Tiananmen, Deng Xiaoping y la transformación de China en el mayor eje mercantil del mundo.
Fuentes primarias
Después del intenso periodo de hostilidad gubernamental que situó al territorio bajo el foco del interés internacional, las reestructuraciones institucionales y la evidente inclinación hacia el ‘socialismo de mercado’ promovida por un líder durante su Naxun o recorrido meridional transformaron a la nación en un estado prestigioso y de gran peso.

Un joven de China se toma una foto ante una valla publicitaria que exhibe la imagen del difunto Deng Xiaoping antes del 40.º aniversario del proyecto de “reforma y apertura” del país en Shenzhen,

“Una economía planificada no equivale a socialismo, el capitalismo también tiene planes; de la misma manera que una economía de mercado no equivale a capitalismo; el socialismo también tiene mercados”.
Pese a no constituir un aporte teórico fundamental para el socialismo, al menos bajo la óptica de la tradición occidental, la premisa con la que Deng Xiaoping estableció la novedosa economía socialista de mercado, que emula los esquemas corporativos y financieros del capitalismo, realmente significó la evolución de China hacia la enorme potencia económica y eje de poder que ha terminado por reemplazar al desaparecido bloque oriental.
China le atribuye a Deng su segundo y trascendental Gran Salto Adelante, ya fuera en su periodo como líder supremo después del fallecimiento de Mao Zedong, una función que desempeñó mediante variadas responsabilidades durante los años 80 de la centuria anterior, incluso cuando se encontraba alejado del foco político principal. En realidad, su recorrido por las provincias sureñas entre enero y febrero de 1992 –denominado Naxun según el término chino– representa el fomento de las transformaciones políticas mediante las cuales la nación consiguió sobreponerse a la inestabilidad derivada de los sucesos de represión en Tiananmen de 1989.
Posteriormente a la gira de un Deng anciano, que abarcó distintos eventos en Wuhan, Shenzhen, Zhuhai y Shanghai, el Partido Comunista Chino obedeció sus mandatos rigurosamente y en su XIV Congreso Nacional, efectuado entonces, integró dicho sistema de mercado neutralizando a los grupos conservadores. El admirado jefe, asimismo, dio su aprobación a las zonas económicas especiales de la provincia de Cantón y a las dos plazas bursátiles activas en el territorio desde tiempo reciente: la de Shanghai y la de Shenzen, que proporcionaban una fuerza financiera sin precedentes a las prósperas compañías de manufactura.
No obstante, de acuerdo con varios expertos, la estancia de Deng Xiaoping en la zona representó un respaldo tanto para los emergentes emprendedores y negociantes chinos como para los líderes locales, quienes sintieron absueltas sus 'faltas' al observar cómo Cantón –un territorio con idioma propio y vínculos históricos globales– progresaba a pasos agigantados frente a una China interior todavía estancada. En su triunfo, según afirmó el líder, se encontraba igualmente el bienestar de los agricultores de aquella otra China.
Deng afirmó que el porvenir de China reside en la innovación y la tecnología, representando el horizonte definitivo del socialismo de mercado.
Aquel viaje funcionó asimismo como el preludio del avance determinante de la nación para maximizar su capacidad de fabricación mediante un factor de competencia clave: la entrada de China en la Organización Mundial del Comercio, un suceso que se concretó antes de diez años y que posicionó al país como el mayor suministrador internacional de diversos artículos, fortaleciendo y dando rapidez a la globalización.
Dentro de las intervenciones que Deng realizó en estas giras, compiladas en el tercer tomo de los Textos Escogidos de Deng Xiaoping (1982-1992) editados en 1993 por la Editorial del Pueblo —seis documentos agrupados en un apartado que brindamos de manera sintetizada—, el anterior gobernante alerta asimismo que, por encima de la industria, el destino de China se encuentra en la vanguardia técnica y la ciencia, el horizonte definitivo del socialismo de mercado.
Los discursos
Visité la provincia de Cantón en el año 1984. En ese periodo, la transformación del campo ya sumaba varios años de actividad, y apenas dábamos inicio a la aplicación de las reformas en las ciudades y a la fundación de zonas económicas especiales. Han pasado ocho años a partir de entonces. En esta oportunidad, a lo largo de mi trayecto, he constatado que el acelerado desarrollo de las zonas económicas especiales de Shenzhen y Zhuhai, además de otros territorios, ha sobrepasado mis previsiones. Tras lo observado, mi seguridad es todavía mayor.
