El 2025 acaba como empezó, con una inflación en diciembre del 2,9%, que es la misma tasa que se registró en enero, y prácticamente un punto por encima de la de la zona euro. Supone una décima menos de la de noviembre.
Es el cierre de un año en que no se han conseguido moderar definitivamente los precios y muy especialmente, cuesta frenar los de los alimentos. En diciembre, la inflación de los alimentos fue del 3%, dos décimas más que el mes anterior, y siguiendo de esta manera la línea alcista marcada durante los últimos meses. Las subidas se moderaron hasta un 2,3% a mitad del año, pero después siguió un repunte progresivo, que llega a su máximo del año en diciembre.
En este mes, la causa de la subida de los alimentos ha sido el efecto base, la comparativa con el mismo mes del año pasado, de aceites y grasas.
Si los alimentos han tirado al alza, el papel contrario lo han jugado la bajada de los carburantes, lo que ha permitido esta aumento del 2,9%, según los datos publicados esta mañana por el INE, que coinciden con los adelantados hace dos semanas.
Por otro lado, la inflación subyacente, la que no tiene en cuenta alimentos frescos ni energía, se ha mantenido estable, en el 2,6%.
Si se examina el conjunto del año, la inflación media se sitúa en el 2,7%, lo que supone solo una décima menos que la del ejercicio anterior. Es la muestra de esta resistencia de los precios a frenarse definitivamente, básicamente por los alimentos y los servicios. Alimentos a los que les cuesta echar el freno, en parte por la subida de la cotización en merdados internacionales de productos como el café, el cacao o el chocolate, y en parte por algunas malas cosechas. Mientras, los servicios siguen subiendo precios empujados por una economía que crece y también por una población que va en aumento.
