Alcaraz apaga la revuelta de Djokovic: Melbourne cae a sus pies

Tenis | Open de Australia

A sus 22 años y 272 días, el talento murciano se convierte en el tenista más joven en ganar los cuatro Grand Slams (2-6, 6-2, 6-3 y 7-5); su récord supera a Rafael Nadal, que lo logró a los 24 

Carlos Alcaraz celebra su victoria en el Open de Australia, su séptimo título del Grand Slam, este domingo

Carlos Alcaraz celebra su victoria en el Open de Australia, su séptimo título del Grand Slam, este domingo 

Tingshu Wang / REUTERS

Hasta el último golpe en la noche de Melbourne, la parroquia aguanta la respiración, se declara boquiabierta ante el fabuloso combate intergeneracional que disputan un tipo que acaba de entrar en la veintena, Carlos Alcaraz (22), y otro que acaricia los cuarenta, Novak Djokovic (38).

Gana el primero, el joven, acaso bendecido por su juventud (2-6, 6-2, 6-3 y 7-5), pero el espectáculo reivindica el debate que, durante días, ha estado recorriendo los pasillos de Melbourne Park:

-¿Qué época tenística ha sido más dura, la que se vive hoy, con la dictadura Alcaraz-Sinner, o los tiempos gloriosos del Big Three, los tiempos de Federer, Nadal y este Djokovic que aquí sigue?

El debate es estéril, o por lo menos irresoluble. 

No podemos comparar periodos, no podemos hacerlo empíricamente (¿en qué términos objetivos deberíamos efectuar las mediciones, en potencia de saque, en kilómetros de desplazamiento, en eficacia con el resto...?), pero para muestra aquí resiste Djokovic, último mohicano, el serbio terco que busca el novamás, el 25.º título grande, pero que deberá seguir esperando (o intentándolo).

Se lo impide Alcaraz, el crío que no lo es tanto, que ya no es Carlitos sino Carlos, y que ya, a sus 22 años y 272 días, cierra el Grand Slam: ya se ha adjudicado los cuatro grandes. 

Es el más joven en lograrlo.

(Más, incluso, que Rafael Nadal, la leyenda que contempla esta final soberbia desde el palco vip, el manacorí que lo había redondeado a los 24).

Rafael Nadal, este domingo en el palco vip del Rod Laver Aena de Melbourne

Rafael Nadal, este domingo en el palco vip del Rod Laver Arena de Melbourne 

Edgar Su / REUTERS

El desenlace es maravilloso para Alcaraz, pero nunca es un camino de rosas. Durante un buen rato, ha sido un entuerto. 

En la noche de Melbourne, Alcaraz se destensa en el arranque, no se encuentra y le da rienda al mágico Djokovic, que vuela hacia el primer set y enreda la final. 

En las tribunas hay cruces de miradas, el mismo escepticismo que se respiraba ahí mismo días atrás, el viernes, cuando Jannik Sinner se rendía ante el serbio. Tampoco respiran en el palco de Alcaraz, allí donde ahora manda Samu López, el sustituto de Juan Carlos Ferrero, sorprendentemente destituido hace un mes, carne de portada en los medios, casi tanto como el caso Julio Iglesias o las caprichosas decisiones de Donald Trump.

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Al contrario, se crece. Le devuelve el set al serbio, lo hace exactamente en los mismos términos (6-2), y a partir de ahí empieza a cabalgar. Ahora es Djokovic quien sufre cuando defiende el saque y Alcaraz quien maneja los términos. No falla en los rallies más largos, ajusta el servicio, asfixia a Djokovic y le arrebata tres mangas de un tirón para marcar el paso.

El presente es suyo, por mucho que Djokovic, una y otra vez, intente revolverlo.

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