Cultura

Juan Malpartida: “El histerismo de la productividad y del consumo devora nuestro propio tiempo”

Libros

El escritor y crítico literario construye su propio diccionario en ‘El mundo como ensayo’

El ensayista Juan Malpartida fotografiado esta semana en Barcelona

El ensayista Juan Malpartida fotografiado esta semana en Barcelona

Mané Espinosa / Propias

Ahora que el viejo proyecto ilustrado de estructurar el mundo y hacerlo más previsible, ya fuera con la Encyclopédie o con la ciencia, parece venirse abajo entre el resurgimiento de la ley de la fuerza y un cambio climático que pone el mundo patas arriba, el poeta, crítico literario y ensayista Juan Malpartida (Marbella, 1956) se atreve a publicar... Su propio diccionario. Un diccionario que va de la a de abandono a la z de zascandil , “persona de poca formalidad, inquieta y enredadora” según la RAE, recuerda, y que le viene al pelo, ironiza, para definir al autor de este libro, titulado El mundo como ensayo (Acantilado).

Un diccionario muy personal, repleto de reflexiones, digresiones y filosofía, y que a través de vocablos como amistad, ausencia, consciencia, democracia, evolución, hipocondriaco, isla, misterio, nihilismo, soñar, terapia y hasta chocho –la primera palabra que buscó en el diccionario cuando tenía siete años, niño de un pueblo andaluz a orillas del Mediterráneo en el que las mujeres se saludaban interpelándose así– estructura su propio universo de emociones e ideas, pespunteadas además con entradas dedicadas a nombres propios: Hannah Arendt, Italo Calvino, Boecio, Chesterton, Camus o Charles Darwin en un libro en el que no escasean el pensamiento filosófico, la evolución humana ni la neurociencia actual.

“Lo que hacen políticos como Trump o Putin es abolir el alma, el ser único que es cada cual”

“Es una obra ensayística pero también narrativa y con una fuerte dimensión de subjetividad, que juega con los sentimientos y la construcción biográfica del autor. He escrito el diccionario como si fuera una dimensión de mi casa, la casa que yo soy como ser humano”, dice el que hasta 2022 fuera director de Cuadernos Hispanoamericanos.

Sobre el encuentro en el libro de la filosofía y la ciencia, Malpartida señala que “la realidad es una, solo que no la conocemos como totalidad, y para acercarme echo mano de mis lecturas y mis intereses que tienen que ver con la poesía, la filosofía, la historia, pero también con la ciencia, tengo mucho interés en la teoría de la evolución y en aspectos de la neurocognición relativos a la conciencia. Uno de los científicos actuales más brillante y lúcido en ese sentido es Antonio Damasio, que ha explorado uno de los fenómenos fundamentales para definir la condición humana, la consciencia, partiendo de Spinoza más que de Descartes, entre otras cosas porque en Spinoza la realidad es una y Descartes es dualista”.

Malpartida se atreve con palabras que hoy parecen casi extemporáneas como alma . “En el siglo XX, la ciencia y algunos cientificistas abolieron la noción de alma, no existe. ¿Cada individuo no es único? Eso que es único de cada vida, ¿no lo podemos llamar alma? Si lo llamamos alma, seguiremos dialogando con esa dimensión única de cada uno. Si la quitamos, probablemente la vamos a sustituir por algo reductivo. Lo que hacen políticos poderosos como Trump, Netanyahu, Putin, es abolir el alma, la voluntad y la libertad, el ser único que es cada cual reducido a un objeto de mi poder. El alma es igual a la dimensión irreductible de cada humano”.

Otra palabra de su diccionario es democracia . “Está seriamente en peligro. Está en peligro la libertad de los seres humanos. A la democracia se le han pedido demasiadas cosas: felicidad, metafísica, justicia, respuestas totales a la subjetividad, a la interioridad. La democracia no es nada de eso. Debemos aceptar algo que me parece importante y es que la democracia es aburrida. Los que no debemos ser aburridos somos nosotros. Debemos utilizar las libertades para ser creativos. La democracia tiene que ser aburrida. Cuando comienza a tener perfiles muy acentuados, o le estamos pidiendo una dimensión metafísica, una respuesta que no puede dar, o la estamos destruyendo, como en este momento”.

Y Malpartida concluye que hoy “todos estamos insertos en un histerismo de la productividad y del consumo de la producción que ha deshabitado nuestra interioridad, el silencio personal. Y devora, sobre todo, nuestro propio tiempo. No nos deja tiempo para ejercer realmente nuestra libertad. Libertad de pensamiento, de volición, lo que uno quiere realmente. El deseo está tan estructurado por el comercio que nos inventan nuestros propios deseos y tenemos que preguntarnos qué deseamos”.

Justo Barranco Martín

Justo Barranco Martín

Periodista

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