Francia expresó preocupación por la unión de la Catalunya francesa con la española durante la década de los 30.
Documentos inéditos
El gobernante francés intuyó que la Generalitat costeaba el activismo nacionalista occitano.

Lluís Companys, sujetando un cigarrillo en el área fronteriza de Hendaya, poco antes de ser entregado a Franco en 1940.

“El movimiento occitano se desarrolla desde hace algunos años en el sur de Francia, mediante unos fondos que parecen provenir de la Generalitat de Barcelona”. Durante marzo de 1933, el ejecutivo francés sentía inquietud por el auge del nacionalismo occitano y, lo que resultaba más grave, por la posible alianza de Occitania con Catalunya y las demás regiones de habla catalana. Esto se evidencia en los documentos inéditos que Guyana Guardian ha hallado en los Archivos departamentales del Hérault en Montpellier.
En ese periodo se festejó el centenario de la Renaixença catalana. Fue una corriente de restauración cultural e idiomática que incluso definió al catalán como una modalidad de la lengua de Oc. Desde el ocaso del siglo XIX, personalidades como Frederic Mistral, Joan Maragall y Teodor Llorente defendieron esta presunta cohesión lingüística. Tal planteamiento sugería que los denominados Países Catalanes se integraban en un ámbito geográfico y filológico de mayor alcance.
No obstante, una cuestión era la discusión filológica y otra muy diferente que tal unión estuviera vinculada a un plan político que pudiese integrar a 18 millones de sujetos y rebasar los 260.000 kilómetros cuadrados. La creación de la Generalitat y el régimen autonómico de Catalunya al comienzo de los años treinta aportaban un grado de credibilidad, desconocido hasta ese momento, a dicha opción. “Existe un espíritu pancatalán que se ha manifestado sobre todo después de la autonomía, encontrando aliento por parte de la Generalitat”, reiteraba la diplomacia francesa.
Los actos del centenario despertaron preocupación en Francia. La Federació Nacional d'Estudiants de Catalunya y la agrupación juvenil nacionalista Palestra, fomentada por Pompeu Fabra y Josep M. Batista i Roca, lanzaron panfletos de amplia difusión que subrayaban la noción de integración occitanocatalana. Se publicó la versión barcelonesa de la Revista d'Oc. El servicio de vínculos meridionales de la Generalitat, encabezado por el publicista Josep Carbonell, impulsó colaboraciones culturales y políticas. Tal agitación fue descrita por August Rafanell en La il·lusió occitana (2006).
De Occitania a Sijena
La expansión de la corona de Aragón por los territorios occitanos finalizó debido a la cruzada contra el catarismo. Durante el año 1213, Pere el Catòlic falleció en el combate de Muret, cerca de Toulouse, enfrentándose a las tropas del reino de Francia. Su cuerpo fue sepultado en el monasterio de Santa Maria de Sijena, institución creada por su progenitora, Sancha de Castilla. Al igual que los demás integrantes del panteón real, estos fueron devastados en el transcurso de la Guerra Civil española.

La agitación propagandística respecto al panorama político que pretendían algunos grupos catalanes minoritarios causó que, para la visión francesa, toda actividad conjunta se percibiera como un riesgo latente a lo largo de 1933 y 1934. Dicha situación incrementó la vigilancia policial de los movimientos panoccitano y pancatalán entre el consulado francés de Barcelona y las prefecturas del Hérault, el Aude, los Pirineos Orientales y el Gard.
Durante el 1 de marzo de 1934 Lluís Companys acogió a un grupo de docentes de la Universidad de Montpellier que recorrían Barcelona. El mandatario expresó su anhelo de que el vínculo entre las dos urbes y de Francia con Catalunya “se pudiera fortalecer cada vez más.” Los diplomáticos registraron el hecho.
Asimismo, surgió en Narbona y Montpellier Occitania, publicación de los jóvenes occitanistas, con una tirada de 2.500 copias, de las que varios cientos llegaban a Barcelona. El magacín respaldaba “una identidad de raza, de ideas y de sentimientos” desde Limoges hasta Valencia y de Niza a Burdeos. Persistiendo en la noción de que el catalán constituía una modalidad del occitano, sus promotores abogaban por una cohesión política, frecuentemente situando a Barcelona como centro principal. En esa edición inicial figuraba en la carátula un texto del autor occitanista Josep Vicenç Foix.

