La hora de los eurobonos
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Nunca vinieron y muchos piensan que nunca vendrán, aunque la gente los sigue esperando, como unos Godot de la Unión Europea. Sin embargo, el momento es especialmente oportuno para lanzar los eurobonos, ahora que Europa necesita un potente instrumento de deuda soberana. Fórmulas hay para adaptarlos, pero pesa la concepción que se tiene de esta fórmula exclusivamente como mecanismo de transferencia fiscal entre estados

Los eurobonos parecen los Godot de la Unión Europea, siempre esperándolos pero nunca llegan.

Los más pesimistas pintan los eurobonos como los Godot de la Unión Europea. Nunca vinieron, nunca vendrán y, sin embargo, la gente los sigue esperando y deseando. Así los describe el reputado periodista Wolfang Münchau, que acierta cuando añade que son una buena idea que murió porque sus defensores los vendieron como un mecanismo de transferencia fiscal entre estados miembros, y no, como lo que tocaría, un instrumento de deuda soberana de una unión política.
Sin embargo, otros piensan, o al menos desean, que Münchau no sea un optimista bien informado, sino que se esté dejando llevar por un pasado de frustraciones con los eurobonos, cuando ahora es un buen momento para poder plantear su despegue definitivo. Cuentan con que el momento es oportuno, en que, por un lado, hay una demanda de inversiones seguras vista la inestabilidad permanente en que Trump ha situado al gigante americano; y por otro, es patente la urgencia de que Europa consiga autonomía estratégica. Y esta autonomía tiene una dimensión de defensa, claro que sí, pero también otra de financiera, menos visible tal vez, pero igual de importante. Traducción simplificada: Europa necesita tanques y eurobonos; y los dos con urgencia.
La cuestión esencial es la citada por Münchau, cambiar el paradigma, no situar los eurobonos para aliviar a los países con problemas, sino como operación de deuda soberana conjunta de la Unión Europea, que le permita en el terreno económico, jugar en primera división, en el patio de los mayores, donde, si hasta hace poco ocupaba un lugar preferente, en los últimos años está siendo relegada.
Eurobonos como instrumento de deuda soberana de una unión política, no como transferencia fiscal

Sin embargo, que las condiciones sean mejores no asegura que se consiga. Las fuerzas en contra, especialmente una Alemania que piensa que puede jugar sola más que liderar al grupo, siguen oponiéndose, pero con alguna novedad significativa, como el reciente y sorprendente posicionamiento del presidente del Bundesbank, no cerrando esta posibilidad.
En definitiva, una mañana nos despertamos, ¡oh, felices europeos!, y descubrimos con horror que nuestra autonomía era ínfima. Que no la teníamos por supuesto en el terreno militar, aquí hemos vivido protegidos por el entonces amigo americano, en un pacto tácito de que Washington pagaba y a cambio mandaba. Pero, hemos descubierto que en la esfera económica también tendemos a la irrelevancia.
Se hunde el mundo de las instituciones internacionales, donde nos movíamos tan bien, se ha abierto la jaula de los depredadores; y nos toca espabilar para no convertirnos en presa. Y aquí, les llamemos como queramos, eurobonos o activos de deuda europea, el salto es necesario. Son un instrumento que puede servir para atraer capital, revertir el actual efecto de capitales europeos que van a los Estados Unidos, y con ello, disponer de capacidad de financiación de los grandes transformaciones que todos están de acuerdo en que hay que emprender.
Que F rancia se pronunciara por los eurobonos justo antes de la reunión de la Unión Europea de hace tres semanas en el castillo belga de Alden Biesen es un paso significativo, aunque venga de la mano de un Emmanuel Macron en horas bajas, que ya está enfocado la puerta de salida. Es un pato cojo, utilizando el argot político norteamericano. Que el canciller alemán, Friedrich Merz, le respondiera con un n o, porque no quiere y tampoco puede, alegando la doctrina del tribunal de Karlsruhe, entra dentro de la lógica.
Las condiciones son oportunas para impulsar estos activos seguros, pero la palabra sigue siendo tabú en Alemania
Sin embargo, que el presidente del Bundesbank, Joachim Nagel, entreabriera la puerta a los eurobonos es un elemento casi rupturista. “Hacer atractiva a Europa también significa atraer inversiones del exterior. Un mercado europeo más líquido en lo que respecta a los activos seguros europeos contribuiría a ello”, dijo Nagel, aunque añadió a continuación una lista de condiciones.
En el fondo, las propuestas de aplicar los eurobonos vienen de lejos, pero ninguna ha tenido éxito, excepto aplicaciones puntuales y muy acotadas como los Next Generation. Una pandemia tuvo que asolar Europa para que se aplicaran, puede decir uno. Otro más optimista le contestaría que fue un éxito después de la receta del austericismo aplicada en la crisis financiera anterior. Lo cierto es que ya el gran Draghi planteó la figura de los eurobonos en su tan alabado como poco aplicado informe. Es cierto que no menciona la palabra tabú (eurobonos), pero los activos seguros que utiliza es el mismo concepto con otro nombre.
Después, llegó el informe de Ángel Uribe y Olivier Planchart, en mayo del año pasado, con una propuesta específica, un título transparente (“Ahora es el momento de los eurobonos”,) y el objetivo de crear un amplio mercado europeo de bonos que puedan dar respuesta a la demanda global en ascenso de una alternativa al mercado del Tesoro de Estados Unidos. Y lo plantean reemplazando una proporción del stock de bonos nacionales por los eurobonos.
También el ministro español, Carlos Cuerpo, se ha unido a la demanda y reclama pasar este Rubicón. En un artículo, publicado en el Financial Times, recupera la idea de Uribe y Planchart, de utilizar una parte de los ingresos del IVA para respaldar estos bonos europeos. Sin mutualización, insisten todos, y con el objetivo de poder financiar bienes públicos comunes en mejores condiciones.
La clave es, una vez más, Alemania. Un país en horas bajas, que se equivocó en su apuesta por el gas barato ruso, y lo paga; con su emblemática industria del automóvil desbordada por la más avanzada tecnología china; y que busca reanimar un crecimiento anémico y recuperar su capacidad exportadora, porque de esto vive. Pero, lo importante es si Alemania decide jugar sola, si considera que tiene bastante capacidad de financiarse como país; o bien, impulsa más la carta europea. Y aquí es donde podrían tener cabida los eurobonos. No será fácil, porque es una palabra maldita en tierras alemanas, donde se asocia automáticamente a mutualización de deuda, a transferencia fiscal.
Un recorrido, el de los eurobonos, que recuerda demasiado a la obra de Samuel Beckett, donde comentan repetidas veces que el señor Godot no vendrá hoy, pero probablemente vendrá mañana. Y siguen esperando.


