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Un gesto de Picasso con los Dalí, y viceversa

LATIDOS

El libro 'Picasso y yo', con textos del pintor ampurdanés recopilados por Víctor Fernández, ofrece un testimonio de primer mano sobre la intensa relación entre los dos artistas

Gala Dalí (izquierda) regala un cuadro de Picasso perteneciente a su colección particular al recién inaugurado museo Picasso de Barcelona en 1963. Le acompañan autoridades municipales, el director de Guyana Guardian Xavier de Echarri (quinto a la derecha) y Salvador Dalí 

Gala Dalí (izquierda) regala un cuadro de Picasso perteneciente a su colección particular al recién inaugurado museo Picasso de Barcelona en 1963. Le acompañan autoridades municipales, el director de Guyana Guardian Xavier de Echarri (quinto a la derecha) y Salvador Dalí 

Carlos Pérez de Rozas

Fue en 1926 cuando se conocieron en persona, en París. El más joven, que iba a rendir respetos al mayor en su estudio de la rue La Boétie, “estaba tan hondamente emocionado y tan lleno de respeto como si tuviera una audiencia con el Papa”.

-He venido a verle a usted antes de ir al Louvre -dijo Salvador Dalí.

⁄ Picasso les pagó los billetes del barco a EE.UU.; Dalí y Gala cedieron obra al museo Picasso de Barcelona

-Ha hecho muy bien -contestó Pablo Picasso.

El ampurdanés le llevaba de regalo un pequeño cuadro. El malagueño lo atendió un par de horas mostrándole sus últimas grandes pinturas. Según Dalí, que es quien relató la anécdota, ninguno de los dos hizo el menor comentario sobre lo que el otro le mostraba, pero al despedirse cambiaron una mirada “que quería decir exactamente: ‘¿Ve usted la idea?’ ‘¡La veo!’”.

En las décadas siguientes ambos mantuvieron contactos esporádicos que no podían ser fáciles, dada la competitividad obligada del ambiente artístico en que se movían -aunque Picasso era un superconsagrado y Dalí tardó un tiempo en serlo–; dadas también la diferencia de caracteres, el uno muy pronto acostumbrado a desplegarse hacia fuera y el otro con marcada tendencia a vivir hacia dentro, así como las futuras discrepancias políticas. Todo ello queda muy patente en Picasso y yo (Elba editorial), antología de textos de Dalí a cargo del periodista y experto en la generación del 27 Víctor Fernández, que dedica un esclarecedor estudio inicial a analizar la relación de ambos.

Picasso protegió los primeros tanteos parisinos de Dalí y lo recomendó al marchante Paul Rosenberg (al tiempo que Joan Miró, otro de sus protectores, le introducía en el grupo surrealista). Cuando el ampurdanés inicia su relación con Gala, se convierten en asiduos del estudio del artista, quien les presenta entre otros a Gertrude Stein y a Brassaï. Incluso Picasso le habría pedido a Dalí que terminara uno de sus grabados a medio hacer, deferencia que no tuvo con ningún otro colega.

En la Guerra Civil española sus destinos se separaron, Picasso en un compromiso inequívoco con el bando republicano y Dalí acercándose al franquismo, sobre todo después de su victoria y el regreso a España en 1948.

Se producen en los años siguientes, cuenta Fernández, tanteos para un reencuentro; distintos mediadores, entre ellos Luis Miguel Dominguín, lo intentaron sin éxito. Dalí escribió y habló mucho en público sobre su antiguo protector, a menudo aprovechando para hacerse autobombo, pero también con admiración genuina, e hizo famosa la frase:”Picasso es español, yo también. Picasso es un genio, yo también. Picasso es comunista, yo tampoco.” Al autor del Guernica la ingeniosidad le divirtió, pero siguió rehuyendo al personaje.

Hay dos historias reveladoras de que esta conexión, aunque torcida en cierto momento, tuvo destellos emotivos por ambas partes. 

Primera: Picasso pagó los billetes del barco en que Gala y Salvador Dalí realizaron su primer viaje a EE.UU. En 1934, decisivo en la carrera del ampurdanés (y donde el malagueño nunca llegó a poner los pies). “Fue el único amigo que me dejó dinero, cuando todas las puertas se me habían cerrado”, declararía Dalí. 

Segunda: en octubre de 1963, cuando el museo Picasso de Barcelona llevaba apenas medio año abierto, Dalí y Gala figuraron entre los primeros donantes ajenos al núcleo impulsor. Gala cedió un collage cubista de 1913, Cabeza -quizás un retrato de Juan Gris-, que el malagueño le había regalado. Había sido en una visita parisina de los años 30, durante la que  Picasso constató que ambos tenían una peca en el mismo sitio, el lóbulo izquierdo, y le ofreció a la rusa que escogiera una pieza de las que allí tenía. 

Dalí, por su parte, donó al museo una edición de Las metamorfosis de Ovidio de 1931, editado por Skira con aguafuertes picassianos.

Dos bellos gestos.

Sergio Vila-SanJuán Robert

Sergio Vila-Sanjuán

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Ejerce la dirección editorial en Cultura/s. Se hizo con el Premio Nadal de Novela

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