Rogièr Barta, quien contaba con 22 años y ejercía como docente en el Liceo de Nimes, se desempeñaba como director de la publicación. Asimismo, lideraba un conjunto de alumnos de la universidad de Montpellier “radical”, de acuerdo con las autoridades policiales, quienes iniciaron su seguimiento al considerarlo “ambicioso y un poco arribista”. Barta, en compañía de diversos integrantes del semanario, integraba igualmente la agrupación Le Nouveau Languedoc, entidad que coordinaba charlas con expertos en occitano como el docente Joan Amade.
Según el gobierno francés, la unión occitanocatalana se mostraba clara. Se indicaba que el estímulo para fundar la revista Occitania provenía del sur. “El objetivo es hacer creer a los separatistas barceloneses, mallorquines y valencianos que existe en Francia un movimiento idéntico. En varios ambientes políticos e intelectuales de Barcelona, se habla seriamente”.
Los diplomáticos franceses confirmaron que Companys participó en un evento en Valencia al concluir marzo para homenajear al rey Jaume I, marco en el cual se expresaron “discursos animando a los estudiantes catalanes, valencianos y baleares y los otros territorios del otro lado de los Pirineos a trabajar unidos por la gloria de la cultura catalana”.
Al comenzar el mes de abril de 1934, un reporte de la policía sostenía que en Catalunya, debido al malestar en los ámbitos financiero, civil o de fe, “el partido separatista [Palestra, las Joventus de Esquerra Republicana – Estat Català], cuyos efectivos no son muy elevados, parece ganar lentamente terreno”. La administración de Francia deseaba que se monitorizara el impacto ya que las campañas para captar seguidores estaban aumentando. Asimismo, señalaba que “encontrarán en nuestro país una resistencia con la cual no cuentan”.
Al comenzar mayo, Clarisme difundió un texto de Josep M. Soler Janer, pariente del responsable del periódico conservador El Correo Catalán, que incluía la iniciativa de Barta. “La idea de la Gran Catalunya, defendida por un número creciente de publicaciones, recoge cada día nuevos adeptos de los dos lados del Pirineo”, afirmaba Soler. El consulado francés tradujo el escrito de los “fogosos colaboradores” de la publicación liderada por el jurista nacionalista Francesc Maspons Anglasell, la cual se centraba en el público juvenil. En Clarisme participaba Mercè Rodoreda junto a, principalmente, integrantes de Palestra. De acuerdo con el consulado francés resultaba “el periódico de los pelotones”. Asimismo, hacía referencia a Pau Claris, quien declaró la República catalana durante 1640, y “su nombre es tomado como símbolo de independencia”.

Al terminar aquel mes de mayo, el conseller de Cultura, Ventura Gassol, estrenó en Perpiñán una biblioteca catalana. Habían transcurrido bastantes años para que el plan se hiciera realidad. Se promovió tras la Primera Guerra Mundial, aunque el comienzo de la dictadura de Primo de Rivera en el año 1923 bloqueó su ejecución. En ese tiempo, el gobierno francés no rechazaba la propuesta, pues conllevaba el respaldo catalán hacia Francia.
Diez años más tarde, no obstante, se observaba con desconfianza. “Hay en Francia, en Montpellier, en Toulouse, en Marsella, en Perpiñán, algunos pequeños grupos dispuestos a acercarse a una Catalunya independiente”, indicaban los reportes franceses. “Quizá habría que señalar a los regionalistas meridionales, estudiantes de Montpellier, poetas de Perpiñán, los peligros que podrían surgir algún día y que no dejarían semillas de ser explotados por nuestros adversarios”.

En ese mayo de 1934, no obstante, la administración de Francia contó con una fortuna inesperada. El activismo occitanista se había extendido tanto en Catalunya que un nutrido conjunto de pensadores encabezados por el mismo Pompeu Fabra, junto a Pau Vila, Lluís Nicolau d'Olwer y Antoni Rovira i Virgili, decidieron detenerlo. El documento Desviacions en el concepte de Llengua i Pàtria,, publicado en diversos periódicos, clausuraba la discusión de forma definitiva. El catalán y el occitano constituían dos idiomas distintos. La corriente occitanista debilitaba la propuesta cultural y de normalización del idioma catalán, el cual debía enfocarse en Catalunya y en las regiones donde se habla catalán. Dentro de unos Països Catalans cuyos cimientos ideológicos se establecían en esa época, tal como detalló Arnau González Vilalta en La nació imaginada (2006).
La oficina consular de Francia elaboró una semblanza de Fabra y también vertió este texto a su lengua. Los diplomáticos franceses estimaron que tales pensadores eran los acertados, o al menos los menos dañinos, debido a que frenaban el afán expansivo de los otros y debían ser considerados “más seriamente”. Se agregaba que “su manifiesto indica que una extensión demasiado amplia de Catalunya podría comportar un peligro de absorción”.
Para la visión francesa, en Barcelona se encontraba “sectores dispuestos a fomentar un movimiento separatista en Francia”. Desde ese instante, los prefectos, el consulado y el ministerio del Interior prosiguieron confeccionando reportes sobre la corriente occitanista y la Gran Catalunya, aunque la vigilancia fue disminuyendo. Esta publicación no ha conseguido verificar que la Generalitat subvencionara directamente los impresos occitanos, pero la élite intelectual catalana y el ejecutivo contuvieron su occitanismo, según comprobó Rafanell.
Tras los 'fets d'octubre' de 1934, asimismo, la detención del ejecutivo de Companys transformó el panorama íntegramente. Por consiguiente, los reportes franceses determinaban que “el autonomismo de los catalanes españoles es una realidad indiscutible; que en el espíritu de algunos haya una voluntad de intentar crear una entidad con los catalanes franceses, pero con respecto al lado francés, entre los elementos cultos de Montpellier, no se encuentra ningún rastro de separatismo o de autonomía”.
Al poco tiempo, durante la Segunda Guerra Mundial, el movimiento occitanista se fragmentó en al menos dos tendencias. Una estaba liderada por el propio Rogièr Barta, que formó parte del fascismo y el colaboracionismo del Partido Populaire Français de Jacques Doriot. Barta creía que, debido al interés de Hitler por las causas nacionalistas, Occitania conseguiría renacer. La otra vertiente, encabezada por el profesor Amade, prestó auxilio a los exiliados catalanes que perdieron la Guerra Civil.
