La audiencia ha perdido la fe en las soluciones instantáneas, ahora busca valoraciones y salud integral: “El problema no es la piel, es cómo se trata”
Estética
Vintage Esthetic promueve una técnica de belleza vanguardista fundamentada en la evaluación previa, la adaptación individualizada y una salud integral duradera.

El enfoque de Samantha Quesada se fundamenta en el ajuste personal y en procesos orientados al porvenir.
Por mucho tiempo, el sector de la belleza se ha concebido como una serie de procedimientos veloces con efectos instantáneos. Un método fundamentado en actuar y subsanar sin otorgar apenas espacio al análisis profundo. Ante dicha perspectiva, y dentro de un entorno definido por el auge de las plataformas digitales y los filtros, numerosos especialistas optan por un modelo diferente de cuidado cutáneo, más sosegado, deliberado y adaptado a cada individuo. En esta transformación de visión se localiza el planteamiento de Samantha Quesada, edificado sobre una filosofía estética donde la evaluación previa constituye el pilar fundamental de toda intervención.
Pese a que su instrucción previa se relacionaba con la estética, Samantha estaba segura de que no deseaba repetir los esquemas tradicionales del mercado. Desde el arranque percibió que su negocio tenía que sobrepasar la terapia momentánea y el “antes y después”. Intentaba desarrollar un lugar donde la salud de la piel se contemplara con una visión completa, permitiendo obtener resultados efectivos y permanentes. “Quería salir de la estética convencional y crear un lugar donde se produjeran cambios en las personas, no solo a nivel físico”, señala la impulsora y dueña de Vintage Esthetic.

Dicha visión la impulsó a capacitarse nuevamente, integrar herramientas tecnológicas recientes y crear procedimientos exclusivos. La iniciativa evolucionó paulatinamente hasta que, durante la mitad de 2024, Vintage Esthetic realizó un avance fundamental al mudarse a un local de mayores dimensiones, transformado actualmente en un centro médico-estético. Esta fase reciente facilitó la extensión de las prestaciones, la adquisición de equipos de vanguardia y la consolidación de un sistema centrado en la atención individualizada.
La valoración clínica como núcleo del abordaje terapéutico.
El núcleo del planteamiento reside en el análisis inicial. Según Samantha, no se debe iniciar ninguna terapia sin realizar antes un examen exhaustivo. “Los tratamientos no empiezan en cabina, empiezan en el diagnóstico”, afirma ella.
Un diagnóstico que integra el estudio técnico con la sensibilidad afectiva. Comprender aquello que verdaderamente molesta al individuo, lo que le provoca fatiga o falta de confianza ante su reflejo, resulta fundamental para establecer un procedimiento adaptado a sus requerimientos auténticos.
Gran parte de su público femenino oscila entre los 40 y los 55 años, personas que se presentan tras testar cosméticos o procedimientos sin una planificación concreta. “Muchas utilizan cosméticos recomendados en redes sociales que no son adecuados para su piel y acaban generando más problemas”, sostiene. Por este motivo, la enseñanza representa un eje central en el establecimiento. Evaluar las costumbres, agilizar los procesos y amoldar el mantenimiento a la vida diaria es parte de su labor. Su visión es nítida: la sencillez es clave. Priorizar una cantidad reducida de artículos, bien seleccionados, y con componentes que el cutis de verdad demanda.

La crisis sanitaria marcó un cambio significativo en el vínculo con el cuidado personal. En Vintage Esthetic percibieron un incremento en las solicitudes no únicamente por razones de imagen, sino por el requerimiento de pausar y brindarse atención. “Hoy la estética también es salud emocional. La gente necesita espacios donde bajar el ritmo y sentirse querida y bien con ella misma”, señala Samantha.
Simultáneamente, la experta alerta sobre la influencia de las plataformas digitales en las aspiraciones, sobre todo en el sector juvenil. El empleo de filtros y las garantías ficticias causan desilusión y una imagen alterada de la estética. Ante esta situación, la clínica se decanta por metas alcanzables y procedimientos constantes a largo plazo.
Medicina y estética, un binomio imprescindible.
La propuesta se consolida mediante la fusión de la estética de vanguardia y la medicina estética. Samantha considera que ambas áreas se perfeccionan mutuamente. “La medicina estética sola se queda coja y la estética también. Juntas, los resultados son mucho más completos”, indica. El conjunto de doctores y expertos en la piel logran ajustar cada terapia a la rutina y a las prioridades de cada individuo, comprendiendo que no hay remedios globales.

Gracias a una plantilla de siete integrantes y diversos apoyos externos, Vintage Esthetic sigue expandiéndose. Mirando hacia adelante, Samantha busca afianzar el centro como un líder en su región y llegar a su pleno rendimiento. En un tiempo intermedio, considera la posibilidad de extender las instalaciones o repetir este esquema en otros establecimientos. “Me gustaría que esta forma de entender la estética llegara a muchas más personas”.
Aparte de su expansión, Samantha ha logrado forjar una identidad distintiva en su industria. Su trayectoria encabezando grupos, ejecutando resoluciones clave y transformando esquemas laborales le ha permitido asesorar a diversas especialistas del mundo de la belleza que atraviesan situaciones parecidas a sus inicios como emprendedora. Mediante programas de guía y entornos de análisis, ofrece una perspectiva que trasciende lo puramente técnico y se centra en la dirección, la administración empresarial y la actitud requerida para evolucionar manteniendo su esencia.
Lecciones de Vanguardia
Samantha Quesada, fundadora de Vintage Esthetic
“Si quieres que los clientes inviertan en tu proyecto, tienes que ser la primera persona dispuesta a hacerlo”.
