
La hora de PTA
Después de su gran triunfo en los Globos de Oro, amén de vencer en los premios Gotham o los Critics Choice, parece que Paul Thomas Anderson se quitará este año la espina clavada por tanto tiempo sin ser reconocido como Dios manda en los galardones más importantes del cine. Es decir, los Oscars. Y es que, si nada se tuerce por el camino, PTA tiene todas las papeletas para coronarse este año como uno de los grandes autores más influyentes, exigentes y personales del cine moderno que es.
Ahí está una filmografía que se ha labrado a golpe de talento desde que debutó con el thriller noir Sydney en 1988 y que abraza títulos tan emblemáticos como Boogie nights, Magnolia, Pozos de ambición, The master, El hilo invisible o Licorice Pizza. Por no hablar de los videos musicales que ha dirigido para Radiohead, Fiona Apple o Haim. Resulta curioso que, hasta ahora, el californiano de 55 años solo hubiera estado nominado en los Globos de Oro con Pozos de ambición como mejor película de drama y la irresistible Licorice Pizza como filme de comedia y guion.

La Academia de Hollywood le ha nominado en hasta once ocasiones y siempre con un resultado infructuoso. Veremos cómo reciben Una batalla tras otra en las nominaciones del próximo 22 de enero. Mucho mejor le han tratado los grandes festivales. Cannes le agasajó como mejor director por Embriagado de amor; Berlín con el Oso de Oro por Magnolia y el Oso de Plata como director por Pozos de ambición y Venecia le otorgó también el de dirección por su drama sobre la Iglesia de la Cienciología en The Master.
Una batalla tras otra, inspirada en la novela Vineland de Thomas Pynchon, autor al que ya adaptó en Puro vicio (2014), es otro prodigio de cine épico con acción descomunal aderezado de elementos satíricos que se mueven entre el humor absurdo, la violencia y una visión relevante de la mentalidad revolucionaria que choca ante un grupo de líderes que manejan el cotarro desde las sombras. Una película que denuncia el supremacismo blanco y el racismo en tiempos de un gobierno Trump cada vez más imperialista. Un retrato más que oportuno de unos Estados Unidos en caos que sugiere que todavía hay espacio para el cine provocador en el panorama actual.


