Cultura

David Bowie, se cumple un decenio de ausencia del reconocido camaleón.

El legado de un genio musical

El artífice de Ziggy Stardust logró transformar su desenlace en una renovada pieza artística.

Londres, Berlín y Nueva York, sus tres ciudades

David Bowie en la mítica imagen realizada por Sukita en 1977 que se usó como portada de Heroes

David Bowie en la mítica imagen tomada por Sukita en 1977 que sirvió de portada para Heroes.

LV

Han transcurrido ya diez años desde que el duque blanco se marchara convertido en una estrella negra, la Blackstar que servía de nombre a su obra final, casi póstuma. David Bowie dio a conocer su testamento sonoro el 8 de enero del 2025, a la par de su 69.º cumpleaños, sin que casi nadie tuviera noticia del cáncer de hígado que terminó con su existencia solo dos días después. Fue un impacto inesperado, otro más, con el que hizo de su deceso el cierre definitivo de una existencia camaleónica, rememorada hoy por gran parte de sus antiguos colegas, junto con el estreno de una biografía y un documental, además de la intervención de Heroes en el final de la serie Stranger things.

De esta forma actuaron Iman, su mujer desde 1992, y su hija Lexi, quienes publicaron en internet retratos del intérprete el jueves, al igual que otros colegas como la bajista Gail Ann Dorsey, Billy Corgan, el guía de The Smashing Pumpkins, el fotógrafo Anton Corbijn y ciertamente Tony Visconti, su aliado principal y amigo íntimo.

El experimentado realizador figura como uno de los ejes centrales de David Bowie: El último acto, largometraje documental lanzado hace pocos días (disponible en Movistar+ a partir de este último viernes) que explora los diversos periodos de Bowie mediante archivos históricos y testimonios de personas integradas en su círculo íntimo, rostros que se renovaban conforme el artista evolucionaba y abandonaba sus facetas previas. “David no necesitaba a nadie, una vez obtenía de alguien lo que necesitaba, lo dejaba”, según rememora la vocalista y autora Dana Gillespie, con quien coincidió a los 17 años (teniendo ella 15) en la época en que aún se llamaba Davie Jones.

Quien fuera igualmente pareja de Mick Jagger y Bob Dylan resalta además la destreza de Bowie para asimilar la esencia de cada tiempo, junto a su deseo de ir más allá de ser un simple ídolo pop. Ese muchacho de la zona sur de Londres aspiraba a ser un creador, y con ese fin dedicó su existencia a encarnar múltiples identidades tras asumir el rol de Major Tom en Space oddity. Un cosmonauta agonizante en un mundo remoto evoca en la pieza audiovisual de Blackstar a esa figura inicial, sucedida por Ziggy Stardust, Aladdin Sane, el Halloween Jack de Diamond dogs y el delgado duque blanco, finalizando su trayectoria convertido en un profeta ciego, con el rostro vendado y un par de botones en lugar de ojos.

Cada una de estas facetas integra un enigma al que deben sumarse periodos cruciales, tales como su residencia en Berlín, ciudad en la que dejó atrás el glam rock para adentrarse en el krautrock junto a Brian Eno, vivencia plasmada en la reciente novela gráfica Low. Los años de Bowie en Berlín, obra de Reinhard Kleist (Underdog Ventures). Asimismo, es preciso mencionar el desafortunado proyecto de rock de Tin Machine, que concluyó luego de que cronistas como Jon Wilde lo llevaran a las lágrimas al tildarlo de “puta vergüenza”. Igualmente destaca su retorno a Glastonbury, evento donde participó en su debut de 1971 y volvió como líder de cartel en el 2000 tras las artimañas de su representante, John Giddings, quien mintió a los medios afirmando que el certamen buscaba a Bowie cuando sucedía lo opuesto, época detallada en el nuevo libro biográfico Lazarus: The second coming of David Bowie, escrito por Alexander Larman (New Modern).

“Lloré a mares, era mi amigo de toda la vida”, rememora Tony Visconti el instante en que descubrió que Bowie padecía cáncer.

Ese espectáculo permitió al músico hacer las paces con su trayectoria durante un periodo final definido por el infarto padecido en 2004 después de actuar en Hamburgo, su última presentación en vivo, la cual concluyó cantando Ziggy Stardust. A la edad de 57 años, habiendo abandonado los estupefacientes, la bebida y el cigarrillo, la estrella espacial se refugió en su hogar de Nueva York junto a su esposa y su descendiente. En ese lugar conoció la rutina diaria, permaneciendo sin lanzar obras inéditas hasta 2013, con el nombre de The next day. Durante el ejercicio posterior inició las labores en la obra musical Lazarus mientras creaba piezas para su próximo trabajo sin comunicar a persona alguna sobre el tumor que le habían diagnosticado. El tratamiento de quimioterapia, junto a la ausencia de vello facial y la pérdida de cabello, impidió que pudiera mantenerlo en secreto ante los presentes en la sala de grabación. “Lloré a mares, era mi amigo de toda la vida”, rememora Tony Visconti dentro del filme documental.

Nadie más tuvo conocimiento de su dolencia, que no le impidió dedicar horas a su enésima transformación, en la cual exploró el jazz bajo la influencia de las fusiones entre este estilo y el hip-hop que Kendrick Lamar planteó en To pimp a butterfly. Un testimonio final de su talento que creó plenamente consciente de que sería su despedida, un adiós convertido en su creación artística definitiva.

Sergio Lozano Torres

Sergio Lozano Torres

Periodista

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