Francesc Escánez, experto en viajes de lujo: “Gestionamos los días más importantes del año de nuestros clientes, sus vacaciones, esos días que dan sentido a todo un año de trabajo”
Atlantida Travel
Atlantida Travel crea itinerarios personalizados con un equipo que viaja, prueba y conoce cada destino antes de recomendarlo

Atlantida Travel es una agencia de viajes de lujo que ha hecho de la especialización su identidad
La pandemia dejó una huella clara: posponer ya no es una opción. El deseo de viajar se ha transformado en una necesidad de aprovechar el tiempo, de compartir momentos con la gente que importa. Y mientras cambian las prioridades del cliente, también lo hace el modo de planificar un viaje: se busca confianza, asesoramiento experto y propuestas hechas a medida. Ahí es donde entra Atlantida Travel, una agencia que ha hecho de la especialización su identidad.
“El futuro es hoy”, resume Francesc Escánez, experto en viajes de lujo, que agrega que en su caso “no ofrecemos nada que no hayamos visto”. Habla de un modelo de trabajo basado en la confianza: viajar primero para luego aconsejar, probar cada destino, cada servicio, cada detalle. Solo así, dice, se puede garantizar al cliente que lo que se le propone funcionará igual de bien sobre el papel que en la realidad.

Atlantida nació con una idea sencilla y exigente: viajar mejor requiere conocimiento de verdad. Por eso, de las 80 personas del equipo, cada semana hay cinco o seis explorando hoteles, rutas y experiencias por el mundo. “Vender lujo no es decir que algún destino, restaurante u hotel está bien; es saber por qué ese hotel encaja para esa persona concreta”, argumenta Pilar Vivet, executive manager de la compañía.
Esa cultura de oficio se traduce en relaciones de confianza: proveedores conocidos por su nombre, directores de hotel a los que llaman para una reserva especial y una red internacional que les mantiene al día. También en solvencia: “Gestionamos los días más importantes del año de nuestros clientes: sus vacaciones. Ese dinero requiere una empresa que responda”, subrayan ambos.
Vender lujo no es decir que algún destino está bien; es saber por qué ese hotel encaja para esa persona concreta
La fidelidad llega por recomendación, pero fue la resiliencia la que sostuvo a Atlantida durante los peores meses de la covid-19.
A día de hoy, con la actividad plenamente recuperada, ese periodo lo recuerdan como una prueba superada a base de constancia, confianza y mucho oficio. “Resiliencia. Seguir, seguir, seguir”, sintetizan.

El propósito de la agencia en la actualidad es claro: transformar intención de viaje en experiencias valiosas y dentro de un presupuesto sensato. Un ejemplo reciente: Egipto. La apertura del nuevo museo en El Cairo ha obligado a replantear cómo se visita la ciudad, que ya cuenta con tres museos relevantes. “Hace una semana estuve allí para entender instalaciones, flujos y cómo organizar cada visita”, cuenta Pilar. “Son estos detalles, ese pisar el terreno, lo que nos diferencia”, indica. Además, insiste en que no se puede vender un viaje a través de un catálogo. “Hay que conocer los lugares, vivirlos, entender cómo se mueven las ciudades y qué experiencias encajan con cada viajero”, añade.
Esa diferencia también se nota cuando las redes sociales distorsionan expectativas. “Una pareja venía con la idea de hacer su luna de miel con 10.000 euros por persona de presupuesto y nos enseñaron un ‘post’ de una influencer que mostraba un viaje de 23.000 por persona. Nuestro trabajo es alinear ilusión, realidad y presupuesto, sin humo”, explica la dirección. “No se trata de colocar el margen más alto; se trata de acertar con el viaje correcto y las redes sociales engañan mucho, eso lo debemos dejar muy claro también”.

En tendencias, Atlantida ve tres comportamientos claros: multigeneracional, escapadas con sentido y viajes transformadores. En cuanto al primero, abuelos, hijos y nietos cada vez viajan más juntos. “Laponia se ha convertido en el gran plan de la primera semana de diciembre: llevar la carta a Papá Noel al círculo polar ártico es una experiencia que une generaciones”, reconocen desde la agencia.
Respecto a las escapadas con sentido, Atlantida Travel señala que los mercadillos navideños viven un nuevo auge. Alemania sigue siendo el referente, con ciudades como Múnich o Núremberg, y joyas como Estrasburgo, donde la tradición se mezcla con el encanto europeo más clásico. Incluso han surgido cruceros fluviales temáticos que recorren los principales mercados a orillas del Rin y el Danubio.

Finalmente, están los viajes transformadores: destinos con componente espiritual como Bután vuelven con fuerza. “Hay viajeros que regresan con lecciones aprendidas; no es turismo de escaparate, es crecimiento personal”, señalan. Además, el verano austral abre el mapa a Chile, Argentina, Antártida, Sudáfrica, Australia o Nueva Zelanda; y los safaris permiten experiencias intensas en una semana, perfectas para el puente de diciembre o fin de año.
En cuanto al viajero actual, Escánez afirma que es más consciente. “Una frase que nos repiten mucho es aprovechar ahora porque no sabemos qué vendrá después”. El viaje se ha vuelto un ritual compartido: parejas que celebran, familias que se reencuentran, grupos de amigas de 25, 50 o 60 que se reservan su “vitamina amigas”. El resultado: más intención, menos improvisación y un valor añadido por el que sí se está dispuesto a pagar si aporta tranquilidad y acierto.
A medio plazo, Atlantida seguirá profundizando en esa mezcla de conocimiento directo y curaduría y con el foco puesto en el cliente que valora el especialista: familias que priorizan tiempo de calidad, parejas que buscan un viaje con historia, viajeros con sensibilidad cultural y empresas que necesitan fiabilidad. “No somos dispensadores de viajes; somos consultores”, remarcan.
Lecciones de Vanguardia
“Pasión, dedicación, entusiasmo y actitud. Con eso, cada error se convierte en aprendizaje”.
“Hemos estado arriba de todo y hemos bajado a los infiernos. Lo importante es no tirar la toalla. Seguir, seguir, seguir”.


