‘La distance’: visión exhaustiva respecto al desapego (★★★★✩)
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La visión distópica de Rodrigues examina la conexión entre

Alison Dechamps y Adama Diop en 'La distance'

La distance ★★★★✩
Autor y director: Tiago Rodrigues
Intérpretes: Alison Dechamps y Adama Diop
Lugar y fecha: Teatre Lliure de Gràcia (22/I/2026)
Es posible que exista algo más terrible que morir: el olvido. Esa amnesia deliberada, el dejar de ser para una persona amada intensamente, que constituyó el núcleo de la existencia, antes y después. Como ocurre con un vástago, una hija en este relato. Una hija, Amina, a la que Ali educó en soledad dentro de una civilización en colapso y de la cual no puede ni decir adiós, pues ella ha resuelto, al terminar el siglo XXI, buscar un futuro en Marte, con la premisa de suprimir por completo cualquier huella de su paso por la Tierra.
Y lo que es más grave: la desmemoria posee un plazo límite, aproximadamente 300 jornadas durante las cuales la hija podrá hablar con su progenitor y él, sabiendo que está cerca de extraviar eternamente su propósito vital, rememorará su existencia a partir del nacimiento de Amina, cada experiencia compartida, al tiempo que procura persuadirla de su regreso. Tras borrarse ese periodo terminal, ambos dejarán de ser reales el uno para el otro.
Tiago Rodrigues ha levantado una distopía con una relación padre-hija como eje central, la lejanía como espacio y el miedo al olvido como trasfondo. La distancia no es algo ajeno a Rodrigues. Ya en su primer montaje que llegó aquí, António e Cleópatra, el autor y director portugués reinterpretaba Shakespeare a partir de la proximidad entre los cuerpos de dos amantes que susurraban sus nombres como si estos fueran entidades en ellas mismas, el centro de un amor nominal. En Cor del amants, los días en pareja de Ell y Ella pasaban por escena como un relámpago, siempre lejos el uno del otro, nunca cerca, como si el contacto pudiera determinar una vida.
La distance va un paso más allá. La escritura es magnífica, propia de un creador que no teme a la ternura, que logra adentrarse en terrenos afectivos sin hundirse en el vacío de lo meloso, gracias sobre todo a dos protagonistas, Alison Dechamps y Adama Diop, que indagan en las fronteras de la honestidad. El montaje, además, supera el mayor obstáculo de cualquier pieza epistolar, la falta de dinamismo, mediante una plataforma rotatoria que marca la cadencia de la representación, magistralmente enfatizada por un tema de Caetano Veloso, Sonhos, la favorita de la madre desaparecida, que funciona como hilo conductor. Un acierto total, desde luego.
Esta pieza nos relata el acto de dejar ir, de la renuncia. En el cierre, al tiempo que Ali solloza resulta imposible no recordar a Olivia, la progenitora del Boyhood de Richard Linklater, en el instante en que su descendiente parte finalmente de la vivienda. Ella se mantiene ante la mesa, desorientada, mientras Mason, su hijo, conduce con alegría su camioneta hacia su futuro. Amina igualmente selecciona su propio rumbo. Tal es la naturaleza de la existencia.

