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Òscar Camps, diez años de activismo del Robin Hood de los mares

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El fundador de la organización humanitaria Proactiva Open Arms, el mayor activista del mar, revisa sus
logros y sus renuncias después de una década, 123 misiones de rescate y 73.000 vidas salvadas

Òscar Camps, a finales de noviembre, camina por el pantalán del puerto de Tarragona donde atracó el 'Open Arms' procedente de las Islas Canarias

Òscar Camps, a finales de noviembre, camina por el pantalán del puerto de Tarragona donde atracó el 'Open Arms' procedente de las Islas Canarias

Pau Palacios

Tiene la mirada dura de quien ha visto demasiado, pero el corazón aún abierto y el discurso igual de combativo. En el momento de la entrevista, el barco Astral se encuentra en el puerto de Tarragona, preparándose para la campaña de invierno. El Open Arms, en cambio, no puede intervenir en operaciones de salvamento en el Mediterráneo porque está afectado por el decreto Piantedosi.

¿En qué consiste esa disposición?

Matteo Piantedosi es el nombre del ministro del Interior italiano, del Gobierno de la ultraderechista Georgia Meloni. Ese decreto establece medidas para impedir el trabajo de las oenegés que incluyen el bloqueo de los buques. Una cuarta detención del Open Arms sería definitiva; no podemos arriesgarnos. Por ello el barco está haciendo tareas de sensibilización y el Astral, misiones de rescate.

Sobre esos mismos tablones de la cubierta, se han hacinado los migrantes rescatados en 123 misiones
Sobre esos mismos tablones de la cubierta, se han hacinado los migrantes rescatados en 123 misionesPau Palacios

¿Cómo se siente diez años después.

Tenía muchas expectativas depositadas en la Unión Europea, y me he dado cuenta de que continúa siendo el Mercado Común.

Comprendo.

No tenemos una cooperación internacional seria que trabaje en los países de origen para generar allí seguridad. Europa paga para militarizar fronteras, con centros de detención completamente ilegales.

Sobre todo en Libia.

Italia financia a las milicias libias para que retengan a las personas. Cuando hablan de traficantes, también deberían hablar de gobiernos. Porque, claro, cuando quieren renegociar condiciones, ¿qué pasa? Pues que abren puertas y permiten su salida. ¿Quién negocia estas condiciones? En Libia, que es un Estado fallido, las milicias; en Turquía, Recep Tayyip Erdogan; y en Túnez, un presidente [Kais Said] que llegó al gobierno mediante unas elecciones fraudulentas. Toda la oposición tuvo que huir.

Hace dos años y medio Túnez se convirtió en la costa de la muerte.

En apenas 15 días, unas 14.000 personas salieron del puerto de Sfax en dirección a Lampedusa, tanto tunecinos como subsaharianos, perseguidos por el odio racista.

En los rescates, se disparan la adrenalina y el estrés por el estado de alerta 
En los rescates, se disparan la adrenalina y el estrés por el estado de alerta Pau Palacios

A Europa se le dispararon las alarmas.

Meloni y Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, viajaron a Túnez, se entrevistaron con ese presidente y acordaron que Europa pagaría mil millones de euros para el control migratorio, más la instalación de fibra óptica, cooperación energética y no sé qué más. En marzo de 2016, también la Turquía de Erdogan recibió miles de millones de euros de la UE para frenar a dos millones de refugiados sirios.

Cuando se embarcan, ¿hacia dónde suelen dirigirse?

Cubrimos una zona inmensa, de 300.000 metros cuadrados. Si usted mira el mapa, entenderá enseguida que el norte de África, la zona que comprende Argelia, Túnez y Libia hasta Egipto, dibuja una medialuna. Justo encima, en el centro del arco, está la isla de Lampedusa, a mucha distancia. Los migrantes pueden salir de donde sea, pero el punto de llegada es el mismo: de Argelia, van a las Baleares; de Túnez, a Lampedusa; y de Libia, a Lampedusa o Sicilia.

Estoy decepcionado con esta Europa que paga para militarizar fronteras”

Muchos no llegan.

Van con tanta precariedad que el motor les falla o se quedan sin gasolina o la mala mar los llena de agua. Si se quedan paradas se hunden, porque son embarcaciones muy bajitas, de poco calado, hechas para navegar en un lago o un pantano.

Europa prefiere mirar hacia otro lado.

Nadie irá a buscarlos, nadie denunciará su naufragio, aunque el convenio internacional sobre salvamento marítimo obliga a los países a intervenir. Las oenegés no estamos haciendo nada ilegal, pero nos presionan con inspecciones y la maquinaria administrativa.

Camps quiere seguir batallando mientras cuente con apoyo de la sociedad civil 
Camps quiere seguir batallando mientras cuente con apoyo de la sociedad civil Pau Palacios

Para que desaparezcan, para que desistan.

El puerto que suelen adjudicarnos no es el más cercano, sino el más lejano, gracias al decreto Piantedosi. Un puerto a cuatro o cinco días de navegación. Solo en combustible, una jornada nos cuesta 4.000 euros.

El Open Arms tiene la misma edad que usted, ¿verdad?

No. Yo soy mayor; el barco tiene 50 años. Nos lo dio una naviera del norte, Ibaizabal. El Astral nos lo cedió Livio Lo Monaco, el dueño de la firma de colchones.

¿Se ha planteado una tregua?

Entreno cada día. O nado o bien hago elíptica. La cuestión no es el tema físico… Mientras me sostenga la sociedad civil, seguiré en la medida de mis posibilidades. Igual que cuando empecé. Solo con mis recursos.

En la isla griega de Lesbos, con 15.000 euros.

