Canal Práctico

Anatomía de un proceso

Atención digital

Entender los mecanismos de atención es clave para aplicarlos a la comunicación de marcas, proyectos y negocios

La atención del espectador se activa por la expectativa de un cierre

La atención del espectador se activa por la expectativa de un cierre

Getty Images

En los últimos tiempos un fenómeno viral recorre los móviles de todo el mundo. Pero no de manera puntual y efímera como suelen ser todos los fenómenos virales. Este vino para quedarse por mucho tiempo. Es un tipo de contenido que, a priori, podría llegar a ser hasta censurado u ocultado por el algoritmo, porque no siempre es agradable de ver por todo el mundo. Sin embargo, los likes y comentarios suelen contarse por cientos de miles cada vez que el fenómeno aparece en su formato preferido: los vídeos cortos verticales.

Se trata de aquellos vídeos en los que vemos cómo un pelo enquistado termina siendo arrancado. En la misma línea podríamos incluir aquellos en los que vemos cómo un punto negro es eliminado del rostro de alguien o, aumentando el nivel de repugnancia para algunos, aquellos en los que un grano es reventado. Una rápida búsqueda en la lupa de tu red social favorita te bastará para comprobar que sí, que estos vídeos existen y casi siempre son viralísimos.

Entender por qué ocurre esto nos puede servir para dos cosas. La primera, para comprender cómo funcionan los mecanismos de atención del ser humano. Qué razones biológicas y psicológicas realmente profundas se esconden detrás. Y, la segunda, para usarlo a nuestro favor a la hora de captar la atención de las personas hacia nuestro proyecto, empresa, producto, servicio, etcétera.

Nuestro cerebro ama los cierres. Cuando vemos un vello enquistado o un poro obstruido, lo interpreta como un problema, como el inicio de un proceso que debe terminar siendo resuelto sí o sí. Y al final de ese proceso se encuentra la golosina favorita de cualquier cerebro: la recompensa en forma de dopamina por haber anticipado la resolución que esperábamos.

De ahí que nuestro enfado puede ser mayúsculo cuando no tenemos la recompensa esperada. Pocas cosas irritan más a los consumidores de estos vídeos que ver que se cortan antes de llegar al final. O que las pinzas encargadas de extraer el pelo parezcan de mantequilla y no tengan agarre ninguno. O asistir al peor de los finales: que se corte el vídeo a mitad de proceso y aparezca la odiosa leyenda de “like para parte dos”.

Ahora bien, ¿cómo podemos usar estos mecanismos de atención para captar el interés de nuestros potenciales clientes? Muy fácil: entendiendo que cualquier proceso tiene el mismo efecto atrayente. Una receta de cocina que empieza y termina. Un tornillo siendo atornillado hasta el final. Un hipopótamo que empieza a dar cuenta de una sandía y al final no queda un átomo de la misma.

La atención del usuario no la genera el contenido, sino la promesa de ver cómo un proceso llega hasta el final

Y no importa si quien consume este contenido está particularmente interesado en el proceso o no. Lo que importa es el proceso en sí. Por eso fácilmente cualquiera puede invertir cincuenta segundos de su vida en asistir al montaje de unas cadenas de nieve en una rueda, viéndolo a través de un móvil en el sofá de su casa de una localidad en la que no ha nevado en los últimos sesenta años.

Esta es la razón por la que en los últimos tiempos se ha extendido también la práctica de añadir debajo de cualquier vídeo las imágenes de un videojuego de un coche dando vueltas interminables en loopings coloridos. O bolas dentro de un círculo que cada vez que chocan entre ellas se duplican. Todo por la misma razón: atraer la atención del usuario mediante un proceso.

Y aquí es donde entra en juego un elemento importante a la hora de usar estos mecanismos de atención en beneficio del negocio que queremos dar a conocer. Debemos documentar en forma de vídeo aquellos procesos que, a menudo de manera inconsciente, sirvan también para poner en valor nuestro producto o servicio a ojos de quien lo ve. Y que a su vez es un potencial cliente.

El propietario de un restaurante podría grabar cómo un camión entra cargado en sus instalaciones; cómo es descargado y, finalmente, como abandona el lugar completamente vacío. Si ese camión está rotulado con el logo de la mejor carnicería de la zona, de manera inconsciente quien consume ese vídeo establece una relación directa entre ese restaurante y comida de calidad.

Los instaladores de piscinas saben también muy bien que no hay nada más efectivo que colocar una cámara fija grabando desde el momento que una máquina empieza a hacer un agujero en el suelo hasta que, días o semanas después, aparece una impresionante piscina. Cualquier software sencillo de edición sirve para transformar un vídeo de decenas de horas en un vídeo a cámara rápida de cuarenta segundos que, con toda probabilidad, hará las delicias de aquellos ávidos de dopamina tiktokera.

El proceso sirve para todos los sectores y nichos: decoración, restauración de muebles, instalación de aire acondicionado, montadores de eventos, mecánicos de chapa y pintura, y un infinito etcétera. Si hay un proceso visual, hay la oportunidad de atraer miles de miradas online. Aprovéchate de ello ya mismo, no vaya a ser que un simple vello enquistado atraiga más miradas que tu proyecto por el que llevas tantos años luchando.

Etiquetas