Historia contemporánea

Yemen, aquel “Vietnam” del Imperio otomano y el presente suplicio de Arabia Saudí

¿Otra tumba de imperios?

La nación árabe ha permanecido históricamente bajo la vigilancia de los estados colindantes y de las potencias mundiales, además de enfrentar constantes disputas internas.

Partidarios hutíes en Yemen blanden armas durante una manifestación para conmemorar el Día de la Independencia, aniversario del fin del dominio británico en el sur de Yemen 

Seguidores hutíes en Yemen sostienen armas en una ceremonia para festejar el Día de la Independencia, fecha que recuerda el fin del control británico en el sur de Yemen. 

MOHAMMED HUWAIS / AFP

Afganistán y Vietnam gozan de un prestigio consolidado por haber vencido en distintos periodos históricos a británicos, rusos, estadounidenses, franceses o chinos. Yemen constituye otra nación con una trayectoria muy significativa al enfrentarse a potencias mundiales, si bien sus gestas de oposición no resultan tan célebres.

A lo largo de la historia antigua, el emplazamiento clave de Yemen, situado entre el mar Rojo, el Arábigo y el océano Índico, ha despertado el interés de las naciones colindantes de mayor fuerza y de estados remotos. Dicho territorio resultaba un punto privilegiado para supervisar el tráfico de productos valiosos, tales como las especias o el incienso. De igual modo, sobresalía por la riqueza agrícola presente en diversas regiones de su geografía.

Sea como fuere, Yemen consiguió quedar fuera de las disputas entre las naciones poderosas hasta el siglo IV a. C. Alejandro Magno tenía conocimiento de su bonanza y planeó su invasión, una iniciativa que no se llevó a cabo debido a que el macedonio falleció en Babilonia en 323 a. C. El riesgo externo no se desvaneció, dado que los romanos también mostrarían interés por estas regiones.

Debido a su prosperidad mercantil y a la productividad de sus suelos de regadío, los romanos identificaban a Yemen como Arabia Felix (en latín, la Arabia afortunada). El pretor de Egipto Cayo Elio Galo intentó en 26 a. C. Extender hacia esta región las fronteras del naciente Imperio romano (Octavio se había proclamado Augusto el año previo).

Busto de Cayo Elio Galo
Busto de Cayo Elio GaloTerceros

Elio Galo organizó una imponente fuerza de 10.000 legionarios y una escuadra de 80 embarcaciones de refuerzo en el mar Rojo. Sin embargo, las complicaciones surgieron velozmente. Los socios nabateos traicionaron a los romanos, obligando a los soldados a efectuar un penoso avance por parajes desérticos donde terminaron debilitados por la escasez de alimentos y diversas afecciones.

Debido a que sus fuerzas estaban tan mermadas, Galo solo consiguió sitiar la capital sabea, Marsiaba (actual Marib), por espacio de una semana antes de verse forzado a retroceder para eludir un descalabro superior.

A pesar de los anhelos expansionistas de diversos soberanos en Oriente Medio, Roma no consideró de nuevo la invasión de Yemen. Dicha región se vio envuelta otra vez en enfrentamientos civiles, si bien para el siglo IV, el reino himyar (liderado por una estirpe judía) logró obtener una posición dominante en el lugar.

Dicha hegemonía se mantuvo hasta el siglo VI, época en la que Yemen se convirtió en el centro de la disputa entre los imperios bizantino y sasánida. Los bizantinos optaron por actuar en la zona meridional de Arabia mediante sus socios, el reino etíope de Axum, con el fin de eliminar la influencia de sus oponentes en ese territorio. Resulta evidente que las ambiciones persas en Yemen tienen raíces profundas, por lo que el respaldo iraní a los hutíes no representa un hecho reciente.

Ese “Vietnam” del Imperio otomano

El enfrentamiento entre bizantinos y sasánidas finalizó con Yemen integrado como una satrapía (provincia) de la dinastía persa. No obstante, la autoridad real sobre la región fue escasa y se ciñó a la ribera. Posteriores potencias hallaron la misma dificultad: el sector costero podía ser tomado por las armas, pero las agrupaciones tribales del interior resultaban imposibles de someter.

El asedio de Constantinopla del 626 acometido por fuerzas sasánidas
El asedio de Constantinopla del 626 acometido por fuerzas sasánidasDominio público

La propagación del islam desde el primer tercio del siglo VII pareció brindar una aparente firmeza a Yemen. Los clanes del norte se hallaron entre los primeros en integrarse a la doctrina promovida por Mahoma. Los califas iniciales lograron conservar su mando puesto que los líderes de la zona permanecieron fieles durante las centurias iniciales del avance musulmán.

La autoridad califal, debido a su carácter superficial, fue incapaz de estructurar la región, y los conflictos resurgieron hacia el ocaso del siglo IX. Las tribus del norte se adhirieron a una rama del chiismo, el zaidismo, cuando la dinastía rasid obtuvo el mando en la zona y adoptó esta vertiente del islam, que es la misma que hoy profesan los hutíes.

Dicho factor espiritual alentó la oposición de la zona septentrional de Yemen frente a las pretensiones de control de los principales imperios islámicos (en su mayoría sunitas), tales como el sultanato ayubí, establecido por Saladino, o los mamelucos.

Durante la Edad Moderna, los otomanos representaron otra de aquellas potencias musulmanas (y suníes) que buscaron gobernar Yemen. La intención de la anexión era disponer de instalaciones para pelear por el control del Índico frente a los portugueses. Todo se presentaba ventajoso para los turcos al penetrar en la región en 1539: atravesaban el cenit de su influencia y desplegaron a miles de soldados.