Tanto la revolución como la reforma representan la liberación de las capacidades productivas. El fin del régimen reaccionario del imperialismo, el feudalismo y el capitalismo burocrático permitió liberar las fuerzas productivas del pueblo chino. Aquello constituyó la revolución, pues esta se define como la emancipación de las fuerzas productivas. Tras consolidar el sistema socialista básico, es preciso modificar profundamente la configuración económica que ha impedido el crecimiento de las fuerzas productivas para instituir un sólido marco económico socialista que fomente su evolución.
De esto trata la reforma, ya que reformar implica asimismo la emancipación de las fuerzas productivas. Anteriormente, únicamente destacábamos el incremento de las capacidades de producción dentro del socialismo, sin señalar que era necesario liberarlas a través de la reforma. Ese enfoque era insuficiente. Tanto el desbloqueo como el desarrollo de las fuerzas productivas resultan fundamentales.
Resultan fundamentales tanto la emancipación como el desarrollo de las fuerzas productivas.
Con el fin de preservar el rumbo, los pilares y las directrices establecidas a partir de la Tercera Sesión Plenaria del XI Comité Central del Partido Comunista Chino, es fundamental seguir la norma de ‘una tarea central y dos puntos básicos’. De no persistir en el socialismo, no aplicar las medidas de reforma y apertura al exterior, ni fomentar el progreso económico o mejorar la calidad de vida, acabaríamos en un callejón sin salida.
Es imperativo mantener la directriz fundamental por un siglo entero, sin titubeos. Únicamente de este modo conseguiremos la lealtad y el respaldo de la población. Todo aquel que busque alterar el rumbo, los fundamentos y las estrategias instauradas desde la Tercera Sesión Plenaria del XI Comité Central no contará con la aceptación de la gente; terminaría siendo depuesto. He manifestado esto en múltiples momentos. Si no fuera por los avances de la reforma y la política de apertura, no habríamos logrado sobrellevar lo ocurrido el 4 de junio [protestas de la plaza de Tiananmen de 1989]. De no haber vencido en esa coyuntura, se habrían desatado la anarquía y un conflicto interno.
La Revolución Cultural constituyó un conflicto civil. ¿De qué manera logró nuestra nación conservar la calma luego del incidente del 4 de junio? Se debió fundamentalmente a la puesta en marcha de la reforma y la política de apertura, que fomentaron la expansión económica e incrementaron la calidad de vida. Así pues, el Ejército y el Gobierno tienen la obligación de defender el sistema socialista y estos lineamientos.
Si omitimos la puesta en marcha de las políticas de reforma y apertura, y no impulsamos el desarrollo de la economía, nos encontraremos en un callejón sin salida.
A lo largo del corto intervalo de los últimos 12 años, el veloz crecimiento de nuestro estado ha entusiasmado a la población y despertado la curiosidad global. Esto es prueba bastante de la validez de la trayectoria, las bases y las normas implementadas desde la Tercera Sesión Plenaria del XI Comité Central. Resultaría imposible para cualquiera alterarlas, aun si lo pretendiera. En conclusión, puedo condensar nuestra actitud en una frase: persistiremos con firmeza en esta senda, estos valores y estas estrategias.
A partir de la implementación de la reforma y la política de apertura, hemos desarrollado múltiples leyes y disposiciones que comprenden cada sector de acción. Se han formulado y manifestado con exactitud orientaciones y estrategias definidas en los campos de la economía y la política, la ciencia y la tecnología, la enseñanza, la cultura, el ámbito militar y las relaciones exteriores.
(…)
Ciertamente, conforme progresa el proceso de reforma, ciertos lineamientos requieren ser perfeccionados o ajustados de acuerdo a las circunstancias. No obstante, es fundamental conservar la firmeza en el rumbo establecido. La capacidad de introducir conceptos inéditos no resulta tan relevante. Lo verdaderamente crucial radica en evitar la alteración de nuestras normativas y en impedir que la población perciba cualquier variación en ellas. De este modo, el futuro proyectado para China resultará magnífico.
