El porcentaje de los salarios en la riqueza global cae hasta su nivel mínimo histórico.
Nuevo orden económico
La IA y los recortes de plantilla impulsan la caída del empleo en relación con los beneficios del capital.

Un aviso en una tienda de Amazon Go que anuncia su cierre tras haber apostado por la IA.

Pensemos en el sistema económico de una nación como una tarta de gran tamaño (el PIB). Este postre se distribuye fundamentalmente entre dos sectores. El primero representa al capital: los propietarios de las compañías, accionistas e inversores (junto con sus ganancias corporativas). El segundo corresponde al trabajo: los asalariados que generan los productos y servicios (sueldos y prestaciones sociales). La proporción de dicha tarta que perciben los empleados ha descendido hasta alcanzar niveles mínimos nunca vistos.
Esto se desprende del estudio más reciente de la firma de renta fija Pimco, la principal a nivel global, basándose en cifras de la Oficina de Estadísticas norteamericana ( Why U.S. Productivity gains no longer reach workers ). Pese a que la economía se expande y las compañías incrementan su productividad (por medio de la tecnología o la IA), la porción de los beneficios que perciben los empleados mediante sus salarios es la menor desde que existen datos en Estados Unidos: cerca de 80 años. El patrimonio del país aumenta, no obstante, el capital se concentra en los niveles superiores.
Desde esta perspectiva se comprende con mayor claridad la oleada de ceses comunicados durante las semanas recientes por las principales multinacionales ante el avance incesante de la inteligencia artificial. Es fundamental considerar que no nos encontramos ante un suceso únicamente estadounidense, sino que tiene un alcance global.
El porcentaje de las rentas laborales ha descendido desde cerca de dos tercios del PIB mundial al comenzar la década de los 80 hasta alcanzar aproximadamente el 52% hoy en día, lo que supone apenas algo más de la mitad y el nivel mínimo registrado históricamente según las cifras del último año de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Conforme a esta entidad, si los empleados percibieran actualmente la misma parte que en 2004, contarían con unos 2,4 billones de dólares extra en sus ingresos.
Las remuneraciones han pasado de constituir dos tercios del PIB mundial a situarse en poco más de la mitad.
Hoy en día, la economía global prioriza la obtención de beneficios financieros inmediatos para los accionistas, impulsando a las compañías a “contener” los costes de personal para elevar los dividendos. Debido a la globalización, la facilidad de trasladar la producción a naciones más baratas ha tirado de los sueldos a la baja globalmente. Dicha deslocalización, unida a la pérdida de peso de los sindicatos, ha restado fuerza al empleado para demandar su parte de los beneficios.
No obstante, el rápido avance de esta disminución en la mano de obra proviene de la influencia de la IA, ya que los procesos automatizados permiten que las compañías generen lo mismo con menos empleados, reduciendo así la exigencia de costear remuneraciones.
Los sistemas y los programas (y hoy la IA) están reemplazando labores que antes realizaban las personas. Esto provoca que el “capital” (el aparato) genere una mayor producción, al tiempo que el “trabajo” (el individuo) disminuye su importancia en el ciclo de valor. Debido a ello, y según se ha notado recientemente, más compañías recortan sus plantillas para destinar capital a la inteligencia artificial, en el marco de profundas reorganizaciones empresariales.
Dow Chemicals comunicó su intención de suprimir cerca de 4.500 puestos de trabajo este jueves, dentro de una estrategia para “simplificar” sus procesos, priorizando la IA y la automatización. Amazon redujo aproximadamente 16.000 cargos administrativos el miércoles, tras haber cesado a otros 14.000 hace tres meses. Se mencionó una reorganización para “eliminar burocracia”, aunque esto ocurre junto a una inversión creciente en IA; su directivo Andy Jassy previó que la IA generativa disminuiría el personal de oficina. HP informó en noviembre que prescindiría de entre 4.000 y 6.000 trabajadores hacia el 2028 con el fin de agilizar tareas mediante IA y elevar la eficiencia. De igual modo proceden Intel, Procter & Gamble, Nestlé, Microsoft...
Los recortes impactan con fuerza en los puestos directivos intermedios y las nuevas generaciones encuentran menos salidas laborales.
“Comenzando con ordenadores y software, y ahora añadiendo automatización e inteligencia artificial, las herramientas tecnológicas sustituyen fácilmente a mano de obra de nivel medio y cada vez más cualificada. Las perspectivas para la participación laboral no son buenas. Las grandes empresas relativamente intensivas en capital tienen ahora un fuerte incentivo fiscal para invertir en tecnologías que ahorran costes laborales. La IA sigue siendo un sustituto relativamente asequible y desplegable para muchas tareas que actualmente realizan los humanos”, dijo Tiffany Wilding, economista de Pimco.
“Las empresas líderes dependen en gran medida del capital intangible –software, propiedad intelectual, datos, algoritmos, valor de marca–, que precisa poco trabajo adicional. EE.UU. Especializa cada vez más en industrias de diseño que requieren mucho capital: chips, infraestructura en la nube, computación de IA, sectores que generan producción con necesidades laborales marginales pequeñas”, explica.
“Estamos ante un fenómeno dramático”, señala el asesor y escritor Lasse Rouhiainen, responsable de la obra Domina la inteligencia artificial antes de que ella te domine a ti (Alienta, 2026). En una charla previa con este periódico, antes del surgimiento de GPT, sugirió que instruirse en la IA equivaldría a aprender nuevamente a leer y escribir. Actualmente admite que su previsión fue limitada. “Hace unos años creía que la IA también abriría oportunidades, pero ya no está tan claro de qué tipo. Las empresas antes fichaban a personas que sabían aplicar la IA. Ahora trabajan directamente con agentes de IA”, afirma.
“En Finlandia, en lugar de contratar a un júnior, las tecnológicas entrenan en dos semanas un agente de IA que ya consigue hacer la mitad de las tareas requeridas. No solo los trabajadores se quedarán sin salario, sino que perderán su propia identidad”, indica este especialista. Según su punto de vista, se aproximan transformaciones de fondo. “El modelo tradicional de pago por horas trabajadas se desmorona cuando una hora con la IA produce diez veces más que una hora sin ella. Asimismo, habría que repensar el sistema educativo, con títulos universitarios que deberían actualizarse cada año, porque el avance es muy rápido”.
En un comienzo la terciarización, después la globalización, y ahora la tecnología merman las ganancias salariales.
Aún persisten diversas interrogantes: si los empleados pierden su cuota, ¿quién contará con fondos para adquirir lo fabricado por la tecnología? ¿Si la relevancia de las remuneraciones decae, de qué fuente se obtendrán los próximos tributos estatales? Puesto que, para elaborar el postre, primero es necesario abastecer el frigorífico.