Sin embargo, en una época donde el ejército otomano había sembrado el pánico en Europa con su asedio de Viena, se mostraron vulnerables ante los clanes del norte de Yemen. Entre 1539 y 1547, el sultán Solimán el Magnífico mandó a 80.000 de sus soldados y apenas 7.000 lograron salvarse. Durante la segunda mitad del siglo XVI, los otomanos intentaron de nuevo la invasión y, siguiendo la tendencia común, únicamente pudieron controlar el litoral.

Retrato de Solimán el Magnífico.
Retrato de Solimán el Magnífico.Terceros

Los grupos chiíes de las regiones internas siguieron siendo una fuente constante de problemas. En 1632, echaron a los otomanos de La Meca y de la zona costera de Yemen. Las fuerzas de Constantinopla respondieron al ataque y solo consiguieron retomar la ciudad santa del islam, aunque la Sublime Puerta dejó de lado, por aquel entonces, el dominio del sur de Arabia.

Injerencias occidentales y de carácter panarabista

Luego de la caída de una nación poderosa en Yemen, una distinta asumía su lugar. Al comenzar la decimonovena centuria, Gran Bretaña se encontraba estructurando su vasto dominio imperial. Uno de sus principales objetivos geopolíticos consistía en garantizar las rutas hacia la India, siendo Yemen un enclave fundamental de tránsito rumbo a la “Joya de la Corona”.

Inicialmente, los británicos se mostraron más moderados que quienes les antecedieron. Utilizaron la ofensiva contra una de sus naves mercantes para actuar en Adén, un puerto fundamental para transitar hacia el subcontinente asiático. Mediante una mezcla de exhibiciones de poderío y pactos diplomáticos con nueve tribus de las cercanías, Londres garantizó su dominio sobre el enclave.

El arribo de los británicos inquietó a los otomanos, quienes volvieron al territorio en 1849 valiéndose de la recurrente agitación. En esta ocasión demostraron mayor destreza que anteriormente y establecieron vínculos con las clases altas del litoral, las cuales se sentían agotadas por el perjuicio que el continuo ambiente de conflictos domésticos representaba para sus negocios.

La disputa entre británicos y otomanos se resolvió en 1874. Los británicos aceptaron la autoridad de los otomanos en la zona yemení a cambio de preservar su protectorado en Adén.

Iglesia de Santa María en Adén, levantada por los británicos y actualmente abandonada
Iglesia de Santa María en Adén, erigida por los británicos y que actualmente se encuentra vacía.Terceros

El mando otomano representó apenas una ilusión fugaz. Durante los años iniciales del siglo XX, las agrupaciones del norte reforzaron sus embates contra los colonos, originando un desgaste permanente de capital y regimientos para Constantinopla. La salida radicó en establecer un pacto de autogobierno con las zonas del norte, condicionadas por el poder de las tribus zaidíes.

Tras el colapso del Imperio otomano, los zaidíes aprovecharon la ausencia de autoridad y rápidamente se interesaron por el protectorado británico de Adén. Los dos bandos mantuvieron enfrentamientos de diversa magnitud durante los años veinte y treinta, si bien el Reino Unido logró mantener su control mediante el uso de la aviación, una tecnología militar que asombró a las tribus. Finalmente, en 1934 se alcanzó un pacto que validaba el dominio de Londres sobre dicha terminal marítima por un periodo de 40 años.

El acuerdo no llegaría a concretarse ante el reciente panorama geopolítico que empezó a perfilarse en Oriente Medio desde la década de los cincuenta. La corriente nacionalista panárabe de Nasser   repercutió en ciertos estratos de las élites yemeníes y, durante 1962, tras el fallecimiento del monarca Ahmad ibn Yahya, una facción del ejército ejecutó una sublevación contra la corona, lo cual desencadenó un conflicto interno que se extendió por ocho años.

Simultáneamente, en 1963, facciones insurgentes contra los británicos iniciaron una ofensiva denominada la “emergencia de Adén”, lo que motivó que Londres optara por abandonar el protectorado en 1967.

Adén, en 1965
Adén, en 1965Dominio público

El conflicto interno de Yemen pasó a ser un escenario de las tensiones entre las naciones dominantes de Oriente Medio. Durante la década de los sesenta, la confrontación era protagonizada por el reino de Arabia Saudí y la república panarabista de Egipto. Riad suministró armamento al bando monárquico y contó con el respaldo del Irán del sha Mohamed Reza Pahlevi y la Jordania de Husein I.

En cuanto a su rol, Egipto incrementó gradualmente su intervención hasta posicionar a 70.000 efectivos, quienes lucharon a lo largo de cinco años y padecieron decenas de miles de pérdidas. Dicha incursión bélica representó igualmente un agotamiento financiero para los fondos de El Cairo y un origen de agitación política para la administración de Nasser.

El conflicto interno en Yemen se prolongó hasta 1970, concluyendo con el triunfo de los republicanos, si bien consolidó la partición del territorio en dos sectores: la zona septentrional, con tendencia panarabista, y la región meridional, que quedó supeditada al influjo de la Unión Soviética y se transformó en la nación pionera del comunismo dentro del mundo árabe, después de un proceso revolucionario adicional que derrocó al sistema monárquico.

Yemen del Norte y del Sur experimentaron un estado de constante enemistad, que desembocó frecuentemente en conflictos armados. A pesar del entorno de hostilidades, ambas partes se integraron en 1990 después de lograr un consenso. La precariedad persistió en Yemen, aunque la posterior incursión foránea no ocurrió sino hasta 2015, momento en que Arabia Saudí encabezó una alianza frente a los hutíes.

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