La literatura de la vida, la vida de la literatura
He barajado varios nombres que para mí son o serán candidatos al Cervantes, entre ellos el de Enrique Vila-Matas y el de María Victoria Atencia. Es una desagradable noticia ver que, reiteradamente, no ha sido así. Pero me alegra la noticia de que haya sido para Gonzalo Celorio (Ciudad de México, 1948), del que su fiel editorial, Tusquets, acaba de publicar el voluminoso libro de sus memorias, Ese montón de espejos rotos (y, en 2022, Mentideros de la memoria). Las credenciales de Celorio son impecables. A mí me había impresionado mucho la lectura de Y retiemble en sus centros la tierra (1999). Fue entonces cuando me lo presentó Augusto Monterroso y se inició una amistad que dura hasta hoy. Enormemente cordial, es un verdadero seductor, tanto la persona como el escritor, que solía decirme, para mi regocijo, «la nostalgia no es lo que era».

Profesor de literatura hispanoamericana en la UNAM, impartió la cátedra de Maestros del Exilio Español. Miembro correspondiente de la RAE, es autor, entre otros, del ensayo Del esplendor de la lengua española (2016). En Cánones subversivos (2009) nos habla de los escritores que más le han marcado, como Jorge Ibargüengoitia, Julio Cortázar e Italo Calvino. México está siempre presente en su escritura, como en el ensayo México, ciudad de papel (1977). Presente asimismo Cuba, con la que estuvo en estrecho contacto, muy crítico de la revolución de Fidel Castro, sin ensañamiento.
Tanto las novelas como los ensayos son marcadamente autobiográficos. Son frecuentes la presencia del tiempo, la enfermedad y el olvido, y se mueve siempre entre la ficción y la realidad, de ahí su especial concepción de la novela. Sus ensayos son una verdadera introducción a su narrativa. Una escritura inmediatamente atractiva, llena de humor y de divertidas o dramáticas anécdotas. De las dos novelas más recientes, en El metal y la escoria (2014) investiga su biografía a través de archivos, fotografías o visitas a los lugares de origen de su familia. La francofilia de su tía Luisa no se refiere a su atracción por la cultura francesa sino a “su adhesión a la causa de Franco”. Como en Cien años de soledad, de García Márquez, la pérdida de la memoria está ligada a la necesidad de descubrir el pasado y la necesidad de convertirlo en presente. A través de los personajes vivimos la historia de México y de Cuba.
Por su parte, en Los apóstatas (2020) reflexiona sobre un tema siempre presente en Celorio, donde literatura y vida son una misma cosa y «lo mismo puede echar mano de la historia que de la ficción, de la realidad que de la fantasía». Nos habla de la familia, de la casa de la infancia y de la religión que, debido a la represión, lleva a la apostasía. Muy oportuna la concesión el Premio Cervantes.
