Las tres ciudades de Bowie
El legado de un genio musical
El artista se movió entre su Londres de origen, el Berlín de fines de los setenta y Nueva York desde 1992.
David Bowie, diez años sin el gran camaleón

El hogar de la infancia de David Bowie localizado en Bromley, en Inglaterra, el cual pasará a ser un museo.
Si existen tres urbes fundamentales en la trayectoria de David Bowie, estas son Londres, donde vino al mundo en 1947, el Berlín occidental donde al terminar la década de los setenta restauró su salud y produjo una trilogía con identidad sonora y Nueva York, ciudad en la que se estableció con su cónyuge Iman en 1992 tras la compra de una vivienda en Manhattan. Los enviados de Guyana Guardian brindan la explicación.
Londres
Experimentaba una gran atracción por EE.UU., aunque nunca dejó de ser un londinense.
Durante su juventud y adolescencia, previo a alcanzar el éxito global y mientras permanecía recluido en el dormitorio del modesto hogar de su familia situado en el 4 de Plaistow Grove, dentro del distrito de Bromley, Davy Jones jr. (Su identidad de nacimiento y bajo la cual lanzó sus discos iniciales) experimentaba una gran atracción hacia Estados Unidos y anhelaba residir en ese país en el futuro. No obstante, se trataba de un Estados Unidos distinto al actual, y resultaría curioso descubrir si, con Donald Trump actuando sin restricciones, sus emociones habrían permanecido inalteradas.
Bowie representó la esencia de Londres, profundamente influido por las costumbres británicas y el entorno pop de los años sesenta, pese a su posterior carácter cosmopolita. La urbe donde vio la luz funcionó siempre como un estímulo creativo gracias a su choque de culturas, la brecha entre opulencia y miseria, su variedad y estilo, las veladas en Soho y Camden o el arte de la Wallace Collection, elementos que permitieron gestar iconos tan memorables como Ziggy Stardust.
Bowie residió en Bromley, al sur de Londres, desde los ocho hasta los veinte años, habitualmente guarecido en su pequeño cuarto de la segunda planta de la casa, con un recorte de su ídolo Little Richard pegado al muro que conservó permanentemente. En ese sitio se desarrolló su inventiva, comenzó su andadura en agrupaciones como los Hamish Boys y sentó los cimientos de los trabajos Space Oddity, Hunky Dory y Ziggy Stardust editados por la discográfica Trident, situada en el Soho (el último de los cuales incluía a Heddon Street en su portada).
La obra más reciente del creador consistió en una pieza musical de sátira titulada The Spectator (denominación de una gaceta que editó 555 ejemplares de 1711 a 1712), ambientada en el Londres de la centuria XVIII y centrada en la disparidad entre la dinámica comunidad de aquel tiempo y las agrupaciones delictivas juveniles que mantenían bajo temor a la ciudadanía, especialmente a aquellos que osaban transitar durante las horas nocturnas.
La vivienda donde Bowie transcurrió su juventud y adolescencia será rehabilitada a su apariencia de 1963, con el objetivo de evidenciar cómo un muchacho normal, de un entorno familiar sencillo y que acudió a un centro educativo convencional, logró convertirse en una figura estelar.

