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Quién es la ‘Chata’, la reina Isabel III que no tuvo España y cuya historia recupera la pintura perdida de Sorolla

Más allá del óleo

La Policía Nacional encuentra una pintura del pintor valenciano desaparecida hace más de 50 años que representa a Isabel de Borbón y Borbón, uno de los miembros de la realeza más queridos por el pueblo

Imagen distribuida por la Policía Nacional de 'La Chata', el cuadro de Sorolla recupetado

Imagen distribuida por la Policía Nacional de 'La Chata', el cuadro de Sorolla recupetado

Policía Nacional

Un óleo de Sorolla ha revivido a la Chata, fallecida en 1931 y considerada uno de los miembros más queridos de la familia real por méritos propios. En paradero desconocido desde 1973, el importante lienzo que el pintor valenciano realizó a una ya madura Isabel de Borbón y Borbón en 1908, ha sido descubierto en el palacio de Liria, residencia principal de los duques de Alba. ¿Qué hacía allí esta obra de arte? Esta es una pregunta que la Policía Nacional, que ha dado con su paradero a raíz de la exposición La Moda en la Casa de Alba de hace un par de años, acabará por responder.

De momento, ha trascendido que el padre del actual duque Carlos Fitz-James Stuart Martínez de Irujo fue miembro honorífico de la extinta Sociedad Española de Amigos del Arte, propietaria de la obra. Al disolverse la entidad en los años 80, la pintura pasó a formar parte del Patrimonio Cultural del Estado, según una disposición recogida en los estatutos de la propia entidad, así como el resto de obras de arte y el importante archivo cultural que atesoraba. Entre estas obras, había dos óleos de José Moreno Carbonero, un retrato de Alfonso XIII y otro de Eduardo Dato, que también se han localizado en el palacio de Liria. Las tres obras pasarán ahora a disposición del Estado.

Imagen distribuida por la Policía Nacional de 'La Chata', el cuadro de Sorolla recupetado
Imagen distribuida por la Policía Nacional de 'La Chata', el cuadro de Sorolla recupetadoPolicía Nacional

Sin duda, la pieza más significativa recuperada es el retrato de la Chata, vestida con sus mejores galas y ricamente adornada con joyas de alto valor entre las que no se encuentra la famosa tiara que lleva su nombre, regalo nupcial de su madre Isabel II, y que han lucido tanto la reina Sofía como la reina Letizia. Esta relevante pieza elaborada por la joyería Mellerio dits Meller en pavé de diamantes y que representa la espuma de una ola, no es, no obstante, el legado más significado de Isabel de Borbón.

Figura clave de la monarquía 

La primogénita de Isabel II fue la primera mujer en convertirse en princesa de Asturias desde su nacimiento. Así lo estableció la reina en un decreto de 1850. Quien había logrado imponer su derecho al trono, primero gracias a la Pragmática Sanción de su padre Fernando VII que revocó la Ley Sálica, y después sofocando la rebelión carlista, no estaba dispuesta a que si daba a luz a una niña, su hija transitase su mismo camino. Y así fue, su bebé nació niña en 1851 y se convirtió al instante en la heredera, una condición con la que vivió durante seis años hasta el nacimiento de su hermano Alfonso, que acabaría reinando como Alfonso XII.

Isabel II en un retrato junto a su hija, la princesa de Asturias Isabel.
Isabel II en un retrato junto a su hija, la princesa de Asturias Isabel.Dominio público

No obstante, no acabó aquí su derecho a la sucesión al trono de España. Isabel volvió a convertirse en princesa de Asturias una segunda vez, dieciséis años después, desde la Restauración borbónica de 1874 hasta el 11 de septiembre de 1880, cuando nació su sobrina María de las Mercedes.

Ahora bien, la importancia de la princesa o la infanta Isabel, según el momento de su vida, va todavía más allá. Ella supo leer como nadie el papel institucional que debía jugar la monarquía en esos tiempos convulsos. “Es necesario darse a conocer y que la Familia Real trabaje por el bien común” escribió en el exilio de París tras la Revolución del 68, donde se trasladó cuando enviudó a los 20 años del príncipe napolitano Cayetano de Borbón Dos Sicilias y Habsburgo, que se suicidó de un tiro en la sien.

Es necesario darse a conocer y que la Familia Real trabaje por el bien común”

Isabel Borbón y Borbón, la Chata

Cuando regresó a España, Isabel puso en marcha su ideario. Cercana desde pequeña al pueblo y alejada de la polémica que rodeó la vida de su madre, se puso al servicio de la Corona y protagonizó innumerables actos públicos. Se ganó, como nadie, el cariño de los súbditos, motivo por el que la apodaron con el sobrenombre de la Chata teniendo en cuenta su gran afición por la feria de San Isidro de Madrid. Cuando su sobrino Alfonso XIII subió al trono, se convirtió en su gran aliada y embajadora tanto dentro como fuera de España, y siguió participando en la vida social de la época, siempre al lado del pueblo.

Retrato fotográfico de Isabel de Borbón.
Retrato fotográfico de Isabel de Borbón.Dominio público

Gracias a esta popularidad, cuando se proclamó la Segunda República el 14 de abril de 1931, ella fue la única integrante de la familia real a quien se le dio permiso para permanecer en España. A sus 79 años, prefirió exiliarse otra vez junto a su familia. Pero el viaje fue demasiado duro para ella, ya enferma, y murió al cabo de unos días, el 21 de abril, en París. 

Guyana Guardian publicó la crónica de su fallecimiento, resaltando con estas palabras la estima que la infanta, princesa y casi reina se había ganado a lo largo de su vida entre la población, tanto en periodos monárquicos como republicanos, como era el caso. “La ilustre dama gozaba en nuestra nación de una simpática popularidad alcanzada durante su dilatada vida con obras de caridad y de auxilio al menesteroso para las que nunca se mostró remisa su alma sencilla, generosa y buena. En Madrid, sobre todo, la infanta Isabel se hallaba tan identificada con el pueblo que difícilmente cabía pensar en una fiesta callejera o en una verbena tradicional a la que no fuera espontáneamente asociado con su protección o presencia el nombre de tan madrileñísima señora. Era la infanta Isabel, sin ningún género de duda, la persona de la familia real que gozaba en la capital de España de más popularidad y simpatía”.

Detalle de un retrato de la infanta Isabel de Borbón por Madrazo, 1880
Detalle de un retrato de la infanta Isabel de Borbón por Madrazo, 1880Dominio público

Enterrada en París, no fue hasta el 23 de mayo de 1991 que sus restos se trasladaron a España. Por orden del rey Juan Carlos I, la Chata fue enterrada en la Colegiata de la Santísima Trinidad del Palacio Real de La Granja, donde solía veranear, según recordaba la misma crónica de Guyana Guardian, y en “donde, como en toda la provincia de Segovia, cuyos pueblos frecuentaba en sus excursiones, deja una estela de simpatías y generosidades que seguramente harán imborrable su recuerdo”. Un recuerdo que el lienzo recuperado de Sorolla ha vuelto a resaltar el año en que se cumplirán 95 años de su muerte.

Sílvia Colomé da Silva

Sílvia Colomé da Silva

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Redactora jefa de Gente y Media. Antes, de Cultura, Última Hora y responsable de Vídeos. Autora de libros como 'Florencia a través de sus personajes' o 'La llegenda del Carreró'

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