Ferran Torres, más allá del fútbol: hijo de padres separados, amante de los animales y sin temor a reconocer que ha necesitado ir al psicólogo
El otro lado
Así relató el ariete del Barça su

Ferran Torres, en una imagen de archivo.

Fuera del campo también hay vida. Y bien lo saben ídolos de la talla de Ferran Torres, el atacante valenciano del FC Barcelona que esta noche se sienta junto a su compañero Pedri frente a Pablo Motos. A sus 25 años, el de Foios atraviesa un momento de madurez deportiva y personal tras haber conquistado títulos como la pasada Eurocopa 2024 o la Liga española. Sin embargo, tras los focos del Camp Nou se esconde un joven que ha tenido que lidiar con la presión de un mercado que pagó 55 millones de euros por su talento y con los baches emocionales que conlleva la élite.
La percha de su visita a El Hormiguero sirve para descubrir al hombre que hay tras el apodo de 'tiburón'. Su trayectoria, que comenzó en la cantera del Valencia CF con apenas seis años y le llevó a Manchester bajo las órdenes de Pep Guardiola, no ha estado exenta de dificultades. Lejos de la imagen de invulnerabilidad que suele rodear al futbolista profesional, Torres ha optado por la transparencia. Su vida privada, antes ligada a la actualidad por su relación con Sira Martínez, hoy se centra en un equilibrio donde la familia y el bienestar psicológico son pilares innegociables.
Confiar en expertos es siempre una buena decisión
La valentía de pedir ayuda profesional y la gestión del éxito ante la crítica externa
El futbolista no ha tenido reparos en admitir públicamente que la salud mental es parte de su entrenamiento. Tras una lesión en el pie que truncó su progresión inicial en Barcelona, el jugador confesó haber caído en un bache emocional profundo. “Sentí que había caído en un pozo sin fondo. Jamás me había derrumbado tanto”, relató en una entrevista recogida por Guyana Guardian en 2023. Esta situación le llevó a iniciar una terapia que mantiene de forma constante, asistiendo al psicólogo una o dos veces por semana para tratar tanto temas deportivos como de su ámbito privado.

Y es precisamente esta faceta de vulnerabilidad la que ha querido naturalizar ante su audiencia. Según declaró en su anterior visita al programa de Antena 3, “ponerte en manos de profesionales no es algo malo, es algo que se tiene que naturalizar más”. Su método de supervivencia incluye una medida radical: el aislamiento mediático. “Por mi bienestar y mi salud tengo bloqueada a toda la prensa”, afirmó con rotundidad ante Motos. Así, el valenciano asegura no leer noticias ni redes sociales para evitar que las valoraciones externas afecten a su confianza, centrándose exclusivamente en lo que depende de su esfuerzo diario.
La terapia le ha permitido redescubrir la felicidad más allá del gol. Ferran admite que el año 2022 fue especialmente duro tras un corte accidental en el pie durante sus vacaciones que le impidió realizar la pretemporada. Aquel suceso fue el detonante para buscar ayuda externa y entender que su valor no residía únicamente en el precio de su traspaso. “Yo no tengo la culpa del precio que quisieron pagar por mí”, explicaba a este medio entonces, subrayando la importancia de conocerse a uno mismo para poder rendir al máximo nivel competitivo sin que la presión externa acabe por devorar la pasión por el juego.

Un tatuaje en común
El refugio en sus perros, la obsesión por los videojuegos y el apoyo de una familia unida
Más allá del césped, sus pasiones son mundanas y alejadas del lujo. Es un ferviente amante de los animales, colaborando activamente con la ONG Wild at Heart Foundation y compartiendo su hogar con dos perros adoptados. Sus paseos por las playas de Gavà o Castelldefels al atardecer junto a sus canes son su vía de escape preferida. Además, ha reconocido su faceta como 'gamer', llegando a admitir en el pódcast de Jordi Wild que tuvo una época de obsesión con Fortnite: “Se me fue la cabeza. Un día estuve 17 horas seguidas jugando. Cenaba y comía mientras jugaba”.
En el plano familiar, sus padres, aunque separados, han sido el motor de su carrera desde que lo apuntaron a la escuela del Valencia pese a sus dudas iniciales. El vínculo más estrecho lo mantiene con su hermana Arantxa, con quien comparte un tatuaje de un ancla. Como ella misma explicó en El desmarque, es un símbolo para “no dejarnos hundir por nada ni por nadie”. Un núcleo duro que Ferran considera su “motivación diaria” y que le permite, esta noche, mostrarse ante el público como un joven que, por fin, ha aprendido a ser feliz. A pesar de los pesares.