El actor y director Eduardo Casanova anuncia que tiene VIH: “Lo hago por mí, pero deseo que también ayude a más gente”
Reivindicación
El cineasta ha hecho público a través de sus redes sociales que vive con VIH. El madrileño abordará su experiencia en un documental producido por Atresmedia y Producciones del Barrio, la productora de Jordi Évole

El actor Eduardo Casanova posa en la alfombra roja previa a la gala de la 37 edición de los Premios Goya, a 11 de febrero de 2023, en Sevilla, Andalucía (España)..

El actor y director Eduardo Casanova (Madrid, 1991) ha marcado un precedente al convertirse en la primera figura mediática en España que hace pública su condición de persona que vive con VIH. Un gesto histórico, reclamado desde hace décadas por activistas para combatir el estigma social, y que en otros países ya han protagonizado diversas celebridades, como Conchita Wurst —ganadora de Eurovisión en 2014, quien reveló ser portadora del virus cuatro años después de alzarse con el triunfo— o el mítico baloncestista Magic Johnson, que a principios de los años noventa hizo pública su infección con el objetivo de concienciar a la sociedad estadounidense.
Ese mismo objetivo persigue ahora el joven cineasta madrileño, que este mediodía ha anunciado a través de su perfil de Instagram que también vive con el virus. “Hoy rompo este silencio tan desagradable y doloroso después de muchísimos años”, escribió en su publicación, que estuvo acompañada por un vídeo que adelanta las primeras imágenes del documental, dirigido por Jordi Évole, que verá la luz a finales del próximo mes de enero, en el que Casanova relata su experiencia con la enfermedad.
Con este valiente paso al frente, el actor subrayó también en su mensaje que esta decisión ha sido plenamente personal. “Lo hago cuando yo quiero. Cuando yo puedo. Lo hago por mí”, afirmó en su escrito. No obstante, el intérprete reconoció que uno de sus principales objetivos es que su testimonio sirva para ayudar a otras personas. “Lo hago a mi manera, a través del cine, que es mi forma de comunicarme. Pero, sobre todo, lo hago con dignidad”. Una dignidad que, tal y como reivindicó, “debería ser la forma en la que todas las personas con VIH pudieran salir del armario”.
A pesar de los avances sociales desde que, a comienzos de la década de los ochenta, se empezaran a detectar los primeros casos, Casanova lamentó en sus palabras que “todavía hoy, cerca del 80% de las personas con VIH no haya compartido su diagnóstico con casi nadie” y denunció la persistencia de “un estigma que nos condena al rechazo más sistemático e injusto”. A pesar de ello, el actor se mostró optimista. “Pese al miedo y la incertidumbre, hoy me siento profundamente feliz”, concluyó.
'Silencio', la última serie de Casanova que lucha contra el estigma del VIH
Precisamente, el pasado 1 de diciembre, coincidiendo con el Día Mundial de la Lucha contra el Sida, el actor —conocido especialmente por el gran público por dar vida durante más de once años al personaje de Fidel en la serie Aída— estrenó en Movistar Plus+ Silencio, su nueva serie como director. La ficción propone una reflexión sobre cómo convivir con el estigma del VIH y, fiel a su estilo provocador, combina elementos de vampirismo con la pesada carga social que aún rodea a la enfermedad.
El cineasta conversó hace escasos días sobre este último proyecto en Guyana Guardian, donde explicó que fue la asociación Apoyo Positivo, dedicada al acompañamiento de personas con VIH, la que le propuso desarrollar un trabajo conjunto. “Siempre me ha parecido muy interesante su labor, pero temía hacer algo panfletario. Por eso le dimos una vuelta y decidí hablar del virus a través del vampirismo y la comedia, evitando narrativas ya transitadas”, señaló.

Casanova subrayó que el objetivo central de su nueva propuesta es visibilizar el silencio que rodea a muchas personas con VIH, motivado por el miedo al juicio público. En ese sentido, explicó que no quería hacer una cinta al estilo del film dramático de Jonathan Demme, Philadelphia (1993) o la propuesta francesa de Robin Campillo 120 pulsaciones por minuto, en las que, según señaló, el enfoque parte “desde un lugar homosexual, de memoria, de lo que se sufría antes, y no desde el problema real y actual, que es el silencio”.
“Este silencio es un lugar muy incómodo en el que vivir y muy injusto: no puede ser que haya enfermedades que te conviertan en un héroe y otras que te conviertan en un apestado”.