Marta Montardit, especialista en la asistencia a personas con cáncer: “El diagnóstico te quita autonomía y el acompañamiento te la devuelve”
Método TAO
Después de vencer un cáncer de mama durante su capacitación como instructora de yoga, Marta Montardit creó un sistema de apoyo integral físico y psicológico focalizado en el individuo y no únicamente en el mal, buscando otorgar recursos para afrontar la etapa oncológica con una superior entereza corporal y anímica.

La iniciativa de Marta Montardit pone el foco en la persona y en su experiencia de un proceso oncológico, trascendiendo la simple valoración médica.
Marta Montardit, de formación bióloga, se inició en el yoga al concluir su trayectoria de más de 20 años en la consultoría ambiental. Al recibir el diagnóstico de un cáncer de mama durante el otoño de 2022, se encontraba comenzando un curso intensivo para ser instructora de yoga. Se trataba de una etapa de transformación personal, instrucción y gran demanda tanto física como anímica. En lugar de dejar de lado esa senda, optó por mantenerla. Asistió a cada clase a lo largo de las distintas fases: el diagnóstico, la intervención quirúrgica, las sesiones de radioterapia y la posterior rehabilitación. Esa vivencia individual, acontecida simultáneamente a sus estudios, terminaría siendo el origen de su iniciativa laboral.
“El yoga me ayudó a transitar la enfermedad. Me ofreció herramientas para sostenerme cuando todo se tambaleaba”, aclara. Los métodos respiratorios, el reconocimiento físico y el estar presente resultaron fundamentales aun en las etapas más difíciles. En el transcurso del tratamiento de radioterapia rememora el uso de los pranayamas estudiados para alcanzar un estado de relajación total. “No tenía miedo. Me sentía sostenida”, relata.

Dicha disparidad fue lo que dio origen a una interrogante esencial. Mientras ella conseguía desplazarse, inhalar y tener seguridad en su organismo, observaba a otros pacientes que atravesaban la situación sumidos en la inmovilidad, el estancamiento y el temor a la actividad física. “Ahí entendí que no se trataba de preguntarme por qué me había pasado, sino de ver cómo podía utilizar esa experiencia para acompañar a otras personas”.
Tras concluir su instrucción, halló la especialidad de yoga oncológico y optó por acreditarse como instructora. A partir de ese momento ha dirigido prácticas en instituciones sanitarias públicas tales como el Clínic o Vall d’Hebron, además de en establecimientos particulares, brindando apoyo a individuos en diversos estadios de su trayectoria oncológica.
Un entorno protegido para individuos que poseen un diagnóstico común.
Su labor profesional se estructura actualmente mediante el Método TAO, una perspectiva de tratamientos orientados al cáncer que combina el yoga oncológico, las prácticas somáticas, la atención plena, la autocompasión y diversos métodos respiratorios. La finalidad no consiste en tratar la patología, sino en brindar recursos para que el individuo logre transitar por su organismo y su vivencia con una percepción y confianza superiores.
“El Método TAO es un complemento a los tratamientos médicos convencionales, logrando un equilibrio entre el bienestar físico, mental y emocional”.
“Acompañamos a las personas para que puedan transitar mejor el proceso, recuperar autonomía y gestionar lo que les está pasando a nivel físico y emocional”, sostiene. Un fundamento clave del Método TAO es generar un entorno protegido, reservado exclusivamente para individuos con un diagnóstico oncológico. “No hace falta explicar nada. Todas están transitando un mismo momento vital, aunque sea desde lugares distintos”.

La labor colectiva fomenta asimismo un sistema de respaldo que trasciende los encuentros presenciales. Los participantes intercambian vivencias, temores y herramientas útiles, manteniendo la comunicación tras las clases y forjando relaciones duraderas. “No ponemos la enfermedad en el centro, ponemos a la persona y cómo está viviendo ese momento de su vida”, comenta Marta Montardit, instructora del Método TAO.
Dentro de los encuentros no existen rangos. No se mencionan docentes ni enfermos, sino procesos de apoyo. La terminología empleada es la de la terapia orientada al trauma: se sugiere en lugar de obligar; se brindan opciones permanentes para que cada individuo retome su autonomía, una facultad que la valoración clínica acostumbra a quitar repentinamente. “Si hoy no puedes o no te apetece hacer nada, no pasa nada. Eso también forma parte del proceso”.
Brindar apoyo mediante la corporalidad y el recorrido vital.
La personalización constituye otro de los factores clave. En cada práctica se valora la clase de tumor, la intervención quirúrgica, la fase del tratamiento o las dificultades físicas específicas. Se prescinde de posiciones perjudiciales y se usan elementos de soporte —sillas, bloques, mantas— para asegurar un ambiente de bienestar. “Es un yoga entre algodones” sintetiza, puntualizando además que “el cáncer no es una batalla que haya que ganar, sino un camino que aprender a transitar acompañado”.
El bagaje individual aporta un nivel de seguridad complicado de reemplazar. Haber atravesado una intervención de mama, el temor al movimiento o el estado de alerta física constante tras el proceso facilita brindar apoyo desde una perspectiva de gran empatía. “Cuando compartes desde tu propia vivencia, la persona se relaja. Sabe que no tiene que justificarse”.

Esta misma perspectiva comienza actualmente a generar una vía distinta de pensamiento. Después de superar el cáncer, Montardit recibió un diagnóstico de fatiga crónica, un estado habitual en individuos que han atravesado tratamientos oncológicos. “Solo quien lo ha vivido entiende lo que significa no poder levantarte de la cama aunque ‘tengas buena cara’”. De cara al mañana, contempla extender este tipo de apoyo a quienes padecen fibromialgia o fatiga crónica, partiendo siempre de su propia vivencia y valorando los tiempos de cada sujeto.
En la actualidad, imparte consultas en el establecimiento Silencio Barcelona, sitio en el que su actividad se combina con distintas disciplinas físicas y de energía. La denominación de la técnica, TAO, se vincula a la corriente taoísta así como al concepto de sendero. “Un diagnóstico no es un instante, es una trayectoria. Se trata de fluir con lo que trae la vida y aprender a sostenerse”.
Su perspectiva hacia el mañana se fundamenta en mantener el apoyo, proseguir con su instrucción —en la actualidad en etapas de cierre vital— y colaborar para que estas clases de tratamientos logren una relevancia superior en el ámbito de la salud. “En otros países ya se recomienda yoga oncológico desde los hospitales. Aquí vamos más lentos, en parte por falta de recursos y por prejuicios asociados al concepto de yoga”, finaliza.
Lecciones de Vanguardia
“Mi camino ha sido de hormiguita. Formarme, leer, establecer relaciones, ir poco a poco. Y, sobre todo, que aquello que hagas nazca de verdad de ti. Si no hay vocación, se nota, y no se sostiene”.
