
Así era como se expresaban Gabo, Fuentes y Cortázar.
Análisis
Una figura cautivadora y de relato, la entusiasta y energética Ugné Karvelis. Supe de ella inicialmente por boca de un conocido en la cafetería del campus de Princeton, momento en el que, frente a un cuestionable emparedado de verduras, Mario Vargas Llosa me aseguró con firmeza: “Ugné Karvelis fue quien le abrió el mundo del sexo a Julio Cortázar, al que antes le estuvo vedado, lo convirtió en un hombre feliz... Pero ya no volvió a escribir bien”. Compañera sentimental o amante de Cortázar, Lawrence Durrell o Milan Kundera, entre diversos individuos, se la ha retratado como femme fatale aunque ejerció como una destacada editora en Gallimard, sitio desde el cual influía en la definición del canon de las letras mundiales (motivo de sus agrias disputas con Juan Goytisolo), dominaba ocho lenguas y destacó como alumna en Sciences Po. Debido a su conexión lituana, los escritores del boom visitaron el Este comunista: durante un trayecto ferroviario hacia Polonia con Cortázar, García Márquez y Fuentes, el avance resultaba tan pausado que descendió del tren para buscar hielo destinado a los whiskies que los literatos sostenían, picando el que se había formado en el trayecto, y regresó al transporte con total serenidad.
Los festejos en su vivienda de París resultaban míticos, y de allí surgió precisamente una grabación en cassette donde Gabo, Fuentes y Cortázar interpretaban rancheras y diversos temas románticos. Asimismo, es preciso mencionar que padeció los tormentos de la ansiedad, la depresión y el consumo desmedido de alcohol.
Admiradora de Cortázar, Lawrence Durrell o Milan Kundera, trabajó como editora para Gallimard y dominaba ocho lenguas.
Su encuentro con Cortázar sucedió mientras ella se mecía en un columpio en La Habana y, súbitamente, él se aproximó para impulsarla sin haberla visto antes. Ella era la dueña de la célebre residencia de Saignon, sitio donde el argentino permaneció mucho tiempo y donde cuidaba a su hijo Christophe con la ternura de quien no logró tener hijos propios. Karvelis aseguraba —tal como Cristina Peri Rossi— a quien deseara oírla que Cortázar no pereció por leucemia, como indica la historia oficial, sino a causa del sida, figurando entre sus víctimas tempranas.
Tras la independencia de Lituania, Karvelis se transformó en una figura política de gran relevancia, ejerciendo como embajadora de su nación ante la Unesco. El comunicador y literato Philippe Ollé-Laprune –autor de la descripción que figura en estas hojas– fue su compañero y confidente por bastantes años, grabando junto a ella múltiples audios de diálogos que posiblemente se recobren algún día.

