La pugna por atraer visitantes en la etapa de la IA

Economía digital 

Los sistemas autónomos (chatbots) generan presión sobre la estructura de ingresos de la red y el sector mediático.

UNA PANTALLA DE ORDENADOR CON LAS DIFERENTES PLATAFORMAS DE INTELIGENCIA ARTIFIAL QUE EXISTEN ACTUALMENTE. CHATGPT, DEEPSEEK, COPILOT, PERPLEXITY, GEMINI

Una usuaria consultando diferentes agentes de IA 

Mané Espinosa

Las Claves

  • Los agentes de inteligencia artificial como ChatGPT y Gemini están transformando el acceso a la red y amenazando el modelo comercial de Google.
  • Existe una creciente fricción entre

Resulta evidente que la inteligencia artificial —o, para ser más precisos, los denominados agentes de IA— está transformando el modo en que las personas se relacionan en (y con) la red. Durante los últimos veinte años, el acceso principal a los datos y las prestaciones digitales ha sido a través de un motor de búsqueda. En la actualidad, nadie contempla retirar a Google, no obstante, los chatbots (asistentes presuntamente inteligentes) —tales como ChatGPT o Gemini— se dirigen a conquistar ese terreno. Esto genera una inestabilidad compleja, dado que numerosos sitios web sustentan sus ganancias en los anuncios derivados de las visitas que envían los buscadores. Representa un peligro manifiesto para un esquema comercial que se consideraba plenamente establecido.

La consecuencia de esta situación —que resulta indiferente para la mayoría de las personas— es una fricción entre las firmas que diseñan modelos de entrenamiento algorítmico y los innumerables sitios web, entre los que destacan los de prensa. Estos últimos anticipan una reducción potencial en su tráfico de lectores y demandan un pago por la utilización de sus textos. Dichos modelos, que absorben inmensas proporciones de datos protegidos legalmente pero ignorados de forma habitual, se apoyan en el escaneo masivo de la web. No actúan siempre con prudencia, a diferencia de los motores de búsqueda, que proceden con rigor para cuidar su imagen pública.

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Para intentar frenar esta tendencia, se han planteado diversas propuestas. Una de estas, sugerida por un conjunto de editores digitales en Estados Unidos —como era de esperar— respalda el modelo de estándar RSL (Really Simple Licensing). Esta opción posee el mayor apoyo, aunque existen otras. En el núcleo se encuentran dos crecientes proveedores de redes de distribución de contenidos (CDN, por sus siglas en inglés). Hablamos de Cloudflare y Fastly, que desempeñan una función vital: proporcionar a los portales web unas tuberías mediante las cuales su información alcance su meta con el mínimo retardo, o lo que es igual, con la máxima rapidez.

Los instrumentos de conversación avanzados se están posicionando como el principal punto de acceso a la red para quienes navegan.

De acuerdo con Cloudflare, aproximadamente el 30% de la circulación digital presente proviene de bots que, en diversas regiones del planeta, sobrepasan la cantidad de usuarios reales. Asimismo, Fastly, un CDN bastante activo, ha señalado que las acciones de los rastreadores ( crawlers ) enfocados en recolectar datos para instruir sistemas constituyen el 80% del flujo generado por autómatas de IA. Esto implica que las interacciones de personas apenas alcanzarían el 20%.

Los inconvenientes derivados de este hábito son diversos, según indica un reporte de Fastly ( Threat insignts report ). En primer lugar, evade los esquemas de monetización de las editoriales y, por otro lado, se adueñan de las obras de los escritores, teniendo ambos derecho a una compensación legal.

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Desde luego, existen procesos de restricción que permiten dirigir hacia muros de pago, aunque resultan opuestos a otra facultad, la de la libre difusión de los datos. Se busca establecer un modelo de validación, pero este colisiona con el hecho de que los mismos internautas están evadiendo las herramientas tradicionales.

Las peticiones de personas reales constituyen únicamente el 20% de la cifra global.

Una alternativa inofensiva consistiría en el empleo generalizado del protocolo RSL, el cual brinda a los propietarios de portales digitales un método para autorizar sus materiales mediante diversos niveles de compensación económica. El principal obstáculo reside en la carencia de mecanismos de cobro seguros, aunque previo a alcanzar dicho punto, sería necesario disponer de herramientas tecnológicas de prevención que, hasta el momento, han obtenido frutos escasos. Bajo el panorama presente de rechazo a las normativas, es complicado suponer que los infractores que proliferan en la red accedan a cumplir con las pautas de limpieza propuestas por Cloudflare y Fastly.

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