Sí, iba a comprarme un velero viejo, que ya estaba apalabrado, pero me gasté todo el dinero en Lesbos. Pasado el tiempo, me telefoneó el señor de velero y me dijo: «Me da vergüenza vender el barco. ¿Sabes qué? Dame lo que quieras y como quieras». Se lo compré en pequeños pagos.

La década también le habrá pasado factura.

Hombre, hay mucha renuncia. La familia puede entenderlo al principio. ¡Pero si no salimos a por ellos, mueren! De estos 10 años, he estado ocho a pie de cañón, todas las Navidades embarcado. Ahora he bajado un poquito el ritmo. A los 60 me hice un chequeo general. El cuerpo puede decirte basta en cualquier momento.

Hay imágenes que no se me borran de la cabeza”

¿Y la parte psicológica?

Es la que más sufre. Cuando recibes el aviso de que hay una embarcación sobrecargada y a la deriva, sin motor, y con la predicción meteorológica constatas que dispones de unas pocas horas de margen, lo vives con tensión, adrenalina, estrés. Claro que todo esto pasa factura. Son 123 misiones en 10 años: hemos rescatado a 73.000 personas, y más de 30.000 muertos.

¿Ha tenido pesadillas?

Sí, sí. Hay imágenes que no se me borran de la cabeza, como el bebé que se me hundía. Ya le salían burbujitas de la nariz y me miraba. Yo intentaba llegar a nado y no podía, no podía, no podía. Me quité el neopreno porque con él flotaba, y no llegué. Hay muchas, muchas historias.

Usted tiene cuatro hijos, ¿verdad?

Sí. Ester (34 años), Mireia (33), Ona (21) y Max (13). Hijos de tres mujeres distintas. Ya no estoy con ninguna de ellas, pero nos llevamos todos muy bien.

¿Qué le dicen los chicos?

Son todos muy diferentes. Ester y Max son los que se muestran más empáticos. Esther es como yo pero en mujer, igual de insoportable.

Camps empezó trabajando como socorrista en las playas del litoral catalán 
Camps empezó trabajando como socorrista en las playas del litoral catalán Pau Palacios

¿Cuándo le comunicó que quería seguir sus pasos?

No me lo dijo a mí, sino a Gerard [Canals, jefe de operaciones de Proactiva Open Arms]. Somos los dos que nos fuimos a Lesbos en 2015.

Vaya.

Es una larga historia. Desde los 14 años, Esther tenía un novio muy tóxico a quien yo no soportaba; veía en él cosas que no me gustaban en absoluto. El caso es que, por una movida muy fuerte, distanciamos nuestra relación. Cuando estaba en Lesbos, me llamó. Habían roto. A los pocos días, Gerard me lo contó: «Tu hija dice que quiere quedarse; le he dicho que arregle el almacén, la logística». Yo no quise meterme: «Si lo gestionas tú con ella, avanti». Así ha sido desde entonces, y ahora es capitana de barco. Ha hecho toda la formación marítima en l’Ametlla de Mar para poder llevar el Open Arms.

Nos hemos gastado 70.000 millones de euros en rescatar a la banca, ¿y ahora la culpa es de la inmigración?”

Se financian sobre todo de las donaciones.

Sí, alrededor del 90% de la financiación viene de donaciones. También algún ayuntamiento nos da algo, pero muy poca cosa. Lo máximo 30.000 euros. Bueno, en una ocasión, gracias a un convenio, el Ayuntamiento de Barcelona nos dio 500.000 euros.

Le dieron mucha caña por eso.

Inspecciones, revisiones…

Y que era amigo de la exalcaldesa Ada Colau.

Amantes, incluso. Me lo dijo mi hijo enseñándome una tablet. Eso decían en las redes sociales.

Los atacan también por el supuesto efecto llamada.

Mire, yo he visto muy de cerca y he sufrido la inmigración a nivel local, en Badalona. En los años 70, yo veía desde el balcón de casa, en Llefià, entre Badalona y Santa Coloma de Gramenet, cómo llegaban los autocares del sur de España, incluso con los colchones encima.

Camps, de niño, conoció a fondo la inmigración que llegó a Badalona desde el sur de España
Camps, de niño, conoció a fondo la inmigración que llegó a Badalona desde el sur de EspañaÒscar Camps

Quienes tenemos cierta edad lo recordamos.

A medida que iban llegando, los niños de mi edad, entre los 5 y los 10 años, se escolarizaban; los otros, no. Con 12 o 13 se quedaban en la calle, en los recreativos, en los futbolines, en los autos de choque… Eran los menas de entonces. Pues, bien, eso fue la consecuencia de una emigración abandonada por el Estado a su suerte.

Habrá quien diga que no es lo mismo.

No hay más delincuencia de la que había entonces. A mi vecina la violaron dos veces, dos. Ahora, con el mundo digital y las manipulaciones hacen caer gobiernos y ganar elecciones. Instrumentalizan la inmigración con un interés político.

Dicen también que aquí no cabemos todos. Las clases medias están sufriendo un deterioro de lo que fue el Estado del bienestar.

Sí, claro, pero la culpa no es de los inmigrantes. Que aquí no cabemos todos, ¿quién lo dice? Si aquí nos faltan cuatro millones de personas. Yo soy un boomer, como usted, como otros seis millones de personas que nos jubilaremos dentro de cuatro días. ¿Dónde están los seis millones que han de sustituirnos? Llevo 42 años cotizados a la Seguridad Social, como empresario. Me gustaría saber cuántos lleva Santiago Abascal. Nos gastamos 70.000 millones rescatando bancos, y ahora la culpa es de los migrantes. Si cuatro frikis pudieron parar la vuelta ciclista en Girona y contagiaron a todo un país en favor de Gaza, imagínese, si nuestra generación se levantara del sofá, lo que podríamos conseguir. ¡Nos faltan líderes!

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