
Siguiendo la llama esencial o la veta de oro
FAHRENHEIT 451
Al retomar la normalidad después del desenfreno de Navidad —un periodo vacío de actos excepto por la entrega de los galardones Nadal y Josep Pla—, los bomberos iniciamos el curso sumergiéndonos de lleno en un coloquio acerca de la obra de Anne Dufourmantelle, atraídos por la fuerza de su nombre: El revés del fuego (Nocturna Editora). ¡Vaya cebo tan punzante para nuestro grupo! Dentro del destacamento Fahrenheit 451 desgranamos las vigilias cuestionándonos qué habita en el núcleo azulado de las fogatas, qué encubre el movimiento fascinante del fuego. De este modo, según la psicoanalista y escritora francesa, la lumbre devastadora simboliza el anhelo existencial, ese fervor que se agota dejando un rastro de temor, extravío y restos dolorosos. Existir implica asumir la posibilidad de quemarse. Lo comprendió perfectamente Dufourmantelle, quien murió hace nueve años, asfixiada en una costa próxima a Saint-Tropez mientras procuraba rescatar a dos pequeños que luchaban por no hundirse.

El revés del fuego constituye una reflexión filosófica bajo la apariencia de un relato criminal: el personaje principal, de origen ruso, acude a la sesión con la psicoanalista lleno de interrogantes, desasosiego e indicios inconexos después de una vivencia impactante. El acto de lanzamiento, celebrado el miércoles, fue conducido por la pensadora Sara Torres —su último trabajo se denomina El pensamiento erótico (Reservoir Books)— junto a las escritoras argentinas Fernanda Restivo y Karina Macció , quienes se encargaron de la traducción del volumen. Resultó magnífica la sonoridad de sus intervenciones en una librería completamente llena (La Central del Raval), cuyo espacio de eventos emana una atmósfera de clase de antaño, similar a un cafetín de cine de autor.
Neus Penalba, Toni Sala y Raül Garrigasait reflexionaron en el CCCB sobre la relevancia de Rodoreda dentro de la tradición.
Durante su trayectoria, interrumpida prematuramente, Dufourmantelle buscó desafiar el paradigma masculino con sutileza —defendía la ternura como postura ética—, una intención similar a la que plantea el volumen En busca del pueblo: cultura material y museos (Akal), de Aurora Fernández Polanco y Pablo Martínez , dos reconocidos especialistas artísticos. Dicho estudio se inclina por dar un nuevo sentido a la historia del arte “desde abajo”, por cuestionar la narrativa uniforme de las pinacotecas principales, por reedificar “una arqueología de la modernidad” partiendo de lo mínimo. Los escritores rastrearon lo insignificante, la arcilla y el dibujo espontáneo durante sus recorridos por los fondos de 23 centros expositivos menos conocidos, incluyendo —es un gran honor— el Museo de Bomberos de Madrid. Introdujo el trabajo, empleando muy atinadas “preguntas racimo”, el experto en arte Manuel Borja-Villel , antiguo responsable del Reina Sofía, del Macba y exconsejero de la Generalitat. Pudimos ver a la pensadora Marina Garcés en medio del abundante público que se reunió en la librería Finestres, el espacio enfocado en la creación artística y la historieta.
Consideramos que un único ejemplo basta para captar la visión de En busca del pueblo : en una estancia del Museo del Romanticismo, en Madrid, se exhibe un cuadro del primer marqués de Remisa, uno de los financieros con mayor peso en el siglo XIX, cuyos negocios incluyeron la gestión de las minas de Riotinto. Junto a su retrato al óleo se presenta el escritorio que utilizaba, una pieza excepcional de caoba. Sin embargo, las etiquetas no mencionan las maderas preciosas importadas desde Belice ni el sistema colonial extractivo de aquel periodo. Nos encontramos en una época de revisión histórica.

Borja-Villel expuso mediante una serie de interrogantes ‘En busca del pueblo’, una crónica sobre la evolución artística “desde abajo”.
Por otra parte, el martes, los bomberos nos lo pasamos en grande sumergidos en una tertulia sobre Mercè Rodoreda. Neus Penalba , responsable de la muestra Rodoreda, un bosque (cuya visita es obligada), charló con los escritores Toni Sala — Escenaris (L’Altra Editorial) es su obra más reciente — y Raül Garrigasait ( La roca i l’aire , ensayo, Fragmenta). Antes de que se iniciara la charla, la intérprete Clara Manyós dejó mudo al auditorio con la lectura de un pasaje del relato Viatge al poble dels penjats , un hachazo, una muestra de esa profundidad lúgubre y a la vez tierna tan propia de Rodoreda.
El trío de oradores intentó revisar la trayectoria para evaluar la importancia y el sitio en el legado literario de la creadora de La plaça del diamant . No existió discrepancia alguna: Rodoreda representa “una voz construida a partir de una mirada” (Garrigasait) y fundamentalmente “la conciencia absoluta de la lengua” (Sala). En un momento dado, durante un reportaje, le interrogaron sobre si, tras el destierro y otros quiebres, no le convendría más mudar de idioma, a lo que la narradora replicó que preferiría trabajar cuidando mascotas de otros. En su aislamiento en Ginebra, labró con tesón el idioma catalán, basándose en los escritos de Verdaguer, Ruyra y Carner. En eso consiste la existencia: algunos persiguen el origen de la llama; otros, el yacimiento de oro.

