El mejor fue Pedri

Opinión

En el fútbol, terreno idóneo para la práctica del toropasadismo , hay tres maneras poco elaboradas de explicar las derrotas más feas: una es añorar al ausente, la otra es señalar a un par de culpables y la última es achacar a la falta de carácter lo sucedido, recurriendo a expresiones testosterónicas que tienen que ver con el orgullo y la actitud. Adelanto que este va a ser un artículo que cumple todos esos requisitos. A saber: Pedri en los partidos grandes se echa de menos como un paraguas bajo la tormenta, Araújo y Ferran Torres cometieron errores groseros que cambiaron el signo del partido, y la respuesta colectiva como reacción a esas desgracias fue de una pobreza de espíritu injustificable, sobre todo en un grupo, el de Hansi Flick, que si nos había acostumbrado a algo es a no entregarse nunca antes de tiempo. El partido requería emoción, al Chelsea le sobró y el Barça nunca la tuvo. La brecha entre la versión azulgrana de la temporada pasada y la actual sigue ensanchándose en favor de la primera.

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El Chelsea no engaña. Tiene un estilo propio tan reconocible como difícil de explicar. Cada verano sus ricos propietarios se gastan un dineral, cambian la tira de cromos y les sale un equipo que se parece al anterior. Las temporadas les van bien o mal pero los equipos resultantes son siempre nerviosos, con la prisa de los impuntuales tatuada, como si tuvieran miedo a llegar tarde a todo. Ese estrés, contraproducente generalmente en la práctica del fútbol de élite, es la esencia de los londinenses, gentilicio engañoso porque de Londres solo tienen a uno, el capitán Reece James. Los demás son franceses, españoles, brasileños, ecuatorianos, argentinos, portugueses… Pero es enfundarse la camiseta y el pantalón azules y colocarse las medias blancas y correr como galgos. No es extraño que Maresca, el domador de esta escuadra salvaje, se desviviera para fichar a Fermín el pasado verano. No sé a ustedes pero a mí no me cuesta nada imaginármelo metido dentro del tornado blue sin desentonar. El Barça, huelga decirlo, fue por su parte un triste anticiclón en un mapa del tiempo.

Los errores de Araújo y Ferran Torres requerían más que nunca de una muestra de orgullo

Dominar los nervios en escenarios de tan alta intensidad es clave para salir indemne, y anoche Araújo, central que no goza de buena prensa en Barcelona por su mal pie, metió la pata de manera estrepitosa. Cuesta entender qué se le pasó por la cabeza al uruguayo cuando, con una tarjeta amarilla encima, arrolló a Cucurella como un búfalo a muchos metros de la zona de peligro.

La excitación era del Chelsea, igualarla en su estadio es improbable, así que el antídoto requería por parte del Barça la aplicación de una sedación de caballo al juego que mucho nos tememos solo puede administrar Pedri. Pero como el centrocampista no está y De Jong no es tan bueno como el canario, el partido pedía no cometer errores de bulto en las jugadas clave. Ferran Torres falló un gol cantado con 0-0 en el marcador; a Araújo, ya se ha dicho, se le fue la cabeza a Uruguay en un minuto y De Jong, en un partido que exigía liderazgo, lució una tibieza emocional con y sin balón poco defendible.

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Pedri, en uno de sus últimos partidos antes de caer lesionado

David Ramos / Getty

La manera de jugar de Hansi Flick, no es novedad, asume el riesgo y la velocidad como parte del manual de instrucciones, pero cuando el rival es de categoría y presiona por todas partes, necesita de centrocampistas que sean capaces de pausar el ritmo cuando el atropello se ve venir. Pedri fue, sin jugar, el mejor de su equipo. Porque todos nos acordamos de él.

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