Sin la implementación de la reforma y la apertura, nos habría sido imposible sobrellevar lo sucedido el 4 de junio [protestas de Tiananmen]
II
Es fundamental mostrar una audacia superior a la previa al implementar reformas y fomentar la apertura externa, teniendo la valentía de ensayar. No debemos conducirnos como personas con los pies vendados. Una vez convencidos de la necesidad de actuar, hay que atreverse a probar y a trazar rutas distintas. Esa resulta ser la enseñanza crucial que Shenzhen nos transmite. Sin una actitud de liderazgo, si nos asusta enfrentar peligros, o si nos falta vitalidad e ímpetu, no conseguiremos establecer un sendero favorable ni alcanzar hitos novedosos.
¿Quién se aventura a asegurar que posee una certeza total sobre el triunfo y que no enfrenta peligros? Ninguna persona puede tener la plena convicción desde el inicio de que sus acciones son las adecuadas. Jamás he tenido tal grado de certidumbre. Anualmente, los dirigentes tienen que evaluar sus acciones previas, mantener las estrategias que resultaron efectivas, intervenir rápidamente para enmendar las equivocadas y enfrentar los desafíos emergentes en cuanto se detecten.
Es factible que transcurran otros 30 años antes de perfeccionar un modelo más sólido y delimitado en todos los campos. Los fundamentos y estrategias que se implementarán en cada estructura estarán también más arraigados. Sin cesar, reunimos mayor aprendizaje en la formación de un socialismo al estilo chino. Basándose en los diarios locales, las provincias han cosechado una práctica importante, funcionando cada una bajo sus condiciones singulares. Esto es beneficioso. El ingenio es exactamente lo que nos hace falta.
Es necesario actuar con más valentía que en el pasado al implementar cambios y expandirnos hacia afuera, conservando la determinación para probar nuevas ideas.
El motivo por el cual ciertos individuos vacilan al aplicar la reforma y la política de apertura, y evitan aventurarse a innovar radica, fundamentalmente, en el miedo a que tales acciones impliquen la incorporación de excesivos componentes del capitalismo y, por consiguiente, el seguimiento de la senda capitalista. El parámetro fundamental para evaluar esta situación debe centrarse en si fomenta el desarrollo de las capacidades productivas dentro de una sociedad socialista, incrementa el poderío global del Estado socialista y mejora las condiciones de vida de la población.
Respecto a la creación de zonas económicas especiales, hubo quienes manifestaron dudas inicialmente, cuestionando si aquello implicaba la entrada del capitalismo. Los éxitos logrados en el desarrollo de Shenzhen les han dado una réplica contundente: estas áreas económicas especiales son de carácter socialista y no capitalista.
Respecto a Shenzhen, la esfera pública constituye la base económica, en tanto que el segmento financiado por capital foráneo apenas supone un cuarto del total. Aun dentro de dicho ámbito, obtenemos provecho mediante la recaudación tributaria y la creación de puestos de trabajo. Resulta conveniente incrementar la presencia de compañías con capital exterior en sus tres modalidades [conjuntas, cooperativas y de propiedad extranjera]. No existe motivo alguno para sentir temor hacia ellas. Si conservamos la serenidad, no existe justificación para la inquietud. Poseemos fortalezas propias: disponemos de las organizaciones estatales de gran y mediano tamaño, además de las entidades rurales. Fundamentalmente, el control político permanece bajo nuestra autoridad.
Las entidades con capital de origen externo funcionan como suplementos prácticos para la economía socialista y aportan ventajas al socialismo.
Hay quienes sostienen que un incremento en la inversión foránea y la proliferación de las tres clases de compañías traerán consigo una mayor adopción y expansión del capitalismo dentro de China. Tales individuos demuestran una falta de entendimiento fundamental. En el presente, las entidades con financiamiento externo en China logran beneficios siguiendo el marco legal y las normativas establecidas. No obstante, el Estado recauda impuestos de dichas firmas, los empleados perciben remuneraciones de las mismas y nosotros adquirimos conocimientos técnicos y capacidades de gestión. Asimismo, es posible conseguir datos a través de ellas que faciliten la apertura de nuevos mercados. En consecuencia, bajo el control de las circunstancias políticas y económicas globales de China, las organizaciones con capital del exterior funcionan como adiciones valiosas para el sistema económico socialista y, a fin de cuentas, favorecen al socialismo.
