Joan Alcover, un poeta marcado por el dolor (y de una belleza inmensa)
POESIA
El escritor de Mallorca, creador de la emotiva pieza ‘Desolació’, dispone hoy de una detallada revisión crítica de su producción lírica en catalán, que fue limitada en extensión pero de una excelencia sobresaliente.

Joan Alcover, poeta mallorquín, autor de ‘La relíquia’ y 'Desolació'

“Jo visc sols per a plànyer lo que de mi s’és mort”. Representa la línea final de una de las composiciones líricas más impactantes redactadas nunca en lengua catalana: Desolació. Se trata de un soneto de arte mayor que integra el segundo apartado — Elegies — de la obra inaugural de los dos poemarios en catalán legados por el escritor (conviene mencionar un tomo de trabajos completos que los agrupa): Cap al tard (1909). El volumen restante, fechado en 1918, se denomina Poemes bíblics (en uno de sus fragmentos, La llengua pàtria, Alcover admitía: “A la musa castellana / mos anys millors he donat”). Ciertos analistas, según señala Ignasi Moreta en la magnífica sección Comentaris i aparat crític, han cotejado Desolació con A un olmo seco, de Antonio Machado, sugiriendo que esta última creación se inspira en la anterior, editada tres años previamente. Moreta resalta las semejanzas, aunque también los contrastes entre ambos: “el d’Alcover és un poema desolat; el de Machado, vagament esperançat”. En otro orden de cosas, raramente se habrá expresado en catalán un pensamiento tan profundo en el breve espacio de una única línea, el cierre de esa gran obra. Tal vez se podría citar el verso conclusivo de la segunda elegía de Riba: “ric del que ha donat, i en sa ruïna tan pur”. O muchos otros ejemplos, desde luego, de Ausiàs March, el principal autor clásico: “cor malastruc, enfastijat de viure” o “amic de plor e desamic de riure”.
Ignasi Moreta (Barcelona, 1980) ejerce su labor con una precisión extrema: algo que ya evidenció mediante su meticuloso compromiso con la producción de Joan Maragall. La publicación que aquí introduzco no solo intenta brindar un texto filológicamente sólido, apto para el goce de todo lector, profesional o aficionado, sino que además persigue fomentar el progreso interpretativo de cada obra. Así pues, logra equilibrar la crítica de textos y la hermenéutica (muchas versiones académicas de los últimos tiempos satisfacían la primera exigencia, pero olvidaban la segunda). Justamente en este terreno, el barcelonés ha buscado ir más allá de la clásica visión biográfica del poeta mallorquín: “La meva postura a l’hora de llegir els textos vol anar més enllà de la cerca de referents derivats de la identificació entre autor empíric i veu poètica del text”.
⁄ El examen de Ignasi Moreta no solo es minucioso, sino que busca fomentar el progreso en la lectura del escrito.
Joan Alcover (Palma, 1854-1926) fue un miembro esencial, junto a Miquel Costa i Llobera, contemporáneo suyo, y Maria Antònia Salvà, de la distinguida Escola Mallorquina. Sin embargo, ciertos rasgos distintivos (ante todo, la parquedad de su creación catalana) lo han vuelto una “figura poc evident”, a criterio del editor crítico. Aun así, algunas de sus obras nos presentan a un lírico de gran altura. Moreta manifiesta que “La relíquia assoleix cotes de bellesa realment singulars”. El texto, de carácter hímnico, era igualmente uno de los favoritos de Baltasar Porcel, quien, en una ocasión, tuvo a bien destacármelo como una de las mayores cumbres en el habla que él mismo usó literariamente: “Trenta anys de ma vida volaren de pressa, / i encara no manca / penjat a la branca / un tros de la corda de l’engronsadora, / com trista penyora, / despulla podrida d’un món esbucat...”. Y sobre el aludido Desolació, Moreta indica que es “el sonet més impressionant de tota la literatura catalana del segle XX”. ¡No podría estar más conforme con él! Encontraríamos todavía un conjunto de poemas notables, de magnífica factura, entre los suyos. Desearía subrayar Col·loqui —como los dos citados, también de su primer tomo—, en el cual la simbólica Musa entabla un diálogo con el Poeta. Aquel le consulta si podría colaborar para devolverles la vida a sus descendientes, segada con tanta antelación, a lo que la inspiradora le replica: “La plenitud de vida no comença / ni arriba l’home a sa virilitat / sens que fermenti en l’ànima el llevat / de l’íntima sofrença”.
De este modo, este poeta desgarrado por la pena ya posee una versión crítica exhaustiva de sus creaciones líricas.