Cultura

La reaparición de la clásica figura del rock bajo el enfoque de Pere Francesch.

Novedad editorial

El autor y comunicador relata en ‘No oblidis el teu nom’ el escape de un vocalista hacia Islandia y la forma en que un muchacho entusiasta del trap le permite vincularse de nuevo mediante la composición de sonidos.

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Pere Francesch, fotografiado este viernes en Barcelona

Pere Francesch, fotografiado este viernes en Barcelona

Ana Jiménez / Propias

Lo que la juventud oye actualmente no se considera música, sino simple estruendo, pues carece de instrumentación auténtica, de líneas melódicas, de estructuras armónicas o de cualquier elemento similar, ¿cierto? Gran parte de los mayores opina de ese modo sobre el género urbano, tal como ocurrió anteriormente con las canciones de los Beatles o los Rolling Stones, por no mencionar a Iron Maiden o Metallica.

Con el propósito de cuestionar el cliché sobre este tema, Pere Francesch Rom (Montbrió del Camp, 1981) ha redactado la novela No oblidis el teu nom (Columna), una historia en la cual un referente del rock de los setenta se fuga en la cumbre de su carrera para guarecerse en Djúpivogur, una villa pesquera de Islandia donde nadie sabe quién es y habita durante cuarenta años en total discreción, al extremo de ser conocido, sencillamente, como el extranjero. A ese lugar arriba igualmente Elmar, un adolescente de diecisiete años sin madre y entusiasta del trap que entabla con el extranjero un trato difícil a través del cual consigue sanar las heridas de sus vivencias anteriores. “En verano del 2022 viajé a Islandia y aquel pueblo me pareció un buen lugar para perderse de incógnito. Por otra parte, viendo un documental sobre David Bowie recordé el momento en que dijo que sería el último concierto de Ziggy Stardust, y el resto fue saliendo”, señala Francesch, quien puntualiza asimismo que “perderse del todo es muy difícil porque siempre se arrastra una mochila”.

Esta obra constituye asimismo un análisis acerca de las repercusiones del triunfo, ya que no se deben dejar de lado los orígenes.

Según el redactor, profesional de la Agència Catalana de Notícies, “es muy importante la fuerza que tiene la música para hacernos conectar, es un refugio, y quería intentar trasladar lo que siento por la música a este libro. Es como una carta de amor a la música que se hacía a finales de los sesenta y primeros setenta, aquella época gloriosa, sin perder de vista la que se hace hoy, que también es muy interesante”. De este modo, el foráneo únicamente consume piezas musicales hasta el año 1980, “que es cuando matan John Lennon y sale el disco Closer de Joy Division, a partir de allí ya no le interesa nada”.

Francesch encuentra un “gran error pensar que lo que había antes siempre era mejor, aunque fuera una época maravillosa, con los Beatles, Bowie, Dylan o la Velvet, pero si se presta atención se están haciendo cosas buenísimas. Tenemos a Rosalía, Raye, una cantante que me encanta, Olivia Dean, o The Weeknd... O los que escucha Elmar, como XXXTentacion o Central Cee, que he descubierto por el trabajo y en casa, y me han llamado la atención aunque me cueste más conectar”.

Pere Francesch, fotografiado este viernes en Barcelona
Pere Francesch, fotografiado este viernes en BarcelonaAna Jiménez

Puesto que el arte sonoro se percibe de otra forma en el presente, y en el texto el extranjero detalla de esta manera las impresiones de su juventud: “...ir corriendo a casa, como si te persiguiera tu peor enemigo en persona, subir las escaleras de cuatro en cuatro, sacar el plástico de la funda y después el vinilo, olerlo, colocarlo sobre el plato, bajar la aguja y, en aquel momento, se hacía la magia”. El literato rememora que anteriormente “había algo ritual en la música, mientras que ahora tengo listas interminables de canciones que me interesan, pero a veces ni recuerdo los nombres de los grupos, todo es muy rápido”. No obstante, resulta igualmente verídico que “muchos de los discos de los que hablo en el libro los he descubierto gracias a las plataformas”. Sin colmar el relato con sugerencias, las melodías actúan como impulso adicional dado que “en este mundo salvaje y tan desesperanzador hay que reivindicar la música, el arte y la cultura”.

Existe una pieza musical que desempeña un rol fundamental en el relato y quien lee podría pensar que es ficticia, Die in november, sin embargo, no es el caso: “Es de Marina Danae (Marina Solsona), hija de mi pareja –la escritora Laia Aguilar–, que estudia música en Londres. Es un tema que me tocó mucho y me parece precioso, y además Marina, como también su hermano Èric, me ha ayudado mucho a conocer muchos a grupos que meto en el libro, muchos de los cuales desconocía totalmente”.

Representa asimismo una exploración sobre los efectos de la victoria: “Parece que todo sea genial, pero muchos lo llevan mal, y quería contrastar a un chico que quiere vivir el éxito brutal con un viejo que lo ha vivido y le dice que no todo es tan bonito, y que hay que olvidar las raíces. Yo vengo de un pequeño pueblo del Baix Camp y estoy muy orgulloso de reivindicarlo”.

Francesc Bombí Vilaseca

Francesc Bombí Vilaseca

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Periodista de Cultura. Escritor de 'Febre amb gel (Fonoll, 2023) y 'Roger Mas. La pell i l'os' (Satélite K, 2011). Graduado en Periodismo (UAB) y en Filologia Catalana (UB)