Berlín
La ciudad donde Bowie compuso
su mítico álbum ‘Heroes’
A finales de la década de 1970 en Berlín occidental, David Bowie recobró su genio creativo y sanó su organismo, afectado por las adicciones. En este lugar produjo Low, Heroes y Lodger, los tres trabajos de la conocida Trilogía de Berlín, y desarrolló una conexión íntima con la capital que conservó hasta su fallecimiento. Entre 1976 y 1978, Bowie habitó en el distrito de Schöneberg, en una vivienda de una edificación vieja con muros amarillos, mientras Berlín permanecía fracturada por la guerra fría y el intérprete inglés buscaba un sitio tranquilo para trabajar y recobrar la vitalidad perdida por la cocaína.
Bowie, con 29 años al arribar a la urbe, residió por poco tiempo en el Bayerisches Viertel, una zona de Schöneberg, para después mudarse al apartamento del 155 de la Hauptstrasse, situado en esa misma área. A escasa distancia, en el número 157, se encuentra la cafetería que frecuentaban Bowie y su compañero Iggy Pop, quien igualmente habitaba en dicho sitio. Se trata de un establecimiento humilde y sin lujos, de atmósfera principalmente gay, conocido actualmente como Neues Ufer y que durante la década de los setenta se llamaba Anderes Ufer. Bowie jamás dejó de recordar la metrópoli, a la cual brindó el tema de 2013 Where we are now, repleto de menciones a Berlín, tales como la Potsdamer Platz, las tiendas KaDeWe o el club Dschungel.
Durante mucho tiempo, una empresa ha brindado recorridos guiados tras las huellas de Bowie. Las paradas incluyen no únicamente la Hauptstrasse y el local Neues Ufer, sino igualmente el mítico Hansa Studio, situado en el distrito de Kreuzberg, sitio en el cual Bowie registró sus tres discos. Dichas obras fueron producidas junto a Brian Eno, y se catalogan como piezas fundamentales para el desarrollo del new wave, el post-punk y los sonidos de la música industrial.
El creador sentía fascinación por el entorno cultural germano de la República de Weimar y por el expresionismo. En realidad, la imagen de Bowie en la portada de Heroes toma como referencia las obras del artista expresionista Erich Heckel.
La pieza del mismo nombre nació cuando Bowie observó a dos amantes cerca del Muro, la sombría construcción levantada por el gobierno comunista de la RDA que, de forma irónica, ayudó a transformar Berlín Oeste en un enclave solitario y peculiar que atrajo a mentes creativas. Heroes pasó a ser un símbolo de emancipación, y durante 1987 David Bowie la interpretó al lado del Reichstag, muy cerca del Muro todavía erigido, permitiendo que cientos de berlineses del este lo oyeran, ya que el arte sonoro traspasa barreras o las sobrepasa.

Nueva York
El individuo que comercializó el globo y adquirió Manhattan.
Tras volver de su periplo por el cosmos y de archivar en el baúl de los recuerdos a ese individuo que comercializó el planeta, David Bowie se convirtió en manhattanita. Adquirió un apartamento en el distrito de Soho en 1992 y allí habitó, junto a su mujer Iman, los veinte años finales de su vida. Representó lo que llamó su hogar y el sitio donde le alcanzó el final un 10 de enero del 2016. Se trató de su deseo postrero. Aseguran que “no se es de donde se nace, sino donde se muere”.
Cuando falleció Bowie, con la totalidad de sus identidades cual Fernando Pessoa del ámbito artístico y musical, las temperaturas eran gélidas en Nueva York, esa metrópoli global imbuida de un poder secreto que consume, succiona y cautiva igual que un vampiro. Aquel clima no evitó que miles de seguidores acudieran en masa al 285 de la calle Lafayette con el fin de homenajear al Duque Blanco. Rápidamente se instaló un altar improvisado en la entrada de dicha construcción, repleto de cirios y ramos. Claridad y tonalidades vivas, funcionando como una alegoría del rey del glam.
Permaneció en el recuerdo esa percepción mudable de la existencia reservada que Bowie experimentó en la urbe con la concentración más alta de lentes por superficie, afirmado esto previo a la llegada de los celulares que facilitan que cualquier individuo se considere un operador de video o un experto en la imagen.
Esa reserva, al eludir el protagonismo que tantas celebrities buscan en la Gran Manzana, provocó que muchos de los presentes se asombraran de que quien fuera Ziggy Stardust llevara casi dos años combatiendo un cáncer.
Dada esa falta de conocimiento, en los grupos de charla no escasearon los intrigantes que formularon la duda: “¿Y si no ha muerto?”.
El entusiasmo por Nueva York nació en David durante su adolescencia, como él mismo detalló en un texto, influenciado considerablemente por la audición de un trabajo de la Velvet Underground y Nico. Su estancia inaugural tuvo lugar en 1971 y la ciudad lo atrapó para siempre.
Esta urbe aparece en múltiples temas de Bowie. Su primera mención se encuentra en The Jean Genie (1972): “Nueva York tiene un ambiente desenfrenado y todo sabe bien”. Siguieron otras referencias, llegando a Lazarus –“Cuando llegué a Nueva York, vivía como un rey”– canción de su álbum final, Blackstar (comercializado poco antes de su fallecimiento), que inspiró una obra teatral.
Sus caminatas por Washington Square, uno de sus rincones predilectos, por el Village o sus estancias en la librería Strand o en el Caffe Reggio le motivaron. “Aquí puedo vivir como un ciudadano puro y simple”, relató.


