España tiene la razón, aunque se halla aislada.
26 Chars) - Good. *
La negativa de Sánchez preocupa a Europa.

Pedro Sánchez definido como el rival principal de Donald Trump, conforme a la etiqueta asignada por el “Financial Times”

Es posible que Pedro Sánchez esté en lo cierto, e incluso que se sitúe en la posición histórica adecuada tras su reciente conflicto con Estados Unidos, aunque España continúa bastante aislada dentro de Europa. Dicha confrontación resultó mediática y peligrosa, si bien ya existen precedentes previos, tales como el del 5% de gasto de defensa. Resulta verídico que en aquel momento sus socios abandonaron a Sánchez por completo, irritados debido a que la acción del mandatario español exponía su propia subordinación; no obstante, en la actualidad ha obtenido palabras de respaldo por parte de Macron, Von der Leyen y Antonio Costa, mientras que la italiana Meloni, sin contactarlo directamente, ha seguido sus pasos al restringir la utilización de las instalaciones militares estadounidenses. Son señales valiosas, aunque mantienen a España desprotegida frente a la amenaza, siendo blanco de los desplantes del sheriff Trump, bajo la duda de si, esta vez, las acciones sucederán a las advertencias o si, como suele ocurrir con TACO Trump, se desvanecerán en el aire.
Durante este segundo periodo de Trump, el rol de los principales gobernantes europeos como subordinados del mandatario estadounidense asombra continuamente, con el cierre del triste espectáculo del canciller germano Friedrich Merz en la Casa Blanca como suceso más reciente. Tal obediencia contrasta con un Sánchez posicionado como modelo de resistencia ante las acciones de Trump. Representa el la némesis de Trump, conforme al 'Financial Times', o la “Persona del año” para el 'Expresso' italiano, generando inquietud en Meloni siempre que se le equipara con el político español. Esta relevante proyección exterior, atípica para un mandatario de España, es la que Sánchez pretende capitalizar en la arena nacional. Así se explica su “No a la guerra” rescatado por estas fechas, en armonía con una sociedad española abiertamente contraria al ataque de Estados Unidos hacia Irán, buscando desmentir la teoría del “menos Siria y más Soria” que asegura que las votaciones se deciden en la gestión interna y no más allá de los límites territoriales.
La apuesta de Sánchez, un jugador acostumbrado al alto riesgo, puede tener un precio en términos políticos y económicos. Políticos los derivados de enfrentarse tan abiertamente al presidente norteamericano, y los de dejar en evidencia a sus socios europeos, situación en la que a nadie le gusta verse retratado. En la negativa el año pasado a aumentar el gasto en defensa hasta el 5% del PIB, molestó a varios países que, pensando lo mismo que Sánchez, prefirieron firmar aún a sabiendas de que no lo iban a cumplir. Y entonces, llegaba el español, y les movía el tablero. Y ahora, es una presión más que los empuja a enfrentarse a Trump, algo que algunos, como Merz, parecen querer evitar cueste lo que cueste, aunque sea a costa del deshonor inmediato, que, además, tampoco garantiza nada en el medio plazo.

En el tema económico, el enfrentamiento abierto con Trump provoca que España, además de quedar expuesta, como todos, a las derivadas de la escalada bélica, tenga un riesgo adicional. Son las medidas anunciadas de forma harto genérica por Trump, y que nadie sabe qué forma pueden tomar.
La realidad es que resulta inviable penalizar a España mediante aranceles, dado que la UE funciona como una unidad en materia comercial. La alternativa exclusiva, y bastante restringida, consistiría en imponer tasas a bienes que impacten específicamente a nuestra nación, como ocurre con la aceituna. Asimismo, establecer un embargo se presenta como algo sumamente difícil, puesto que carece de un sustento jurídico viable. Existen otros ámbitos, como aprovechar la subordinación energética de España, la cual cuenta con Estados Unidos como su principal proveedor de gas, aportando más del 30% del suministro, y siendo el mayor vendedor de crudo a España, con un 15% del total. No obstante, al detener dichos envíos no queda definido qué parte resultaría más afectada. Es preciso rememorar que, dentro del acuerdo EE.UU-UE del ejercicio anterior, una de las exigencias de Washington fue que Europa incrementara la adquisición de sus recursos energéticos.
En todo caso, las amenazas de Trump han provocado nerviosismo entre las empresas que operan en aquel mercado. Un ejemplo puntual es el gigante español del aceite Dcoop, que ya ha paralizado una operación de compra de su filial en Estados Unidos, mientras muchas otras compañías guardan silencio, pero temen que acaben pagando un precio. Y especialmente alerta está la industria de la defensa, que reza porque no se toquen sus contratos firmados.
La economía española logra resistir sin perjuicios significativos las consecuencias de un conflicto breve, pero si este se dilata, el efecto resultará severo.
Además de las potenciales represalias bilaterales, otras repercusiones llegarán, seguro, por las derivadas de la guerra. Aquí todo dependerá de la duración del conflicto, y también, del grado de destrucción de las infraestructuras en aquella zona. En caso de que no se prolongue más allá de tres meses, el impacto para la economía española parece perfectamente asumible; unas décimas de inflación extra y de recorte de crecimiento. Para una economía que sigue boyante, los daños no serían estructurales. En cambio, si se alarga, la previsión es que el daño sea profundo.
Lo que sí es cierto es que el primer impacto en Europa y en España es muy inferior al arranque de la guerra de Ucrania, y que, además, la península Ibérica juega con alguna ventaja por su apuesta por las renovables. En el 2022 el petróleo llegó a cotizar a unos elevadísimos 180 dólares y ahora, a pesar de la subida de los últimos días, estamos a menos de la mitad. En aquella época, el Mibgas, el mercado de referencia del gas, escaló hasta los 200 euros, cuatro veces más que ahora. Además, se le puede añadir que hay mucho menos dependencia europea del gas procedente del Golfo.
Si por el lado del petróleo vamos a sufrir, por el de la electricidad nuestra fuerte apuesta por las renovables nos convierte, de momento, en privilegiados. Ahora mismo, nuestros precios de la electricidad son la mitad de los que pagan Alemania e Italia, gracias al viento que ha soplado en los últimos días, el agua embalsada y la producción de energía solar. Sin embargo, el alivio es temporal. Si el precio del gas continúa aumentando, ni las renovables nos salvarán del sacrificio.
Las fuentes renovables han evitado por ahora el incremento del coste eléctrico.
Está bien pensar en un conflicto relativamente corto, y encontrar argumentos que lo justifiquen, como la destrucción creciente del arsenal iraní, y las prisas que tendrá Trump de acelerar el conflicto con los precios de la gasolina subienda y las elecciones de medio mandado a la vista. Pero, de garantías de una corta duración no hay ninguna, más todavía en el caso de una operación tan compleja y aparentemente improvisada como esta. Por tanto, sigue muy presente el riesgo de la inflación, aquel demonio que salió de la botella por la guerra de Ucrania, que castigó nuestros bolsillos con subidas que rozaron el 11% en algunos momentos, y que nos costó dios y ayuda volver a encerrar.
De momento, el Gobierno español se ha dedicado a enviar mensajes de tranquilidad, aprovechando que los efectos de la guerra son todavía muy moderados, básicamente un incremento de las gasolinas, y de recordar que tenemos a disposición los instrumentos utilizados en otras crisis. Medidas ya utilizables, como los ERTE, que tantos empleos salvaron, y otras que se pueden reactivar, como la polémica bonificación a la gasolina o la rebaja del IVA de los alimentos. Medidas a punto para una crisis que todavía no ha llegado, pero que se acerca.


