“El flamenco entró en Nueva York por la fascinación, la modernidad y la élite cultural”
Aniversario en la Gran Manzana
Miguel Marín, fundador del festival flamenco neoyorquino, recalca la trayectoria de un certamen que cumple 25 años con un homenaje a los pioneros, como la 'Carmencita', estrella en Broadway, imagen de cine y musa de pintores en el siglo XIX

Miguel Marín, durante la presentación de la 25.ª edición del Flamenco Festival de Nueva York

Solo el destino tiene esos golpes de cadera que provocan un cambio de rumbo. Si el cordobés Miguel Marín se hubiese encontrado a gusto en el mundo de la docencia, esta historia jamás habría existido.
Después de licenciarse en Económicas en Sevilla, se quedó como profesor en la facultad. Duro poco. Descubrió que eso no era lo suyo y se vino a la Gran Manzana a estudiar un master en administración en la Universidad de Nueva York (NYU). Eran los últimos años del siglo XX. “Ni conocía el flamenco y te puedo decir que casi ni me gustaba”, confiesa.
Pero un día acudió a un bar en el Soho. Se llamaba Eñe y, haciendo honor a su designación, hacia bandera de la cultura española. Ahí fue donde vio la luz, y le cambio el sentido de la vida, con la actuación de la cantaora Rafaela Reyes, conocida como La Repompa de Málaga (titulo heredado de su hermana Enriqueta), junto a sus hijas Raquel y Amparo.
“Comprendí la capacidad que tiene el flamenco de emocionar, la intensidad emocional que hay en el flamenco”, dice hoy.
Esa fue la semilla que hizo crecer la pasión de Marín por los tablaos, su particular big bang artístico, que le llevó a la fundación en el 2001 del festival de flamenco de Nueva York. Este es un momento de celebración. La cantaora Rocío Márquez, con su espectáculo Himno vertical, abre este miércoles la edición del 25 aniversario, a la que han bautizado como “A true love story”, una verdadera historia de amor con esta ciudad.

“Nueva York es flamenca, pero es curioso que Nueva York no es flamenca de ahora, sino desde hace muchísimo tiempo”, recalca Marín. Así que rememora que ya 1890, una de las grandes divas de la ciudad era la bailaora la Carmencita (Carmen Dauset Moreno), estrella en Broadway. En 1891 llenó el Madison Square Garden (ubicación diferente a la actual) con 9.000 espectadores. Los pintores John Singer Sargent o William Merritt Chase la pintaron y sus cuadros están en el Metropolitan Museum.
Hay más, remarca. “Fue la primera mujer que apareció en una película en Estados Unidos. La primera imagen que vieron los estadounidenses fue una mujer bailando flamenco”, afirma.
“Eso significa que el flamenco ya entró a Nueva York por la parte de la fascinación y la modernidad. No era algo sin importancia. Entró por la élite cultural”, indica para ensalzar una expresión artística que es mucho más que un género.

Detrás de la Carmencita vinieron otros muchos más, como la Argentinita (y su colaboración con Federico García Lorca), Carmen Amaya, Sabicas, Vicente Escudero, Mario Escudero, Paco de Lucía o Lola Flores, una Faraona protagonista de una celebre reseña del The New York Times: “No baila, no canta, no se la pierdan”.
A todos ellos va dedicado esta edición de las bodas de plata. “No queremos celebrar 25 años. Queremos agradecer 140 años de flamenco en Nueva York, que nuestro aniversario sirva para festejar a esos pioneros, los que realmente abrieron las puertas al flamenco en Nueva York. Hemos podido hacer este trabajo porque muchos antes crearon un público y crearon esa fascinación por el flamenco”, proclama el fundador y organizador.
Tras unos movimientos experimentales (trajo a Antonio Canales con Sara Baras de artista invitada y llevó a Carmen Linares al Lincoln Center), Marín recita el cartel de aquella primera edición del certamen sin titubear. Tres días de un fin de semana y tres espectáculos: Carmen Linares con Manolo Sanlúcar, Farruquito y María Pagés.
En su 25 cumpleaños, y con un calendario que se extiende del 25 de febrero al 15 de marzo, el festival cuenta con 16 compañías y 180 artistas. Los bailaores Sara Baras, Eva Yerbabuena, Manuel Liñán, Andrés Marín y Olga Pericet; las cantaoras Rocío Márquez, Ángeles Toledano y Rosario La Tremendita; o los guitarristas Dani de Morón, Gerardo Núñez y Antonio Rey son algunos de los artistas que actuarán en la Gran Manzana.
A escenarios habituales (New York City Center, Jazz at Lincoln Center, Joe’s Pub o Roulette), en esta edición se recupera el Baryshnikov Arts, y se suman la Biblioteca Pública (la de la pareja de leones), y los museos Guggenheim y el Metropolitan, donde se rendirá tributo a la Carmencita ante el cuadro de John Singer Sargent.
A lo largo de estas dos década y media se constata un progreso, precisa Marín. “Hace 25 años el concepto de flamenco era muy estrecho, era algo que aplicaba sobre todo a la música étnica, a lo muy tradicional. El público que se podía acercar al flamenco era limitado porque las propuestas eran muy limitadas”, matiza.
“Sí creo que el festival ha apostado por la diversidad y por ampliar al máximo el público o la visión que hay del flamenco, de forma se puede acercar un público que va buscando experiencias muy distintas. La base ha sido la evolución que se ha producido en el flamenco por el impulso creativo de los últimos años y desde el festival hemos podido acompañarlo”, especifica.
“¡Hemos vivido tantos momentos históricos!”, exclama sobre cosas que se le han quedado grabadas especialmente. Cita a Tomatito con Enrique Morente en el Carnegie Hall o, en esa misma sala, a Paco de Lucía, o la primera gala flamenca del 2002, que sigue siendo uno de los puntos álgidos. O que Rosalía hiciera su primer concierto en solitario en Nueva York en el marco del festival (Joe’s Pub, 2018). “Para nosotros es un orgullo que Rosalía estuviera ahí y poderlo vivir es lo más”, señala.
Por cierto, el programa tiene un guiño a su inspirador. La Repompa vuelve. El nombre lo llevará esta vez la hija de Rafaela Reyes (“está mayor, ya no actúa”, aclara), Raquel Heredia, que cuando Marín vio la luz en el Eñe, hacía su debut en la Gran Manzana siendo quinceañera. La Repompa rendirá homenaje a su dinastía.
