El Barça se inmola en Stamford Bridge

Chelsea, 3 - FC Barcelona, 0

El Chelsea pasa por encima del equipo blaugrana, que se mete un gol en propia puerta y en el que Araújo se autoexpulsa

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Koundé acaba de tocar el balón hacia su portería sin que Ferran Torres acierte a desviarlo 

NEIL HALL / EFE

La Champions no hace prisioneros y si no eres suficientemente rotundo, concentrado e inteligente lo pagas muy caro. Con una derrota inapelable que hace mucho daño. Con una actuación mediocre. Con un harakiri blaugrana en forma de gol en propia puerta tragicómico, de Koundé, con una expulsión tan justa como absurda de Araújo al filo del descanso y con una imagen general en las antípodas de la mejor versión del Barcelona. Todo le salió mal de principio a fin a los barcelonistas en el Bridge, un campo que no admite medias tintas. Segundo revés en la Champions para el Barça, que tiene difícil terminar la fase liga entre las primeras ocho posiciones.

Ni si quiera Lamine Yamal fue el duende esperado, abortado por un gigantesco Cucurella y con los focos para Estevão, el joven de 18 años del Chelsea que metió un señor gol. No hubo rebelión sobre el césped ante la adversidad. El de Rocafonda fue sustituido y no se tomó bien el cambio, circunstancia que hizo que el técnico blaugrana le mirara con cara de pocos amigos en pleno naufragio. El partido del Barça con menos corazón de la era Flick.

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En el entreacto el Barça ya enfiló el túnel de vestuarios desnortado, cariacontecido y derrotado. Se había inmolado en la primera mitad en el Bridge. Ferran Torres había fallado de entrada una ocasión imperdonable. Con el portero vencido y desde el punto de penalti remató fuera. Entre el delantero valenciano y Koundé se habían hecho un embrollo para marcar en propia puerta al no saber despejar una pelota e introducirla finalmente el francés en su portería. Y para colmo de males Araújo había perdido los papeles y se había marchado a la calle expulsado por dos amarillas. La primera por protestar encima del árbitro. La segunda por una entrada a destiempo a un vertiginoso Cucurella. Las dos amonestaciones, muy evitables.

Koundé marcó en propia puerta en un enredo con Ferran Torres

Una de las apuestas de Flick para el partido, la del uruguayo, tocaba a su fin. De nuevo Araújo queda señalado en un gran partido europeo, como en su roja ante el PSG de hace un par de temporadas. Pero cabe decir que para entonces el Barça ya había concedido demasiados regalos, en ambos lados del campo.

Porque pese a que el Chelsea tocó la corneta muy al inicio, con un gol anulado a Enzo por mano previa de Fofana, enseguida el Barcelona se puso manos a la obra, pisó el campo contrario con sentido y Lamine Yamal comenzó a aparecer en su primer partido contra un equipo inglés. El extremo filtró un pase genial a Ferran Torres pero como ha quedado dicho el Tiburón la mandó desviada con todo a favor. Seguramente habría cambiado el encuentro si hubiera embocado entonces pero el error no despistó a continuación al Barcelona, con un Balde con mucha chispa. Por el contrario Eric Garcia, que se había mantenido en la medular tras su espléndida actuación ante el Athletic, apenas podía intervenir, marcado al milímetro por James.

Poco a poco el Barça fue perdiendo ripio y a partir del cuarto de hora el Chelsea tocó más balón, activó más a su gran promesa, el brasileño Estevão, y la pelota comenzó a rondar el área de Joan Garcia. A Enzo le anularon un segundo tanto, ahora por fuera de juego de Chalobah, Neto envió al limbo un excelente servicio de Estevão y finalmente llegó el 1-0. Fue en un córner botado en corto que prolongó Cucurella sorprendiendo con la derecha. Remató de espuela Neto y ni Ferran ni Koundé acertaron a quitarse la pelota de encima. Un autogol absurdo.

Lamine Yamal fue anulado por Cucurella y se tomó mal su sustitución

En la Champions estos errores groseros penalizan mucho. Faltaba poso y agresividad. Delante no le llegaba juego a Lewandowski, Ferran corría más para trabajar hacia atrás que otra cosa, Fermín no encontraba su sitio y Lamine estaba siendo bien frenado por Cucurella, que aparecía en las fotos de las jugadas clave. El primer gol y la expulsión.

El panorama que se presentaba, con el marcador en contra y con un hombre menos, no era nada halagüeño. Había que tomar decisiones y mandaba Flick a jugar a Rashford en busca de velocidad y mordiente. No sirvió de nada. Lo que vino fue peor. El Chelsea se impuso en cada zona, en cada duelo. Sin tiempo para que el Barça creyera el equipo londinense metió el segundo. Lo firmó Estevão con un golazo tras driblar a Cubarsí y evitar el corte de Balde. La jugada nació en otro regalo blaugrana, en este caso una pérdida irresponsable de De Jong. Intolerable.

El daño podía ser mayúsculo porque restaba mucho tiempo. Entre otras cosas se necesita amor propio y Flick recurrió al alma de Raphinha y a la altura de Christensen. El brasileño del Barça fue el único que generó una ocasión cuando ya era tarde.

Se recogió unos metros el Chelsea, al que ya no le hacía falta pisar mucho el acelerador, sobre todo porque el fin de semana le espera el Arsenal en la Premier. Pero sin esforzarse al máximo llegó el tercero, obra de Delap a placer. El destrozo ya era de palabras mayores.

Al equipo blaugrana no le quedó ni el consuelo del gol y el partido, que acabó entre olés del público, había muerto mucho antes de los 90 minutos. No terminaba un encuentro sin ver puerta el Barça desde el 15 de diciembre del año pasado. El final del récord es lo de menos. Lo que importa es la falta de pulso del equipo, aunque se quedara con diez.

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