Cultura

Suicidios no ejemplares

Tras el fallecimiento voluntario de su progenitor, Pol Guasch reflexiona acerca de la existencia. El nombre de la obra, Relíquia (Anagrama), abarca cada significado del término: rastro, herramienta, desecho. Contrario a gran parte de las obras de esta temática, el impulso literario de Relíquia no busca vencer un trauma ni reinterpretar el duelo, sino definirse mediante el vínculo cotidiano con la falta. Tal vez por ello, Guasch recurre a testimonios incuestionables –el archivo fotográfico, el informe forense, los antecedentes de la familia– y a autores que se quitaron la vida. No funcionan como una barrera intelectual frente a la timidez, sino como una presencia que, al forjar su esencia de autor y ser humano, resultó tan determinante como el recuerdo (“El único sustituto para el amor es la memoria: otra forma de restaurar la intimidad perdida”).

El escritor Pol Guasch  
El escritor Pol Guasch  Miquel González / Shooting / Colaboradores

El escritor contaba con 15 años al fallecer su progenitor por suicidio y, transcurrida una década, redacta con la autonomía de conservar su origen, aunque sin la exclusividad, forzando la imagen, de la estructura arbórea. Durante este decenio, su testimonio ha refutado prácticamente todos los clichés que definen la visión sociológica sobre el acto de quitarse la vida. Si en obras previas de Guasch el motor residía en una fluidez extrema –ruidosa o, en ocasiones, cerrada sentimentalmente–, en esta ocasión se manifiesta con una lucidez que prescinde de sermones o exhibiciones sonoras: “Intentar comprender el pasado es imposible”. Relíquia constituye una práctica de validación, en el presente, de una autonomía que se ejerce conforme se va logrando. El vigor proviene de la juventud, lo cual deriva en pasajes donde el literato pone mayor empeño en evitar la autolástima o la complacencia que en destacar mediante la sencillez que, para fortuna de quien lee, impregna casi todo el texto.

Guasch se vincula más estrechamente con la visión existencialista de Albert Camus que con la autolesión de carácter catártico.

Siguiendo la costumbre de convertir la vivencia en letras, Relíquia se aproxima más a la perplejidad existencial de Albert Camus ( El mito de Sísifo ) que al daño autoinfligido por desesperación o egocentrismo. La obra posee una relevancia de relevo generacional en la perspectiva acerca del sufrimiento. Una visión que deja de lado diversos recursos –tal vez pronto caducos– y que se lanza a explorar, sin la urgencia de hallar respuestas, su propia ruta. Un sendero que el público recorre consciente de que el relato no constituye una farsa, sino una esencia de saber que, aun funcionando como crónica, mantiene su aspiración estética. 

Dentro de la conversación irreal entre el ayer reconstruido y la actualidad como visión del porvenir, Guasch posee la integridad de conservar vigente el interrogante sobre los motivos por los que ciertos individuos son incapaces de cargar con la existencia. Aunque el apunte final en las memorias de Cesare Pavese mencionaba el hastío vital, el vacío de los términos y la resolución última de quitarse la vida, Guasch lucha contra el impulso del abandono mediante una narrativa audaz, franca, enérgica y comprensible.

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