersar la concentración, entorpece el disfrute deliberado y perjudica la apreciación sensitiva de la comida.