El equilibrio entre la organización planificada y las dinámicas mercantiles no constituye la distinción fundamental entre el socialismo y el capitalismo. Un sistema económico basado en planes no es sinónimo de socialismo, dado que el capitalismo también emplea la planificación; del mismo modo, una economía de mercado no define al capitalismo, pues el socialismo igualmente incorpora mercados. Tanto los mecanismos de planificación como las presiones del mercado funcionan como instrumentos para regular el desempeño económico. El núcleo del socialismo reside en emancipar y potenciar las capacidades productivas, erradicar la explotación y la desigualdad extrema, y alcanzar finalmente el bienestar colectivo para toda la sociedad.
Esta noción tiene que ser comprensible para la población. ¿Resultan beneficiosos o perjudiciales las acciones y el mercado de valores? ¿Entrañan algún riesgo? ¿Son inherentes al capitalismo? ¿Podría el socialismo utilizarlos a su favor? Permitimos que los ciudadanos duden, pero es necesario poner a prueba estos mecanismos. Si, transcurrido un periodo de uno o dos años de ensayo, se muestran efectivos, podemos generalizarlos. De lo contrario, es posible cancelarlos y finalizar la práctica. Se pueden suprimir de forma inmediata o progresiva, ya sea por completo o en ciertos aspectos.
Si pretendemos que el socialismo alcance la supremacía ante el capitalismo, no debemos vacilar en emplear sus propios éxitos.
¿A qué deberíamos tener miedo? Siempre que conservemos esta postura, las cosas marcharán correctamente y evitaremos fallos de importancia. En definitiva, si pretendemos que el socialismo alcance una ventaja respecto al capitalismo, no hay que vacilar al beneficiarse de los éxitos de cada civilización e instruirse de diversas naciones, incorporando a los estados capitalistas industrializados, en todos aquellos procedimientos operativos de vanguardia y sistemas de administración que manifiesten las normas que regulan la producción socializada contemporánea.
Avanzar por la senda del socialismo supone conseguir el bienestar compartido de forma progresiva. El proyecto es este: allí donde existan las facilidades, determinados sectores podrán crecer con más agilidad que otros; los que progresen primero podrán colaborar para estimular el avance de los más lentos, hasta que la abundancia sea universal. Si los acaudalados incrementan su fortuna constantemente y los necesitados pierden recursos, se producirá una fractura social. El régimen socialista está obligado y facultado para eludir esto. Una alternativa es que las regiones que triunfen inicialmente asistan a las carentes abonando tributos más altos o produciendo ganancias más elevadas para el Estado.
Desde luego, esta medida no debería implementarse con excesiva rapidez. En la actualidad, no buscamos debilitar el vigor de las áreas prósperas ni incentivar el hábito de que todos se sustenten de una base idéntica. Es preciso examinar el tiempo oportuno para abordar este tema y la forma de darle solución. Estimo que el periodo indicado podría situarse al término de este siglo, cuando nuestra ciudadanía goce de una existencia suficientemente confortable. En aquel periodo, mientras los sectores avanzados sigan expandiéndose, deberían otorgar una asistencia firme a las regiones menos favorecidas a través de una carga impositiva más alta, la creación de utilidades más amplias y el intercambio tecnológico. La mayor parte de los territorios con menor progreso disponen de abundantes recursos y poseen una notable capacidad de crecimiento. En conclusión, al evaluar el estado nacional íntegramente, tengo la certeza de que seremos capaces de disminuir paulatinamente la disparidad entre las franjas costeras y las zonas del interior.
El sector de derecha tiene el poder de arruinar el socialismo, al igual que la izquierda; China necesita estar en guardia frente a la derecha, mas primordialmente frente a la izquierda.
En un inicio, existía una disparidad de criterios respecto a la reforma y la política de apertura. Resultaba algo lógico. Las discrepancias no se restringían únicamente a las zonas económicas especiales, sino que abarcaban temas de mayor relevancia, tales como la reforma rural, la cual implementó el sistema de responsabilidad contractual familiar con remuneración vinculada a la producción y suprimió el sistema de comunas populares. Al comienzo, considerando la totalidad de la nación, apenas una tercera parte de las provincias inició la reforma. No obstante, al llegar el segundo año, por encima de dos tercios ya lo habían hecho, y para el tercer año la práctica totalidad de las restantes se había incorporado.
(…)
Hoy en día, nos impactan corrientes tanto de derecha como de izquierda. Sin embargo, son estas segundas las que poseen un arraigo más sólido. Ciertos intelectuales y figuras públicas buscan coaccionar a la población tildándola de política. Tal proceder no constituye una maniobra de derecha, sino de izquierda. Las inclinaciones izquierdistas conllevan un matiz revolucionario, proyectando la idea de que un mayor extremismo implica una mayor voluntad de cambio. En la trayectoria del Partido, estos movimientos han acarreado efectos desastrosos. Diversos elementos valiosos fueron aniquilados de forma repentina.
Las inclinaciones derechistas tienen el poder de arruinar el socialismo, al igual que las izquierdistas. China necesita permanecer vigilante ante la derecha, aunque sobre todo frente a la izquierda. El pensamiento de derecha persiste todavía, tal como evidencian las revueltas. No obstante, la izquierda continúa manifestándose. Interpretar la reforma y la estrategia de apertura como herramientas para instaurar el capitalismo, y creer que el riesgo de una transición gradual hacia este sistema surge mayormente del ámbito económico, constituyen posturas de izquierda. Si conservamos la lucidez, evitaremos fallos de gran magnitud y, en caso de aparecer dificultades, estas se resolverán con sencillez.
No debemos alarmarnos en tanto que demos prioridad a la eficiencia y la calidad y construyamos una economía dirigida al mercado exterior.
III
Para capitalizar las opciones de impulsar el avance general de China, es vital fortalecer el ámbito económico. El dinamismo financiero de varios territorios y estados limítrofes supera actualmente nuestra propia velocidad. Si nuestro mercado se paraliza o evoluciona con lentitud, la ciudadanía realizará cotejos y buscará explicaciones. Así pues, no hay que impedir el progreso de las regiones que están preparadas para avanzar.
Siempre que el contexto regional lo facilite, el progreso tiene que acelerarse al máximo. No existe motivo de inquietud si anteponemos el rendimiento y la excelencia, fomentando un sistema económico enfocado hacia los mercados externos. Una expansión pausada es sinónimo de parálisis e incluso de involución. Es imperativo capturar las ocasiones favorables; la actual brinda una magnífica. Mi única inquietud radica en la posibilidad de desperdiciar estas coyunturas. De no utilizarlas, se desvanecerán inevitablemente conforme transcurra el tiempo.
Al impulsar la economía resulta fundamental intentar llegar a un escalón más alto cada cierto tiempo. Naturalmente, esto no ha de verse como una incitación a una rapidez ficticia. Es preciso laborar con firmeza, privilegiando la efectividad, para conseguir una evolución continua y equilibrada. Cantón, por citar un caso, tendría que buscar adelantarse varias etapas y situarse al nivel de los cuatro pequeños dragones de Asia [Corea del Sur, Singapur, Hong Kong y Taiwán] en un periodo de 20 años.
(…)
El veloz crecimiento de la economía únicamente puede fundamentarse en la ciencia, la tecnología y la educación, puesto que representan una fuerza productiva esencial.
Los antecedentes de distintos estados revelan que algunos —Japón, Corea del Sur y sectores del Sudeste Asiático, por citar algunos— han vivido uno o múltiples ciclos de progreso veloz. Al disponer de los factores internos precisos y de una coyuntura exterior ventajosa, y considerando que, mediante el esquema socialista, disponemos de la facultad de focalizar nuestras energías en un propósito trascendental, hoy es viable y fundamental que, a lo largo del extenso trayecto de modernización, consigamos diversas épocas de incremento apresurado con óptimos frutos económicos. Es imperativo sostener este anhelo.
El crecimiento acelerado de la actividad económica únicamente puede fundamentarse en la ciencia, la tecnología y la educación. He afirmado que la ciencia y la tecnología constituyen un motor productivo fundamental. ¡Qué veloz ha sido su evolución durante los últimos 10 o 20 años! Un descubrimiento en el sector de la alta tecnología impulsa la expansión de múltiples ramas industriales. ¿Habría sido posible progresar con tal celeridad en los tiempos recientes sin la ciencia y la tecnología? Es necesario fomentar la ciencia, ya que en ella se encuentra nuestro porvenir.
A lo largo de los últimos diez años, China ha alcanzado un desarrollo considerable en los ámbitos científico y tecnológico; confío en que se obtengan logros todavía más significativos durante los años noventa. Los individuos en cada área de actividad tienen que definir una meta estratégica precisa y cumplirla. China asimismo requiere asegurar su posición global dentro del sector de la tecnología de punta.


